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El Diario de una Pasion Gratis Online

6573 palabras

El Diario de una Pasion Gratis Online

Entrada 1: El encuentro que lo cambió todo

Neta, hoy empezó todo. Estaba en el café de la Condesa, ese con las mesitas afuera y el olor a café de chiapas que te envuelve como un abrazo. Yo, Ana, sentada con mi laptop, tecleando pendejadas del trabajo, cuando de repente lo vi. Alto, moreno, con esa sonrisa chueca que te hace sentir mariposas en el estómago. Se sentó en la mesa de al lado, pedí un latte extra caliente, y cuando volteó, nuestros ojos se cruzaron. "¿Qué onda, güey? ¿Libre esta silla?" me dijo con voz ronca, como si ya supiera que íbamos a terminar enredados.

Me quedé muda un segundo, sintiendo el calor subir por mis mejillas. Le dije que sí, claro, y platicamos de todo: de la pinche ciudad que no para, de tacos al pastor que extrañaba de su rancho en Guadalajara, de cómo la vida te tira curvas cuando menos lo esperas. Se llamaba Diego, ingeniero, con manos grandes y callosas que me imaginaba recorriendo mi piel. Al despedirnos, me dio su número. "Llámame, morra, no seas mala." Y yo, con el corazón latiendo a mil, supe que esto era el inicio de algo cabrón.

Ahora, aquí en mi depa, con la ventana abierta dejando entrar el ruido de los coches y el aroma a jazmín del vecino, escribo esto. Quiero guardar cada detalle, como un diario de una pasión que no se apaga. Y quién sabe, tal vez lo suba gratis online algún día, para que otras chavas sientan este fuego.


Entrada 2: La primera cita y el roce que quema

Ayer fue la cena. Me puse ese vestido negro ajustado que me hace ver las curvas como diosa azteca, y fui a Xochimilco en trajinera privada, nada de multitudes pendejas. Diego llegó con flores, claveles rojos que olían a tierra mojada después de la lluvia. Nos subimos a la trajinera, el agua chapoteando suave contra los lados de madera, mariachis cantando Si nos dejan a lo lejos.

Estábamos solos, el gondolero discreto. Hablamos de sueños: él quiere su propia constructora, yo mi galería de arte. Sus ojos cafés me devoraban, y cuando su mano rozó mi muslo por "accidente", sentí un chispazo. "¿Sabes qué, Ana? Eres como un tequila reposado, suave pero con punch." Reí, pero adentro ardía. Le conté mis miedos, de relaciones pasadas que fueron puro desmadre, y él me escuchó, serio, apretando mi mano. El tacto de sus dedos, ásperos pero tiernos, me erizó la piel.

Al bajar, en la orilla oscura, me jaló hacia él. Nuestros labios se encontraron, su boca sabía a mezcal y menta, lengua explorando con hambre contenida. Sus manos en mi cintura, apretando, y yo arqueándome contra su pecho duro. "No quiero parar, pero vamos despacio, ¿va?" murmuró. Asentí, temblando, el olor de su colonia mezclándose con mi perfume de vainilla. Llegué a casa mojadita, tocándome pensando en él, el pulso acelerado latiendo en mi centro.

¿Por qué carajos me siento tan viva? Este wey me despierta algo animal, primal. Quiero más, neta quiero todo.

Entrada 3: El fuego que no se apaga

Hoy explotó. Me invitó a su depa en Polanco, vista al skyline, luces de la ciudad parpadeando como estrellas caídas. Entramos riendo, él con una botella de tequila Herradura, yo con ganas acumuladas de días. Puso música, cumbia rebajada que vibra en los huesos, y bailamos pegaditos. Su cuerpo contra el mío, erección presionando mi vientre, mis pezones endureciéndose contra su camisa.

"Ana, dime si quieres parar." Susurró en mi oído, aliento caliente rozando mi cuello. "Ni madres, Diego, te quiero ya." Lo empujé al sofá, desabotonando su camisa, besando su pecho moreno, salado de sudor fresco. Sus manos subieron mi falda, dedos hábiles encontrando mi tanga empapada. Gemí cuando me tocó ahí, círculos lentos que me hicieron arquear la espalda, el sonido de mi respiración jadeante llenando la habitación.

Me quitó la ropa con reverencia, lamiendo mis senos, mordisqueando pezones hasta que grité su nombre. Olía a hombre, a deseo crudo, y yo a miel y calor. Lo bajé los pantalones, su verga dura saltando libre, gruesa y venosa, palpitando. La tomé en mi boca, saboreando la piel suave sobre acero, él gimiendo "¡Chingao, morra, qué rica!" Lengua girando, succionando, sus caderas moviéndose instintivo.

Me levantó, piernas alrededor de su cintura, y me penetró de pie contra la pared. Lento al principio, estirándome delicioso, luego más rápido, piel chocando con piel, sudor resbalando. "Más fuerte, pendejo, dame todo." Le rogué, uñas clavándose en su espalda. El cuarto olía a sexo, a almizcle y fluidos mezclados, nuestros gemidos ahogando la ciudad abajo.

Cambié de posición, yo encima en la cama king size, cabalgándolo como reina, mis caderas girando, sintiendo cada centímetro llenándome. Sus manos en mis nalgas, guiándome, pulgares rozando mi otro agujerito, prometiendo más. El clímax llegó como tormenta, yo convulsionando, gritando, él explotando dentro, semen caliente inundándome mientras nos mirábamos a los ojos, conectados alma con cuerpo.


Entrada 4: Después del incendio

Despertamos enredados, sábanas revueltas oliendo a nosotros. Me hizo café, huevos rancheros con chorizo que picaba rico en la lengua, y desayunamos desnudos en la terraza, brisa fresca acariciando nuestra piel aún sensible. "Eres increíble, Ana. No es solo el sexo, es ." Me dijo, y creí cada palabra. Hablamos del futuro, de viajes a la playa en Puerto Vallarta, de no dejar que la rutina nos apague.

Pero adentro, pienso en este diario. Lo he escrito con el corazón en la mano, cada roce, cada suspiro. Lo subí anoche a un blog anónimo, el diario de una pasion gratis online, para que el mundo sienta esta llama. Comentarios ya llegan: "¡Qué chido, carnal!" de un desconocido. Me da poder, saber que mi historia inspira.

Diego no sabe aún, pero si lo lee, que sepa que es real, que lo nuestro es pasión pura, mexicana, ardiente como el sol de mediodía.

Ahora, con él dormido a mi lado, su respiración rítmica, mano en mi cadera, siento paz. Esto no acaba aquí; es el comienzo de muchas entradas más. Vida, amor, sexo: todo gratis online para quien quiera devorarlo.

Y mientras el sol sale tiñendo el cielo de rosa y naranja, sé que elegí bien. ¡Órale!

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