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Me Desvirgo Mi madre

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Buenas de nuevo, mis queridos lectores y lectoras de relatos eróticos. Aquí estoy en otra ocasión para contarles un poco más de cómo era y lo que soy hoy en día. Como me destaco por ser una persona directa, empezaré hablándoles de mi querida madre. Ella actualmente tiene 52 años, mide 1.57, es gordita pero encantadora y lo que tiene de gorda lo tiene muy bien puesto. Es rubia natural sin teñir, tiene un hermoso rostro angelical de esos que engañan y atrapan a cualquier macho caliente. Tiene dos tetas blancas, igual que el color de su piel, grandes con dos aureolas bien marcadas oscuras que son una delicia. Una zorra depilada totalmente con dos labios vaginales bien gruesos y un clítoris bien gordito. Su zorra es muy caliente, pero ya se darán cuenta qué tan caliente es mi madre.

A los 15 años era un chico normal, pero bastante tímido en la vida, encerrado en mi mundo y ni hablar de novias, ni loco. Veo porno más o menos desde los 13 años y todavía lo sigo viendo porque me parece fascinante; es una de mis grandes adicciones.

No hace mucho, viendo porno en mi casa, sentado en mi ordenador, estaba completamente en pelotas con la pija en la mano. La porno se trataba de una mujer madura rubia y gordita que se estaba cogiendo violentamente a su hijo. Ella estaba encima de él moviendo su concha para arriba y para abajo, follándolo. Yo estaba sudando mares con las manos todas sudorosas y muy pegoteadas. Había restos de leche por doquier en mi habitación, se podía oler el olor a leche caliente hasta estando resfriado. Justo siento que la puerta se abre.

Directamente apagué la PC lo más rápido que pude; estaba verdaderamente nervioso y asustado de que mi madre o padre pudieran descubrirme masturbándome. Solo se me ocurrió acostarme así desnudo en la cama y hacerme el dormido.

Me quedé con los ojos a medio cerrar, espiando con la mínima visión como si estuviera ciego para que no se percatara de que en realidad estaba observándola. Ella prendió la luz y yo con la verga paradísima; se podía ver desde la puerta mi erección dura, se había formado una carpa entre las sábanas. Encima se me paraba mucho más al ver su escote prominente con sus tetas que parecían que iban a explotar y estaban haciéndome explotar la pija. Cuando vi que se estaba alejando hacia la puerta, pensé: “Qué bueno, ya se va”.

Apagó la luz y escuché el ruido de la puerta cerrarse. Dije: “Dios, no se iba más, jaja”. Me saqué la sábana de encima y me senté en la silla desnudo, claro, estaba otra vez solo, hasta que prendieron la luz y oigo:

“Cariño, ¿por qué te escondías de mami?”

Sentado con la pija dura en la silla, no puedo ni darme vuelta ni moverme de la extraña sensación; estaba en shock. Y cuando me doy cuenta, la tengo parada enfrente de mí: tiene unos tacos altos negros espectaculares, un vestido negro de encaje con el escote que apretaba sus enormes melones. Tiene sus labios pintados como siempre de rojo. Se le podían apreciar sus muslos de la pierna desnudos (tenía una cartera blanca en la mano con una X de portada). El vestido transparentaba tan bien que se le podía ver la tanga bien entangada en sus labios vaginales.

Se agacha y me dice: “Poné el video que estabas viendo hace un rato”.

“No, no sé de qué me hablas, ma”.

Agachada, me agarra la pija con la mano, me la aprieta desde la base del tronco y me dice: “Mostrame el video que te puso la pija de esta manera”. Se me pone muy tiesa la pija en la mano de mi madre que la aprieta como poseída.

“Aaahhhh aaaahhh maaaamaaa porfaa”.

Ella le pasa la lengua a la cabeza de mi pija y succiona la cabeza de mi pija dura con mucha fuerza, como si en ello se le fuera la vida. Con la otra mano me empieza a masajear los huevos duros y, abriendo los ojos, me lanza una mirada; no perdía la mirada de mi cara.

“Aaaaaaaaaaaaaaaah aaaaaahhh”. Empecé a largar muchos chorros de leche que ella, sin sacar su boca de mi verga, se fue tragando gota por gota, chorro por chorro, como una completa cerda experta en el arte de la mamada.

Estaba inclinada con las piernas abiertas, mientras seguía limpiando con su lengua mi pija. Se manoseaba aceleradamente su concha por arriba de la tanga negra que se le veía a la perfección. Se corrió la tanga de costado y empecé a meter 1, 2 dedos que entraban y salían del interior de su mojada zorra caliente.

Me agarra de los pelos y empieza a tratarme de otra manera:

“Pendejo de mierda, no te vas a quedar mirando… a eso no, no me vas a dejar caliente la concha”.

Me tironeaba fuertemente de los pelos, poniendo su caliente zorra en mi cara, y empezó a refregármela fuertemente por todo mi rostro mientras iba sintiendo ese olor de su concha caliente. Sus líquidos recorrían mi boca. Me alcé como burro y empecé a acelerar mi lengua contra toda su concha, como un perro en celo.

“Así, así, aah aah, bebé, dale, chupá la zorra caliente de tu puta madre”.

Sentí los jugos calientes de mi madre bañarme la boca y la cara; al mismo tiempo, mi pija se había puesto dura como una piedra, rígida como roble.

Me levanta y me tironea para la cama. Caí boca arriba con la pija re parada al cielo mientras ella, sosteniéndome los brazos separados en cada punta de la cama, no me dejaba ni mover.

Se sentó encima mío con fuerza, clavando su concha contra mi pija parada que entró como un fierro caliente dentro de su hirviente zorra hambrienta hasta los huevos.

“AHHHHHHH AAAAAAAAAAAAAAHHHHH. Qué buena pija que tenés, pendejito de mierda, te voy a hacer hombre, hijo de puta”.

“Maaamaa, qué ricoo, cómo me gustaaaa que caliente y rica se siente tu zorraaaaa”.

Se quedó bien quieta y empezó a bofetearme la cara, para después empezar a moverse con fuerza para adelante y para atrás, moviendo a conchasos su zorra tan caliente. Saltaba duramente sobre mi verga dura; me estaba rompiendo la pija.

Mi pija se puso tensa dentro de la concha de mi madre. Ella se dio cuenta de eso, por eso aceleró los movimientos más y más.

“Dale pendejo, dame la leche… quiero sentirla bien adentro de mi concha”.

Los lechazos calientes explotaron con mucha furia dentro de la zorra hambrienta de mi madre.

“Aaaaaaahhh aaaaaaaaaaaahhhh aaaaaaaaaahh sí, la puta madreee”. Se pajeaba con fuerza su clítoris grandote con la mano mientras yo sentía cómo se convulsionaba encima mío. Su orgasmo fue largo e intenso.

“Diooosss mioooooo aaaaaaaaaaaaaahhhhhhhh aaaaaaaahhh”.

Autor: CerdoDom

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