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Tequila Pasión de Mi Tierra

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Tequila Pasión de Mi Tierra

El sol del atardecer teñía de naranja los campos de agave en las afueras de Tequila Jalisco. Yo Ana había llegado a esa hacienda familiar buscando un poco de aire fresco después de meses encerrada en la ciudad. El aroma dulce y terroso del agave maduro me envolvía como un abrazo cálido mientras caminaba por el sendero de tierra roja. Mis sandalias se hundían ligeramente en el suelo polvoriento y el viento jugaba con mi falda ligera rozando mis muslos desnudos.

Ahí estaba él Javier el maestro tequilero con su camisa de lino arremangada dejando ver brazos fuertes curtidos por el sol. Sus ojos cafés profundos me miraron con una sonrisa pícara. Órale qué chula pensé mientras él se acercaba extendiendo la mano. "Bienvenida a mi tierra Ana. Soy Javier y hoy te voy a mostrar lo mejor que produce este suelo."

Nos sentamos en la terraza de la hacienda con vista a los campos infinitos. Sacó una botella etiquetada Tequila Pasión de Mi Tierra reposado en barricas de roble. El cristal brillaba bajo la luz dorada y al destapar el corcho un aroma intenso de vainilla caramelo y agave tostado inundó el aire. "Este tequila es como el amor de esta tierra" dijo sirviendo en copitas de cristal tallado. "Nace del corazón del maguey y madura lento como las pasiones verdaderas."

El primer sorbo fue fuego líquido deslizándose por mi garganta cálido y sedoso dejando un regusto ahumado que me hizo cerrar los ojos.

¡Qué delicia carnal! Este sabor me despierta algo profundo adentro
pensé mientras Javier me observaba con intensidad. Hablamos de la vida del campo de cómo el agave canta cuando lo cortan con el coa y de mis sueños citadinos que se sentían tan lejanos ahí. Su voz grave ronca por el humo de las hornillas me erizaba la piel. Nuestras rodillas se rozaron accidentalmente bajo la mesa y sentí un cosquilleo eléctrico subir por mis piernas.

La noche cayó suave envolviéndonos en un manto estrellado. El canto de los grillos y el susurro del viento en las pencas de agave creaban una sinfonía íntima. Javier prendió unas velas que parpadeaban lanzando sombras danzantes sobre su rostro anguloso. "Prueba otra copita pero esta vez con sal y limón como se debe" murmuró acercándose más. Sus dedos rozaron los míos al pasarme la rodaja de limón y olía a tierra sudada y a hombre puro. Lamí la sal de mi mano el tequila puro y mordí el limón agrio que contrastaba con el dulzor persistente. Nuestras miradas se trabaron y el aire se cargó de tensión palpable.

"Neta Javier este Tequila Pasión de Mi Tierra me tiene mareada" confesé riendo nerviosa. Él se inclinó su aliento cálido en mi oreja. "No es el tequila mi reina es la tierra que despierta lo que llevas dentro." Sus labios rozaron mi cuello un beso fugaz que me dejó jadeante. Mi corazón latía como tambor en las fiestas patronales y un calor húmedo se acumulaba entre mis piernas. ¿Quiero esto? Simón y cómo me dije mientras mis manos subían por su pecho firme sintiendo los músculos tensos bajo la camisa.

Nos levantamos y él me guio adentro de la hacienda por pasillos de adobe iluminados por faroles. Entramos a su habitación sencilla pero acogedora con una cama amplia cubierta de sábanas blancas y una ventana abierta al cielo nocturno. El olor a madera vieja y jazmín silvestre flotaba en el aire. Javier me besó con hambre sus labios suaves pero exigentes probando a tequila en mi lengua. Nuestras lenguas danzaron un tango ardiente mientras sus manos grandes recorrían mi espalda bajando a mis caderas apretándome contra su dureza evidente.

Me quitó la blusa despacio besando cada centímetro de piel expuesta. Mis pezones se endurecieron al aire fresco y a su mirada hambrienta. "Estás chingona Ana" gruñó chupando uno con delicadeza succionando hasta que gemí alto. Mis dedos se enredaron en su pelo negro revuelto tirando suave para guiarlo. Bajé su cremallera liberando su verga gruesa venosa palpitante. La tomé en mi mano sintiendo el calor satinado la piel suave sobre el acero. "Qué chula mamacita" jadeó él mientras yo la lamía desde la base hasta la punta saboreando la sal de su excitación mezclada con el eco del tequila.

Me tumbó en la cama su cuerpo pesado cubriéndome protector. Sus besos bajaron por mi vientre lamiendo el ombligo hasta llegar a mi panochita ya empapada. El primer toque de su lengua en mi clítoris fue rayo puro arqueé la espalda gimiendo "¡Ay wey no pares!" Lamía círculos lentos chupando mis labios hinchados metiendo la lengua profundo saboreándome como si fuera el mejor tequila. Mis jugos corrían por sus labios y mentón el sonido húmedo obsceno mezclándose con mis jadeos y el crujir de las sábanas.

La tensión crecía como tormenta en el horizonte. Mis uñas arañaban su espalda dejando marcas rojas mientras él introducía dos dedos gruesos curvándolos para tocar ese punto que me volvía loca. "Estás tan mojada por mí" murmuró vibrando contra mi piel. Gemí su nombre sintiendo el orgasmo acercarse en olas cada vez más altas. Pero quería más quería sentirlo todo. "Métemela Javier órale" supliqué tirando de él.

Se posicionó entre mis piernas su verga rozando mi entrada húmeda. Entró despacio centímetro a centímetro estirándome deliciosamente. El placer era intenso abrasador sus embestidas lentas al principio profundas tocando mi fondo. Nuestros cuerpos sudados se deslizaban uno contra el otro el slap slap de piel contra piel resonando en la habitación. Olía a sexo puro a sudor almizclado a nuestra pasión desatada. Aceleró el ritmo follándome con fuerza mis tetas rebotando con cada golpe sus bolas golpeando mi culo.

¡Es mío este placer esta tierra este hombre!
pensé mientras mis paredes lo apretaban ordeñándolo. Él gruñía "Te voy a llenar mi amor" y yo enredé mis piernas en su cintura clavando talones en su nalga. El clímax nos golpeó juntos mi coño convulsionando alrededor de su verga ordeñando chorros calientes de semen que inundaban mi interior. Grité su nombre rompiendo el silencio nocturno él colapsó sobre mí besándome posesivo.

Quedamos jadeantes entrelazados el sudor enfriándose en nuestra piel. El aroma de nuestro amor flotaba pesado mezclado con el leve eco del Tequila Pasión de Mi Tierra en la mesita. Javier me acarició el pelo susurrando "Esta tierra te marca para siempre Ana como su tequila." Sonreí besando su pecho salado sintiendo una paz profunda un fuego nuevo encendido en mi alma.

Al amanecer los campos de agave brillaban con rocío y yo sabía que regresaría no solo por el tequila sino por esa pasión que brotaba de la tierra y de nosotros. Qué chido todo pensé mientras él dormía a mi lado su brazo protector sobre mi cintura.

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