Relatos Eroticos
Inicio DOMINACIÓN Capítulos Ardientes de la Novela Pasión y Poder Capítulos Ardientes de la Novela Pasión y Poder

Capítulos Ardientes de la Novela Pasión y Poder

6470 palabras

Capítulos Ardientes de la Novela Pasión y Poder

Daniela se recargaba en la barandilla del balcón de su penthouse en Polanco, con el skyline de la Ciudad de México brillando como un mar de luces a sus pies. El aire fresco de la noche traía el aroma a jazmín de su jardín vertical y un leve toque de smog urbano que no le molestaba. En su mano, un vaso de tequila reposado, suave como la seda al pasar por su garganta. Pasión y poder, pensó, recordando los capítulos de la novela Pasión y Poder que había visto de chava. Aquella telenovela donde el amor y el negocio se enredaban como sábanas calientes. Neta, su vida era igual: ella, la heredera de una cadena de hoteles de lujo, siempre peleando por no ceder ni un centavo.

El timbre sonó, rompiendo el silencio. Era Miguel, su rival en los negocios, el pendejo ambicioso que quería comprar su terreno en la Riviera Maya. Habían quedado para "negociar" después de la gala de la noche. Daniela se miró en el espejo: vestido negro ceñido que marcaba sus curvas, labios rojos como chile piquín, cabello suelto cayendo en ondas oscuras.

¿Qué chingados voy a hacer con este wey? Me calienta la sangre cada vez que lo veo
, se dijo, mientras abría la puerta.

Miguel entró con esa sonrisa de tiburón, traje a la medida que olía a colonia cara, madera y algo masculino que le aceleró el pulso. "Buenas noches, reina", dijo con voz grave, ojos recorriéndola de arriba abajo. "Traje el contrato... y un buen vino." Ella le quitó la botella, rozando sus dedos a propósito. El contacto fue eléctrico, como un chispazo en la piel húmeda de anticipación.

Se sentaron en la sala, con vistas a Reforma iluminada. Hablaron de números, de terrenos, pero la tensión crecía como el calor en un sauna. Cada mirada era un roce invisible, cada risa un susurro prometedor. "Tú siempre quieres controlarlo todo, Daniela", murmuró él, inclinándose. "Pero en la cama, ¿quién manda?" Ella sintió un cosquilleo entre las piernas, el aroma de su aliento a menta y vino invadiéndola. Órale, este cabrón sabe jugar.

La conversación derivó a los capítulos de la novela Pasión y Poder, esa que ambos habían visto en su juventud. "Recuerdas cuando Arturo y Julia se odiaban en la oficina y terminaban enredados en la cama del yate?", rio ella, el tequila aflojándole la lengua. Miguel se acercó más, su rodilla tocando la de ella. "Sí, y en cada capítulo, la pasión ganaba al poder. Como nosotros." Su mano subió por su muslo, despacio, tela de vestido arrugándose bajo sus dedos cálidos.

Daniela no se apartó. Al contrario, giró el rostro y lo besó. Labios carnosos chocando, lenguas danzando con sabor a tequila y deseo. El beso fue hambre pura: él la jaló a su regazo, manos en su cintura, apretando carne suave. Ella sintió su erección dura contra ella, un pulso caliente que la hizo gemir bajito. "Eres un pinche provocador", jadeó contra su boca, mordiéndole el labio inferior.

Se levantaron, tropezando hacia el cuarto, dejando un rastro de ropa. El pasillo olía a velas de vainilla que ella había encendido antes. En la habitación, luz tenue de la luna filtrándose por las cortinas, cama king size con sábanas de algodón egipcio. Miguel la tumbó con gentileza, ojos negros fijos en los de ella. "Dime que pare si quieres", susurró, pero ella arqueó la espalda, quitándose el vestido.

Ni madres, esto es lo que quiero. Que me haga suya sin piedad
.

Desnuda, piel morena brillando bajo la luz, pechos firmes con pezones endurecidos por el aire fresco. Él se desvistió rápido, cuerpo atlético marcado por gym, miembro erecto grueso y venoso, palpitando. Se arrodilló entre sus piernas, besando su ombligo, bajando lento. El aliento caliente en su monte de Venus la hizo temblar. "Qué rico hueles, nena, a mujer lista pa' mí". Lengua experta lamiendo pliegues húmedos, sabor salado y dulce de su excitación. Daniela agarró las sábanas, gemidos escapando: "¡Ay, wey, no pares! Lame más fuerte".

El sonido era obsceno: chupadas húmedas, suspiros roncos, su pulso latiendo en oídos como tambores. Ella se arqueó, caderas moviéndose contra su boca, olor a sexo llenando el aire. Dedos suyos entrando, curvándose en su punto G, mientras succionaba el clítoris. Me voy a venir ya, carajo. Explosión: olas de placer sacudiéndola, jugos empapando su barbilla, grito ahogado que resonó en las paredes.

Miguel subió, besándola para que probara su propio sabor. "Ahora tú, mi reina". Ella lo volteó, gateando sobre él. Manos en su pecho velludo, uñas arañando suave. Boca bajando por abdomen definido, lengua trazando venas. Lo tomó en mano, grueso, caliente, piel sedosa sobre acero. Lo lamió desde base hasta punta, sabor salado de precum. "Mmm, qué rico pene tienes, papi". Lo engulló, garganta relajada, cabeza moviéndose rítmica. Él gruñó, manos en su pelo: "¡Chingao, Daniela, eres una diosa!".

Pero ella quería más. Se sentó a horcajadas, guiándolo a su entrada resbaladiza. Bajó despacio, centímetro a centímetro, estirándose deliciosamente. "¡Ay, sí! Lléname". Ritmo lento al principio, piel contra piel chocando suave, sudor perlando cuerpos. Él amasó sus nalgas, pulgares rozando ano. Aceleraron: ella rebotando, pechos saltando, él embistiendo desde abajo. Sonidos de carne húmeda, gemidos mezclados: "¡Más duro, Miguel! ¡Dame todo!".

Cambio de posición: él encima, misionero profundo. Piernas de ella en sus hombros, penetrando hondo, rozando cervix con cada estocada. Olor a sudor, sexo, perfume mezclado. Miradas clavadas:

Esto no es solo cogida, es poder compartido, pasión pura
. "Te amo, wey", soltó ella sin pensar. Él aceleró, bolas golpeando su culo. "Yo también, mi amor. ¡Ven conmigo!".

Clímax dual: ella contrayéndose alrededor de él, leche caliente llenándola, gritos extasiados. Cuerpos temblando, colapsando en enredo sudoroso. Respiraciones agitadas calmándose, besos suaves post-orgasmo.

Después, acostados, sábanas revueltas oliendo a ellos. Miguel la abrazó por detrás, mano en su vientre. "Como en esos capítulos de la novela Pasión y Poder, ¿no? Al final, la pasión vence." Ella sonrió, girando para besarlo. Neta, esto cambia todo. El poder ya no importa si lo tengo a él. La noche los envolvió, promesa de más capítulos ardientes por escribir.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatoseroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.