Relatos Eroticos
Inicio AMOR FILIAL Mi papá me enseñó para que sirve la penetración anal Mi papá me enseñó para que sirve la penetración anal

Mi papá me enseñó para que sirve la penetración anal

6120 palabras

7 minutos

1,690

Lo cuento tal como lo viví. Me llamo Susana, tengo 40 años y recuerdo cuando vivía en casa de mis padres con 18 años, cómo mi cuerpo pasaba de niña a mujer. Me miraba en el espejo y veía que mis pechos eran ya como los de mi madre en tamaño, pero mis pezones aún eran rosados y pequeños.

Me tocaba por la vulva y en el baño la observaba con un pequeño espejo, sin entender del todo lo que veía. Mis padres no me enseñaban mucho y el colegio era silencio en esos temas. Solo escuchaba a los chicos hablar y reír de pajas, corridas y “te voy por el culo”.

Estoy en mi cama después de hacer los deberes y mis padres tienen las risitas de muchas noches. Pasado un rato, oigo a mi madre como dolorida. Me levanto y miro a través de la cerradura: veo a mi mamá como una perrita y a papá detrás dándole por el culo, entre ruidos de ellos.

Me acuesto rápidamente y relaciono que eso de “dar por el culo” que dicen los chicos es tener sexo, pues lo veo en perros por la calle, y la vagina es para hacer el amor. Mi padre, Horacio, viene tarde a casa del trabajo y yo muchas veces duermo. Los fines de semana es cuando más está con nosotras.

Mi madre, Teresa, me pasa a buscar al colegio y después a casa para baño, tareas y cenar. Una tarde, mientras hacemos deberes, le pregunto qué es “dar por el culo”. Ella me mira, se ríe y me dice que eso es una guarrada de adultos. Insistiendo mucho con el tema, sobre todo si papá se lo hace por el culo, va y me dice: “Vale, pero de joven para no quedar embarazada”.

Más tranquila, fui a dormir con mis ideas de joven sin experiencia mucho más claras. Al rato llega mi padre y los oigo charlar durante un buen rato, hasta que noto a mi madre en su habitación y a padre en la ducha. Saliendo al poco, va y se dirige a mi habitación para el beso de buenas noches.

“Susana”, me dice en voz baja, pero lo ignoro pues estaba enfadada con él por un tema de salir al cine. Me acaricia el cabello y me vuelve a llamar. Entonces pasa algo extraño: cierra más mi puerta de la habitación y toma mi camisa de pijama y la levanta. Paso un rato y noto que un pecho está fuera del sujetador y me erizo. Percibo como aprieta mi pezoncito y yo noto algo bueno. Se retira y se va, dejando mi puerta abierta como siempre y cerrando la suya pasando la llave.

Escucho y noto las risas y, más tarde, esos gemidos altos de mi madre, el ruido fuerte de la cama y, por último, el grito de mi padre antes del silencio. Me noto algo alterada pero contenta y pongo mi mano dentro: mi vagina se encuentra muy, muy húmeda.

Yo todas las noches esperaba a mi padre haciendo que ya dormía, a ver si volvía a sentir aquello tan bueno. Y pasadas algunas noches, volvió a cerrar mi puerta y yo, estando boca arriba, noté otra vez un pecho fuera. Percibo algo húmedo que lame rápidamente mis pezones y, al mirar un poco, su cabeza está pegada a mi teta. Qué bueno me sentía con esos lametones. Siempre se iba y yo me tocaba para ver y sentir mi humedad entre mis dedos.

Ya era rutina para nosotros hacer lo mismo, hasta que otra noche la mano entró por mis pantalones y se metió entre mis nalgas a mi sexo. Nada más sus dedos rozar mi vagina, esta se mojó mucho. Me tocaba mi vulva como yo en el espejo; su dedo meñique entró algo en mí y después ese dedo tocó más arriba, donde el placer que sentía era muy grande. Me costaba mantenerme haciendo que dormía mientras su dedo aceleraba en esa zona, hasta que temblé y gemí con mis ojos cerrados. Él salió rápido de la habitación, dejando esta vez su puerta abierta.

Pasado un rato, teniendo yo mucha excitación, me levanto y acerco a su puerta, estando esta entreabierta con una luz encendida dentro. Lo que vi me volvió loca: mi padre boca arriba desnudo y mi madre con su pene en la boca. Observé qué grande era y las venas que tenía. Mi madre movía su cabeza arriba y abajo y después lamía toda la zona del glande, hasta que un gruñido de mi padre, más los movimientos de mano de mi madre, hicieron que saltase disparado una gran cantidad de líquido blanco y espeso. Fue a mi habitación corriendo mientras, sin que nadie me ayudase, había aprendido lo que los chicos llamaban corrida.

Ya me tocaba esa zona y tenía mis orgasmos a solas; mi padre me había enseñado mucho y yo deseaba que me diese por el culo como decían en mi cole. Los fines de semana todo estupendo: íbamos al cine y de paseo al parque, hasta que noté en las noches solo había por parte de él besos de buenas noches.

Me estaba costando levantarme por las mañanas, tenía dolores en la zona baja y mucha humedad, y mi madre me dijo que era normal por la menstruación. Mi madre y yo nos levantamos a las 8 de la mañana y mi padre a las 5 para ir a su trabajo. Cuando una noche me despierto como soñando algo húmedo y veo la cabeza de mi padre chupando mi vagina, no me lo podía creer: me estaba dando el placer que necesitaba, pero por las mañanas, y la humedad que notaba era por mis orgasmos.

Me lo chupaba con ansia y en mi clítoris su lengua parecía una batidora haciendo zumo. Cuando con el orgasmo gemí y me moví sin parar, me volteó y me puso boca abajo mientras yo, desnuda, estaba llena de placer. Untó un líquido en mi culo y noté un dedo entrar y salir; después dos dedos y yo como loca, hasta que se puso ese lubricante en su enorme miembro y despacio entró en mí. Esta vez ya estaba sin problemas y sus embestidas eran bien recibidas. Me puse de cuatro patas y lo miré mientras él, con un guiño de ojos, me tomó por la cintura y me partió por la mitad. Era una delicia sentir su dureza en mis entrañas hasta que, acelerando mientras yo tocaba mi clítoris, nos corrimos juntos sin intentar hacer ruido, como casi todos los días.

Y me volví a dormir como siempre, mientras recuerdo la noche en que le dije, cuando vino a besarme, que me diese por el culo. Tras mucho insistir, me dijo que sería nuestro mayor secreto. Y pactamos empezar mientras yo me hacía la dormida y poco a poco, siempre con mi conocimiento, sabiendo el día que venía a mi cama. Papá me enseñó el camino del placer hasta mostrarme cómo mi madre se la comía, para que yo supiese.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatoseroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.