Abismo de Pasion Cap 112 El Susurro del Abismo
El sol de Puerto Vallarta se hundía en el horizonte como un beso ardiente, tiñendo el cielo de rojos y naranjas que se reflejaban en las olas del Pacífico. Isabella caminaba por la playa privada de la villa, el arena tibia besando sus pies descalzos. Llevaba un huipil ligero que ondeaba con la brisa salada, y su piel morena brillaba con el sudor del día. Hacía una semana que no veía a Rodrigo, ese macho que la volvía loca con solo una mirada. La pelea tonta por celos había sido como todas las anteriores: fuego que avivaba su deseo en lugar de apagarlo.
¿Y si esta vez es la buena, Isa? ¿La que nos hunde de verdad en este abismo de pasion cap 112 de nuestra historia?pensó ella, mientras el corazón le latía fuerte contra las costillas. Neta, no podía estar sin él. Su cuerpo lo pedía a gritos, esa hambre que solo él saciaba.
Rodrigo la esperaba en la terraza de la villa, con una cerveza fría en la mano y los ojos clavados en el mar. Alto, fornido, con esa barba recortada que le raspaba delicioso la piel. Vestía solo unos shorts de lino, dejando al descubierto el tatuaje de un águila en su pecho ancho. Al verla, su sonrisa se ensanchó, pícara, como si supiera exactamente lo que ella traía entre ceja y ceja.
—Órale, mi reina, ven pa'cá —dijo él con esa voz grave, mexicana hasta los huesos, extendiendo los brazos.
Isabella corrió hacia él, el viento azotando su cabello negro. Se fundieron en un abrazo que olía a sal, protector solar y hombre. Sus bocas se encontraron en un beso hambriento, lenguas danzando como en una rumba prohibida. Ella sintió su erección presionando contra su vientre, dura y prometedora. Chingado, cómo lo extrañé, gimió en su mente.
La noche cayó rápida, envolviéndolos en un manto estrellado. Entraron a la villa, iluminada por velas que parpadeaban suaves. El aire estaba cargado del aroma a jazmín del jardín y algo más primitivo: el olor de sus cuerpos excitados. Rodrigo la llevó a la cama king size, con sábanas de algodón egipcio que crujían bajo su peso.
—Te voy a comer entera, mamacita —murmuró él contra su cuello, mordisqueando la piel sensible.
Isabella jadeó, arqueando la espalda. Sus manos exploraron el pecho de él, sintiendo los músculos tensos bajo las yemas de los dedos. Bajó despacio, desatando el nudo de los shorts. La verga de Rodrigo saltó libre, gruesa y venosa, con la cabeza brillante de precúm. Ella la tomó en la mano, sintiendo el pulso acelerado, el calor que emanaba como lava.
Esto es el abismo de pasion cap 112, wey. Cada vez más hondo, más adictivo, se dijo Isabella, mientras lamía la punta con la lengua plana, saboreando el salado almizcle que la volvía loca.
Rodrigo gruñó, enredando los dedos en su melena. —Sí, así, mi vida. Chúpamela rico.
Ella obedeció, engulléndolo centímetro a centímetro, la boca llena, las mejillas hundidas por la succión. El sonido húmedo de su felación llenaba la habitación, mezclado con los gemidos roncos de él. Sus bolas pesadas rozaban su barbilla, y ella las masajeaba con gentileza, sintiendo cómo se contraían. Arriba, sus pezones se endurecían bajo el huipil, rozando la tela como fuego.
Pero Rodrigo no era de los que se deja dominar fácil. La levantó de un tirón, quitándole la prenda con urgencia. Sus tetas grandes y firmes quedaron expuestas, los pezones oscuros erguidos como invitación. Él los lamió, succionó, mordió suave hasta que ella chilló de placer. —¡Ay, cabrón, no pares!
La tumbó en la cama, besando un sendero ardiente por su vientre plano, deteniéndose en el ombligo para meter la lengua juguetona. Isabella abrió las piernas, exponiendo su panocha depilada, ya empapada, los labios hinchados brillando con jugos. El olor a excitación femenina flotaba espeso, embriagador.
Rodrigo inhaló profundo. —Hueles a pecado, mi amor. A miel y deseo puro.
Separó los pliegues con los dedos, admirando el clítoris rosado que palpitaba. Lo rozó con la lengua, plano y lento, haciendo que Isabella se retorciera. Ella agarró las sábanas, las uñas clavándose, mientras él la devoraba: chupando el botón, metiendo la lengua en su entrada caliente, lamiendo hasta el ano arrugado. Los sonidos eran obscenos, chapoteos y slurps que la avergonzaban y excitaban a partes iguales.
Neta, este wey me sabe volver loca. ¿Cómo resisto un abismo así de pasion cap 112?pensó ella, las caderas moviéndose solas contra su boca.
La tensión crecía como una tormenta. Rodrigo subió, posicionándose entre sus muslos. Su verga rozaba la entrada, untándose con sus fluidos. —Dime que la quieres, Isa. Dime que me necesitas adentro.
—¡Sí, pendejo! Métemela ya, hazme tuya —suplicó ella, las pupilas dilatadas.
Empujó despacio, abriéndose paso en su calor apretado. Isabella sintió cada vena, cada pulgada estirándola delicioso. Cuando estuvo todo adentro, pelvis contra pelvis, se quedaron quietos, jadeando. El sudor perlaba sus cuerpos, goteando entre sus pechos. Él empezó a moverse, lento al principio, saliendo casi todo para volver a hundirse profundo.
El ritmo aceleró. La cama golpeteaba contra la pared, tac-tac-tac, sincronizado con sus gemidos. Isabella clavó las uñas en su espalda, dejando surcos rojos. Él la besaba feroz, mordiendo labios, lenguas batallando. Sus tetas rebotaban con cada embestida, y Rodrigo las amasaba, pellizcando pezones.
—Estás tan chingona, tan mojada por mí —gruñía él, el aliento caliente en su oreja.
Ella respondía enredando las piernas en su cintura, profundizando la penetración. Sentía su verga golpeando el fondo, rozando ese punto que la hacía ver estrellas. El olor a sexo impregnaba todo: sudor, semen, su esencia mezclada. Sus corazones tronaban al unísono, pulsos desbocados.
La espiral subía. Isabella apretó los músculos internos, ordeñando su polla. —¡Me vengo, Rodrigo! ¡No pares, cabrón!
Él redobló, follándola con fuerza animal, las bolas chocando contra su culo. El orgasmo la alcanzó como tsunami: contracciones violentas, chorros de squirt empapando las sábanas, gritos roncos que rasgaban la noche. Rodrigo la siguió segundos después, hinchándose dentro, eyaculando chorros calientes que la llenaban hasta rebosar. Rugió su nombre, colapsando sobre ella.
Se quedaron unidos, respiraciones entrecortadas calmándose poco a poco. El afterglow los envolvía como niebla tibia. Rodrigo salió despacio, un hilo de semen conectándolos aún. La besó suave en la frente, limpiándola con ternura.
—Eres mi todo, Isa. Este abismo de pasion cap 112 no acaba nunca —susurró, acariciando su mejilla.
Ella sonrió, exhausta y plena, acurrucándose en su pecho. El corazón de él latía fuerte bajo su oído, un tambor de vida compartida. Afuera, las olas susurraban promesas eternas, y el jazmín perfumaba la brisa.
Que vengan mil capítulos más, mi amor. En este abismo, me pierdo feliz, pensó Isabella, cerrando los ojos en paz.