71,061
Desperté nuevamente en medio de la madrugada. Y otra vez con pensamientos perversos que no me dejaban conciliar el sueño. Intenté tocarme, pero la imaginación no estaba logrando los mismos resultados de los últimos días. Para lograrlo debía experimentar nuevamente la misma situación de aquella vez con mi papá. Pero por otro lado la culpa hacía su trabajo y no me permitía repetirlo. Luego de pensarlo un buen rato, me dije que la impunidad que me regalaba el sueño profundo de mi padre me liberaba un poco de aquel sentimiento que me hacía sentir una mala persona.
Ya, el solo hecho de evaluar la posibilidad de hacerlo lograba en mi un grado de excitación muy fuerte. Con esto, tal vez sea suficiente, me dije. Pero ya era algo tarde, estaba casi resuelta. Después de todo, tampoco era algo tan malo lo que había ocurrido aquella madrugada, que ahora quería reeditar.
Me levanté decidida. Ya, estos minutos en que en mí, el mal y el bien habían debatido, habían provocado algún humedad en mi cuerpo. Mis pasos, algo trémulos, fueron directo a su dormitorio que apenas iluminado daba, en cierto aspecto, una sensación de seguridad.
Mi padre estaba allí, como la otra vez, boca arriba y sumido en un profundo sueño. Para prevenir alguna sorpresa, lo sacudí del hombro para ver si despertaba, nada. Entonces me coloqué sobre la cama a su lado. Observé su cuerpo un instante, nuevamente con el torso desnudo y solamente con ropa interior negra. Me puse de costado hacia mi derecha, entonces levanté la pierna izquierda y la coloqué sobre entre su vientre y su miembro que, aunque reposando, mostraba y hacía sentir su tamaño. Comencé entonces a hacer aquel movimiento con mi pierna sobre él. Era la misma situación de la otra vez. La diferencia es que, en aquella oportunidad había sido la casualidad la que había logrado un objetivo que ahora buscaba premeditadamente. Me moví entonces, contorneando mi pierna de chica tierna sobre él. No demoró mucho en comenzar el aumento de volumen de su aparato fornido. Me movía lentamente y ya comencé a sentir aquella excitación. Ahora tal vez con más fuerza. Ahora tal vez me sentía más sucia, más chancha, y eso me motivaba aún más. Retiré la pierna para poder ver el crecimiento, pero temía que, al dejar de hacer aquel movimiento, su miembro bajara repentinamente aquel crecimiento que sabía, no había llegado a su totalidad. Fue allí que decidí duplicar mi apuesta. Acerqué mi mano lentamente y toqué su miembro por encima de la ropa interior que aún lo cubría. Cada vez, mis intenciones eran peores. Ya tenía en mi pequeña mano su robusto pene y lo acariciaba sin pausa, aunque lentamente. La ropa interior no resistió más, y cedió por un costado aquel aparato, liberándose de un salto que lo dejó casi vertical, rosando la piel pálida de mi pierna. Su sueño continuaba tan profundo como al principio. Pensé en retirarme, mientras miraba aquel miembro erecto, con su piel tensa y con un brillo en su piel que causaba la tenue luz que, al llegar las primeras luces del día, entraba por alguna pequeña rendija de la ventana. Estuve a punto de retirarme, lo juro. Pero nada, no había nada que pudiera detener aquel deseo de tomar en mi mano aquel hermoso miembro que se exhibía a mi mirada de chica tan ingenua como lujuriosa.
Lo decidí, y con mi mano izquierda acercándose lentamente lo tomé con suavidad. No podía creer que estaba haciendo aquello nuevamente. Esto se estaba volviendo una especie de vicio que no podía detener.
Lo que había soñado durante tantas noches ahora no era simplemente un pensamiento para poder lograr excitarme, ahora era verdad. Comencé a mover mi mano arriba abajo lentamente tratando de no hacer movimientos muy bruscos. Creo que fue ahí cuando noté que había crecido aun algunos centímetros más. Mi mano apenas si podía cerrarse y juntar mi pulgar con mi dedo mayor. La solté un instante, solo para poder observarla entera, sin que mi mano la tapara parcialmente. Al hacerlo, no pudo soportar su propio peso y cayó hacia un costado dejándola a cuarenta y cinco grados. La miré un momento mientras acariciaba con mi mano su entrepierna fornida rosando sus testículos depilados, era algo maravilloso observar aquello, tan hermoso y vital. La tomé nuevamente con mi mano izquierda subiendo y bajando, cuando noté que de la parte superior, desde su grande comenzaba a resbalar lentamente la lubricación que salía de su pene. Decidí tomarla con mi mano y esparcirla por todo el tronco. Lo hice y me sentí aún más excitada. Seguía saliendo más de aquel líquido y lo tomaba para seguir repartiéndolo por toda aquella potente verga, que seguía sumisa a mi mano ingenua y juguetona. Luego quise seguir haciendo cosas nuevas, entonces me incorporé para quedarme sentada a su lado y disponer de ambas manos. Ahora, la derecha se encargaría de su pija húmeda y la izquierda se dedicaría a humedecer y saborear la piel tirante de sus testículos. Antes de hacerlo tomé la pija con ambas manos, las cuales igual no llegaban a cubrirla totalmente, apenas la mitad. Entonces movía mis manos en forma circular y opuesta mientras subía y bajaba lentamente. La lubricación me permitía ahora apretar un poco más fuerte. Luego llegué a los testículos de mi padre que ya estaban bastante mojados por aquel liquido viscoso que se escurría por mis manos hacia abajo. Mi calentura era increíble, sentía un temblor en mi cuerpo que no podía evitar, sentía un calor en mi rostro al ver mis manos realizar aquel acto tan repulsivo como único.
Creo que por un momento, concentrada en el miembro había olvidado quien era el que, totalmente dormido, estaba a mi lado. Al recordarlo, me sentí más excitada aún.
De pronto, sentí que su pija comenzó a tener una especie de bombeo e imaginé que estaba a punto de eyacular. Nunca le había permitido a mi novio que me terminara en la boca. pero hoy experimentaba un deseo enorme e incontrolable de tomar todo el semen de aquella pija. Ya estaban todos los sentidos disfrutando de aquel espectáculo.
El tacto al pasar mis dos manos por su pija y sus testículos. La vista que no dejaba de observar aquello mojado y brillante. El olfato y el oído por el olor y el sonido que generaba aquella lubricación generosa. Solo faltaba el gusto, faltaba saborear en mi boca el resultado de aquel momento que debía ser completo.
Me volqué sobre su pija y me la introduje entre los labios carnosos que junto con mi lengua jugaban mientras yo me desarmaba de placer. Le observaba de soslayo, en parte para cerciorarme de que seguía dormido y en parte para recordar siempre de quien era esa pija. La más prohibida de todas las que pudiera haber en el mundo. Si, ya sé, soy la peor.
Por fin sentí el golpe del líquido de papá llegando a mi paladar y llenándome la boca.
No me dio mucho tiempo, porque comenzó a moverse. Lo tapé con la sábana, dejándola libre de la ropa interior, totalmente mojada por mi saliva.
Llegué a mi dormitorio, cerré la puerta y me toqué. Cuando llegó el mejor momento, lo cual no demoró mucho. Dejé caer sobre mi vagina el líquido de papi que, premeditadamente había guardado en la boca, aguantando el deseo de tragar. Lo esparcí por mis pechos sin para de tocarme, recordando nuevamente su miembro y llegué a un nuevo orgasmo. Un orgasmo perfecto.
Autor: Vicky