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TAMBIEN SOY LA PUTA DE MI HIJO

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—Quiero cogerte, mami… Yo también tengo derecho de hacerte mía.

Miré a mi hijo. De alguna manera no me sorprendía lo que estaba ocurriendo frente a mí: desnudo completamente, se sobaba su verga espectacularmente erecta. Se veía tan hermoso mi hijo, alto, delgado, blanco. Su cara aún de niño contrastaba con su verga de muy buen tamaño. El condenado chamaco salió como su padre de pitudo. Desde pequeño lo acostumbré a que me viera siempre con hombres diferentes; no fue a propósito, simplemente tuve mala suerte en el amor.

—P-pero Arath… Soy tu madre. ¿Cómo puedes decirme eso, hijo? N-no te he dado motivo para que me faltes al respeto de ese modo, mi amor.

La voz me temblaba, no de pena. Sentí como mi vagina comenzaba a arder de un modo delicioso. Siempre me pasa cuando estoy al lado de un hombre que me gusta. Sentí ese delicioso cosquilleo en mi entrepierna. No dejaba de mirar su verga: gorda, dura, blanca, tiesa y larga. Los pelos negros, rizados de su pubis se veían tan hermosos. A mis 35 años siempre he salido con hombres mucho mayores que yo. Jamás he tenido sexo con alguien tan joven. Mi pequeño, a sus 18 años, ya no era mi bebé, era un hombre dispuesto a reclamar su derecho de macho… y eso me estaba poniendo muy, pero muy caliente. Joderme a mi propio hijo era algo en lo que nunca había siquiera imaginado y de pronto tenerlo tan cerca me encendió como jamás había estado. Ver su carita inocente, pero cargada de lujuria… Mi niño estaba nervioso, pero se había atrevido a pedirme que fuera suya y eso merecía una recompensa.

—La abuela va a tardar para regresar, mamá… Lo sabes bien y no hay nadie que me impida tomarte, Nelly.

Su voz de macho decidido me derritió y si acaso había tenido alguna duda, con eso ya no. Aparte de ser mi hijo, me excitaba también la idea de estar en casa. Aun vivimos con mi madre, pero ella estaba trabajando, así que tenía razón Arath. Nadie estaba en casa para darse cuenta de lo que pasaba. Se me acercó tembloroso y decidido, sujetó mi cabello y me besó con deseo y pasión en los labios. Cerré los ojos disfrutando esa caricia y me entregué decidida a mi propio hijo.

Minutos después ya estaba hincada y dándole una deliciosa mamada. Me atragantaba con su verga grande, pero qué rico me sabía. De por sí siempre he disfrutado mucho el sexo oral, pero ahora hacérselo a mi hijo era mucho más delicioso. Además sabía tan diferente a otras, quizá por su juventud, pero qué rica me sabía la verga de mi hijito que jadeaba complacido con mis mamadas.

—Aahhgg, así mamacita… Aggghh, así mamacita chula… Oogghh… Qué rico… Qué rico se siente… Aggghh… Desde siempre había soñado con este momento… Oogghh…

Sujetó mi cabello con fuerza. Lo miré: ya no es mi bebé. Su cara de lujuria, de placer me enterneció y encendió. Me empujaba su verga en la boca con dureza.

—Te espié muchas veces, Nelly… Y cuando les hacía esto a tus novios… Oohhh… Yo deseaba que fuera a mí a quien se la chupabas, mami… Oohh… Mamita… Mamita… Te quiero mucho… Oogghh… Gracias, mami… Sabía que no te ibas a negar, Nelly… Eres una puta y te encanta la verga cabrona… Eres una puta, Nelly… Siempre lo has sido.

Lejos de sentirme ofendida por llamarme puta, dio en mi punto. Desde siempre me encanta que me traten como una puta, que me hablen soez, es lo que más me enardece.

Abierta de piernas en la orilla de la cama, mi hijo me daba unas ricas mamadas. Para ser la primera vez que estaba con una mujer lo hacía bastante bien. Es inexperto, pero estaba decidida a enseñarle todos mis trucos. Qué rica metida de verga me dio, me hizo gritar de verdadero placer, pues desde su padre jamás nadie había estado dotado como ahora mi niño y en verdad que me metiera su tremenda cosa me causaba enorme placer. Qué ricas metidas de verga me dio mi muchachito, pero lo mejor fue sentir dentro de mí su espeso y caliente semen. Qué rico se corrió dentro de mí, me bañó todita de su caliente leche.

Me apresuré a arreglarme pues mi novio iría por mí. Mi bebé quería que me quedara a su lado, pero no podía. Por la tarde, y aún habiéndome bañado, al estar con mi novio sentía como me escurcía la leche de mi hijito de mi coñito empapado. Él me cogió como siempre sin darse cuenta que estaba removiendo la leche de mi propio niño y eso me excitó mucho más. Je je, serle infiel a mi novio con mi hijo de pronto me resultó de lo más agradable.

Autor: nellygatita

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