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La Pasión Desbordante de la Actriz Jimena de Gavilanes

7845 palabras

La Pasión Desbordante de la Actriz Jimena de Gavilanes

Tú entras al set de grabación en las afueras de Ciudad de México, el sol pegando fuerte como un beso ardiente sobre tu piel. El aire huele a tierra húmeda y a café recién molido que los asistentes reparten en vasos desechables. Eres el nuevo galán, el tipo que todos esperan que robe escenas, pero nada te prepara para ella. La actriz Jimena, la reina de Pasion de Gavilanes, esa telenovela que tuvo a medio México clavado en la tele con sus dramas y sus miradas que queman.

La ves de lejos primero, platicando con el director. Su cabello negro cae en ondas perfectas sobre los hombros, y ese vestido rojo ceñido resalta cada curva de su cuerpo como si estuviera hecho para pecar. Sus labios carnosos se curvan en una risa que suena como música ranchera suave, y tú sientes un cosquilleo en el estómago, como si te hubieran dado un trago de tequila puro. ¿Será que es tan ardiente como en la pantalla? piensas, mientras caminas hacia ella con el corazón latiéndote a todo lo que da.

"¡Órale, carnal! ¿Tú eres el nuevo?" te dice con esa voz ronca que te eriza la piel. Sus ojos cafés te recorren de arriba abajo, deteniéndose un segundo en tu pecho. "Jimena, un gusto. La actriz Jimena de Pasion de Gavilanes, ¿sabes? Aunque ahora ando en este nuevo proyecto pa' variar el menú." Te extiende la mano, pero en lugar de estrechártela, la desliza un poquito más, rozando tus dedos con los suyos. Su piel es suave, cálida, como terciopelo bajo el sol.

El día pasa en un torbellino de tomas y diálogos. Cada vez que compartes escena con ella, sientes la electricidad. En una toma de celos fingidos, su rostro queda a centímetros del tuyo, y su aliento huele a menta y a algo dulce, como tamarindo. "¡Corte! Perfecto, pero más pasión la próxima," grita el director. Jimena se aparta riendo bajito. "¿Más pasión? Este wey ya me tiene sudando," bromea, guiñándote el ojo. Tú respondes con una sonrisa pícara, pero por dentro te mueres de ganas de acercarte más.

¿Y si le digo que la vi en Pasion de Gavilanes y me voló la cabeza? No, no seas pendejo, ve despacio.

Al final del día, el equipo arma una carnita asada en una hacienda cercana. El olor a carne chisporroteando en la parrilla se mezcla con el humo de leña y el perfume floral que Jimena deja a su paso. Te sientas a su lado en una mesa larga, con cervezas frías sudando en las manos. "Cuéntame de ti," le dices, rozando su brazo "accidentalmente". Ella se inclina, su escote invitándote a perderte ahí. "¿Qué quieres saber? ¿De mis escenas calientes en Pasion de Gavilanes? Esa novela me puso en el mapa, pero la vida real es mucho más... intensa." Su pie roza el tuyo bajo la mesa, y sientes el calor subir por tus piernas.

La noche cae como un manto negro salpicado de estrellas. La música de banda retumba, gente bailando con pasos que despiertan el alma. Jimena te jala a la pista. "¡Vamos, no seas rajón!" Sus caderas se mueven contra las tuyas al ritmo de un corrido caliente, y su trasero redondo presiona justo donde duele de lo bueno. Sudas, pero no por el calor; es ella, su olor a vainilla y piel caliente que te envuelve. "Estás bien chido bailando," murmura en tu oído, su aliento caliente haciendo que se te pare el mundo.

Se escapan del bullicio hacia el jardín de la hacienda. Las luces de faroles parpadean, iluminando bugambilias rojas como labios besados. "Necesitaba un respiro," dice ella, recargándose en un muro de adobe. Tú te acercas, el corazón tronándote en el pecho. "Jimena, desde que te vi hoy... no puedo dejar de pensar en ti. En Pasion de Gavilanes eras fuego, pero en persona eres un volcán." Ella ríe suave, pero sus ojos brillan con deseo. "¿Sí? Prueba entonces."

Tus labios encuentran los suyos en un beso que sabe a tequila y promesas. Su boca es suave, hambrienta, la lengua danzando con la tuya en un ritmo que acelera todo. Sus manos suben por tu espalda, clavando uñas pintadas de rojo en tu camisa. "Ay, wey, me tienes loca," gime contra tu boca. La presionas contra el muro, sintiendo sus pechos firmes aplastados contra tu torso, los pezones endurecidos como piedritas bajo la tela delgada.

La llevas de la mano a una habitación apartada en la hacienda, un cuarto con cama king size cubierta de sábanas de algodón egipcio y velas aromáticas que huelen a jazmín. Cierras la puerta, y el mundo se reduce a ustedes dos. Ella se quita el vestido con un movimiento lento, revelando lencería negra que abraza sus curvas perfectas. "Mírame," susurra, girando para que veas su culo redondo, invitador. Tú te desabrochas la camisa, y ella se lanza sobre ti, besando tu cuello, lamiendo el sudor salado de tu piel.

Esto es mejor que cualquier novela. Su piel sabe a gloria, huele a sexo puro.

La tumbas en la cama, tus manos explorando cada centímetro. Sus tetas son perfectas, llenas, con pezones rosados que chupas hasta que gime fuerte, arqueando la espalda. "¡Sí, así, chúpamelas rico!" Su voz es puro fuego mexicano, ronca y exigente. Bajas más, besando su vientre plano, oliendo su arousal, ese aroma almizclado que te vuelve loco. Le quitas el tanga, y su coño depilado brilla húmedo, invitándote. Metes la lengua, saboreando su dulzor salado, chupando el clítoris hinchado mientras ella agarra tus pelos y grita: "¡No pares, pendejo, me vas a hacer venir!"

Se corre temblando, sus muslos apretando tu cabeza, jugos calientes en tu boca. "Ahora tú," dice, volteándote y bajando a tu verga dura como piedra. La chupa con maestría, labios envolviéndote, lengua girando en la cabeza sensible. Sientes su saliva tibia, el sonido húmedo de succión que te hace gemir. "Qué rica boca tienes, Jimena," logras decir, mientras ella te mira con ojos de diabla.

No aguantas más. La pones a cuatro patas, admirando su culo alzado, y entras despacio, sintiendo su calor apretado envolverte centímetro a centímetro. "¡Ay, cabrón, qué grande! Métemela toda," suplica. Empiezas a bombear, lento al principio, el slap-slap de piel contra piel mezclándose con sus gemidos y el tuyo. El cuarto huele a sexo, sudor y velas. Agarras sus caderas, acelerando, sintiendo su coño contraerse alrededor de tu verga.

Cambian posiciones: ella encima, cabalgándote como amazona salvaje, tetas rebotando, cabello volando. "¡Me encanta tu verga, me llena tanto!" grita, clavando uñas en tu pecho. Tú la agarras del culo, ayudándola a subir y bajar, el placer subiendo como lava. La volteas de nuevo, misionero profundo, besándola mientras la penetras fuerte. Sus piernas te envuelven, talones presionando tu espalda. "¡Ven conmigo, amor!" gime, y explota otra vez, su coño ordeñándote.

Tú la sigues, corriéndote dentro con un rugido, chorros calientes llenándola mientras tiemblas. Colapsan juntos, sudorosos, jadeantes. Su piel pegada a la tuya, corazones latiendo al unísono. "Fue increíble," murmura ella, besándote la frente. "Mejor que cualquier pasión de Gavilanes."

Se quedan así un rato, acariciándose perezosamente. El aire fresco de la noche entra por la ventana, refrescando sus cuerpos calientes. Hablan bajito de sueños, de escenas futuras, de cómo esto podría ser el inicio de algo más. Tú piensas en lo afortunado que eres, en cómo la actriz Jimena te ha cambiado la noche. Ella se acurruca en tu pecho, su respiración calmándose, y cierras los ojos con una sonrisa, sabiendo que esta pasión apenas empieza.

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