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Mí amor, dándome lo más deseado

5544 palabras

5 minutos

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Recordaba la primera vez con Claudio en el delta, cuando me hizo llorar con su verga gruesa cabeza sombrerito. Aunque ya había tenido sexo anal. Nunca con un pene de ese porte .

Esa tarde calurosa llegue a mí departamento con deseo de preparar una rica ensalada wolf, como le apetece a él.

Luego de quitarme la ropa formal que uso en mí lugar de trabajo. Tomé una ducha rápida y cubrí mí desnudez con una remera de algodón blanca bien holgada y shorts muy liviano casi transparente y sin tanga.

Él llegó y viéndome inclinada sobre la mesada de la cocina. Se aproximó , rodeo mí cintura haciendo apoyar mí cola en su bulto. Me beso en el cuello. Me agite con gracia moviendo el trasero, luego giré mí cabeza para besarnos en los labios. Claudio paso al dormitorio para quitarse la ropa. Volviendo al living con el torso desnudo. Cubriendo su sexo únicamente con bóxer negro

Ya instalado él en un sillón compartíamos música, caricias , besos con Claudio. Y sexo oral hasta tragársela casi toda. Disfruté sus lengüetazos en mi hambriento culito.

― ¡Te deseo toda mío! ―Me decía Claudio apretándome las nalgas o mis pezones.

Había esperado todo el día ese momento, para permitirle introducir un dedo y prepararme para recibirlo en mis entrañas.

Luego de cenar, mirábamos un video en que un morocho vergón, clavaba a su antojo a un chico pelirrojo menudo. Y nos reíamos de lo que había sucedido con los nudistas que atónitos miraban la vergota del gigantón negro. Bebíamos un licor exquisito. Se puso roja mi cara por efecto del alcohol y sentí deseos de ser mimada, besada y poseída..

Claudio rodeaba con sus brazos los míos; apoyando mí espalda en su regazo y en su verga ya dura. Lentamente fue quitándome la ropa. Yo hice lo mismo con él. Hasta que nos quedamos desnudos abrazados sobre el mullido sillón.

Claudio fue al baño y regresó con una toalla para colocar debajo de nuestros cuerpos y el lubricante que usamos cada vez que nos amamos.

Saboreaba yo su verga; introduciéndola casi toda hasta mi garganta. Él jugaba con mis pezones y lubricaba mi ano con dos dedos untados. Luego de unos minutos. Estando de pie, él frente al sillón del amor. Levanté mis piernas hasta ponerlas sobre sus hombros. Mis pies cubiertos con calcetines rosas apuntaban al techo. A Claudio le encantó y excita mucho ese detalle que me fue sugerido por una buen amiga.

Su lengua lamió mi pequeño sexo, la entrepierna y la ya dilatada puerta. Fue bajando mis piernas hasta su cintura y sentí su falo apoyarse entre mis nalgas. Muy suavemente hizo centro. Y ese glande con forma de sombrerito se abrió camino y me exploró, casi sin dolor. Luego el bombeo acompasado y mis suspiros. Cobro velocidad su mete y saca hasta el fondo. Yo estaba embriagada de deseo por el efecto del licor y sentir la piel de mí hombre en cada pliegue de mí piel.

El morderme los labios de placer. La corriente eléctrica del. Doble orgasmo que hacía temblar mí cuerpo y gimotear.. La rigidez de Claudio sentándome fuertemente por la cintura. Su verga enterrada a fondo y el ―Aghh ―que se le escapó cuando me inyectó su leche caliente; indicaron el delicioso clímax.de mí esfínter moldeado a la forma y grosor de su herramienta.

Quedé acurrucada entre sus brazos, de espalda a su pecho. Mientras un hilo de su descarga comenzaba a salir lentamente de mí. Permanecí con las piernas recogidas sobre el pecho. Mis nalgas semi abiertas y el roce de su piel prontamente volvían a generar deseos de ser penetrada. Permanecimos en silencio bastante tiempo. Su respiración lenta producía una leve brisa en mi nuca y cuello. Con su boca me mordía levemente la oreja. Su verga en crecimiento se apoyaba en el culito húmedo. Y continuaba creciendo al tiempo que lo abría a su medida. En minutos, la hermosa cabeza bordó. Presionaba el segundo esfínter volviendo a entrar toda en mí.

Luego de unos minutos recorriendo mí piel con sus manos, manteniéndose clavado en mis entrañas.

Claudio me indicó ponerme a horcajadas en un apoyabrazos del sillón. Así, posicionando por detrás. Me ensarto a fondo nuevamente. Mí ano no ofrecía resistencia. Más diría que tragaba su verga con avidez.

Se movía fuertemente entrando y saliendo totalmente. Luego la metía rápidamente sin causarme molestia. Sino una sensación de entrega total. Notaba o imaginaba el esfínter muy dilatado.

Comencé a gemir de placer y a venirme cuando Claudio me giro, sacando su pene de mí cuerpo.Introdujo su verga en mi boca y se derramó. Con la lengua acaricie esa cabezota que comenzaba a perder rigidez. Llevé una mano a la cola y me causó alegría tocar mi ano tan abierto y sin dolor.

Luego nos quedamos dormidos sin higienizarnos. Así permanecimos dos horas, embebidos en nuestros jugos. Recobrando fuerzas.

Besos Roberta.

Roberta, eres muy afortunada en tener a tu hombre con servicio de atención permanente. Por eso te sientes mujer.

En mí caso te cuento que tengo sexo ocasional ( no he hallado hombre con el deseo de poseerme como su mujer.) Estoy expuesta a hombres desconocidos, sus caprichos y al riesgo de contraer enfermedades venéreas.

Cuéntame, como debo buscar para hallar una pareja .estable.

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