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Cuando yo ya tenía 19 años, mi hermano me pidió que lo ayudara a pasar un examen en la Uni.
Él tenía un maestro que tenía fama de Don Juan, según me dijo. Él estaba ya por finalizar la carrera y se había atorado en una materia. Mi hermano fue siempre excelente en sus notas, pero ya en la maestría y trabajando a la vez, no era igual.
Aun cuando mi hermano le pidió una oportunidad de hacer el examen en otro horario (según me dijo), el maestro no transigió. Y por el horario de trabajo de mi hermano llegó tarde y no pudo terminar el examen satisfactoriamente.
Con el fin de rogarle al maestro, lo buscó varias veces y siempre se negó a recibirlo por estar con una chica. Todos sabían que era casado y que eso no le impedía salir con alumnas. Tenía fama de que le gustaban las chicas calientes.
Total que cuando finalmente lo recibe, mi hermano aprovechó la ocasión y le dijo que le conseguiría una chica de 19 si lo pasaba con promedio excelente.
Lo dejaría estar con ella unos minutos, para que la viera y viera también la disponibilidad de la chica y por una hora, cuando le dejara el examen firmado.
A mí me daba un poco de miedo, yo había ya salido con otros chicos, incluso un amigo de mi hermano, pero nunca con un señor de 50 años. Pero al mismo tiempo me gustaba la idea de probar un madurito.
Para la pre-cita, mi hermano me dijo que me llevara el uniforme de la escuela, que no pintara ni nada, que me peinara de coletas (siempre las he odiado). Cosa que nunca preguntó.
El profe era un buen tipo, de cabello cano, con pinta de serio y con una voz muy gruesa.
Nos vimos en la oficina de él, en la Uni. Debo decir que el profe prácticamente babeó cuando me vio. No me quitaba la vista de mis piernas (no por nada, las tengo bastante buenas), era notable. Allí solo me dio un beso (que por cierto me supo a cenicero) y una manoseada en las nalgas.
Inmediatamente le dio a mi hermano el papel que quería. Y después nos fuimos a un departamento, que tengo entendido era de la casa de una hermana de él, que se encontraba fuera de la ciudad.
Mi hermano nos acompañó, pero él se quedó en la sala viendo la TV y yo me metí con el profe a una recámara. Él me intentó besar y le dije: “no te ofendas, pero ¿te podrías lavar la boca, pues el cigarro no me gusta? Y te dejo que me penetres primero por detrás ¿qué te parece?”.
Claro que se lo dije muy tiernamente y pasándole mi mano desde su pecho, hasta abajo del cinto aun sobre el pantalón.
Inmediatamente fue y se metió al baño. Mi hermano me había dado varios preservativos, para que los usara, ya sabía yo ponerlos.
Cuando salió el profe del baño ya con la boca fresca, me acerqué, me había ya desabrochado la blusa y quitado la falda, pues no quería que me las rompiera. Así que estaba yo aun en caletas, la blusa blanca de la escuela y debajo tenía una camisetita de tirantes, pues no me puse sostén.
El profe me besó metiendo luego luego su lengua en mi boca, yo me quedé medio pasiva para que él sintiera que tenía a una chica fogosa, le pedí que fuera despacio y él lo hizo, al principio al menos. Me pidió que me desvistiera mientras él veía, lo hice normal, un poco lento, él empezó a desvestirse y me dijo que le ayudara con los zapatos y el pantalón. Haciendo la tímida, empecé a quitárselos, pasando mis manos “torpemente” por su pene. Cosa que lo encendió, debo decir que el profe estaba ya notablemente excitado y muy bien dotado (cosa que nunca le he dicho a mi hermano) así que yo estaba excitadísima también, pues pensar en tener ese rico pene en mi ano ya me dolía y me excitaba, a ese punto me sentía mojadísima.
Yo ya quería sentirlo dentro de mí, así que me subí a la cama y me puse en cuatro, y con chupándome un dedo, volteé a verlo y le dije: “Si quieres entrar ya, ponte el condón y aprovéchame profe”. Sabía que con las manoseadas que le había hecho “por accidente” estaba a punto. Así que él solo gimió, se puso el condón y lo sentí empujando su miembro en mi ano. Riquísimo. Cuando empezó a entrar, empecé a sentir cierto dolor, pero de ese rico y excitante dolor que me encendía más. Así que yo hice mi trasero hacia él para que entrara más y más, me dolía pero rico.
Él dijo: “No te muevas o terminaré antes”. Y tomando mis caderas, las detuvo y se quedó así un momento, respirando hondo y sin moverse. Después empezó a empujar, buscando entrar más en mí, me estaba dando donde más me gustaba, me dolía pero no me importaba si me partía, así que cuando él empezó a jalar mis caderas, yo misma las empecé a moverme hacia él. “Estás apretadita, me gusta. Eres una putita”. Empezó a moverse primero lento, entraba y salía poco a poco, a este punto yo estaba ya chorreando, todo mi cuerpo temblaba, el orgasmo me llegó sin más. Perdí la fuerza de mis manos y mi pecho bajó haciendo contacto con la cama, aun mis rodillas respondían, él me seguía tomando por las caderas, jalando y empujando, mis nalgas daban contra su pelvis y él entraba y salía dentro de mi adolorido y muy satisfecho ano, no paraba, él seguía y seguía sin dar muestra de venirse pronto, en el inter no dejó de llamarme “putita”, lo decía tan rico con su voz ronca y en pleno gozo que me gustó y eso hizo que llegara a mi tercer orgasmo y él seguía entrando y saliendo, jalando y empujando, hasta que unos segundos después se vino. Super riquísimo.
Nos quedamos un rato en la cama, me abrazó por detrás por el pecho, poniendo una mano en cada uno de mis senos y casi en posición fetal.
Un momento después se levantó para entrar en el baño. Al regresar me empezó a besar el cuello por la espalda, estaba yo boca abajo, me acariciaba toda, sentí ahora sus dedos por mi vagina, subí mi cuerpo en esa parte para darle mejor acceso y ya me los estaba metiendo. Rico, los metía y sacaba rápidamente sin piedad o descanso. Me dijo: “Te quiero bien mojada para entrar allí”. Me jaló para ponerme boca arriba y lo vi como se puso el condón en su rico pene ya todo hinchado. “No me vayas a partir”, le dije con voz tierna y baja. Él me miró y me dijo: “Putita, es lo último que quiero”.
Separó mis piernas, ya encima de mí, me fue penetrando poco a poco, y mientras lo hacía gemía con su ronca voz: “Ahhh, qué rica putita”. Después lo sacó y en su segunda envestida fue brusco y entró hasta el fondo de mí, me dolió un poco pese a tan mojada que estaba yo, pero no me importó, lo que me importaba es que me estaba dando un placer y combinado con el dolor, además de ser un completo extraño hombre mayor al menos para mí. Me daba unas tres o cuatro envestidas lentas y después unas rápidas y bruscas y así me ocasionó unos tres orgasmos. Estaba yo más encendida que nada, ya no tenía fuerza ni para abrir los ojos, quería verlo pero no podía, solo sentía su miembro entrar y salir en mi vagina, sentía y escuchaba el ruido de pelvis contra pelvis, duro y macizo, dale y dale, hasta que finalmente se vino.
Después de eso nos dormimos unos minutos, o al menos nos adormilamos, él no dejó de acariciarme. Un rato más tarde fui al baño a vestirme y antes de salir le di un beso en la boca.
Mi hermano y yo nos fuimos a la casa, a mi cuarto donde me tomó entrando sin preámbulo alguno, mal cerramos la puerta de mi recámara me bajó las pantaletas, me tiró en la cama y me penetró.
Hasta pronto
Pat