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La Pasion de Cristo Resumen Ardiente

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La Pasion de Cristo Resumen Ardiente

Era una noche calurosa en Puerto Vallarta, de esas que te pegan el vestido al cuerpo con el sudor y te hacen antojar un trago helado. Yo, Ana, acababa de llegar de la playa, con la piel tostada por el sol y el corazón latiendo fuerte después de un día de olas y risas con amigos. Entré a mi suite en ese hotel chido frente al mar, el aire cargado del olor a sal y coco de mi loción. Me tiré en la cama king size, exhausta pero con esa comezón en el cuerpo que no se quita ni con una regadera fría.

Ahí estaba él, Cristo, mi carnal del alma, el morro que me tenía loca desde que nos topamos en una fiesta la semana pasada. Alto, moreno, con esos ojos cafés que te desnudan de un vistazo y un cuerpo esculpido por horas en el gym y surf. Se llamaba así por su jefazo, pero yo le decía mi Cristo porque cada vez que me tocaba, sentía que me salvaba del tedio de la vida. Estaba recostado en la cama, con una chela en la mano, viendo la tele. "¿Qué pedo, nena? ¿Ya traes ganas?", me dijo con esa voz ronca que me eriza la piel.

Me acerqué, sintiendo el roce de las sábanas frescas contra mis muslos desnudos. Olía a su colonia, esa mezcla de madera y especias que me volvía loca. "Sí, güey, traigo fuego adentro. ¿Y tú qué? ¿Viendo tele como pendejo?", le contesté juguetona, quitándome el vestido de un jalón. Quedé en tanga y bra, el aire acondicionado me ponía los pezones duros como piedras. Él soltó una carcajada, se incorporó y me jaló hacia él. Sus manos grandes, callosas del trabajo en la construcción, me agarraron la cintura. Qué chingón se sentía su calor contra mi piel.

En mi cabeza, ya empezaba a armar la pasion de cristo resumen, como si fuera el borrador de una historia prohibida, mi versión carnal de esa película que tanto escándalo armó. Pero aquí no había clavos ni espinas, solo deseo puro, sudor y gemidos.

Nos besamos como si no hubiera mañana, su lengua invadiendo mi boca con sabor a cerveza y sal. Mordisqueaba mis labios, suave al principio, luego más fuerte, haciendo que un ronroneo saliera de mi garganta. Sus manos bajaron a mi culo, amasándolo con fuerza, y yo le clavé las uñas en la espalda, sintiendo los músculos tensos bajo la camiseta. "Quítate eso, cabrón", le ordené, y él obedeció rápido, quedando en boxers que no escondían su verga tiesa, gruesa y lista.

Acto primero de nuestra pasión: la provocación. Me tumbó boca arriba, besando mi cuello, lamiendo el sudor que perlaba mi clavícula. El sonido de las olas rompiendo afuera se mezclaba con mi respiración agitada. Olía a mar, a sexo inminente. Sus labios bajaron a mis tetas, chupando un pezón mientras pellizcaba el otro. ¡Ay, qué rico! Un rayo de placer me subió desde el pecho hasta el clítoris, que ya palpitaba empapado. "Estás mojadísima, Ana, ¿eh? Me encanta cómo te pones por mí", murmuró contra mi piel, su aliento caliente enviando escalofríos.

Yo no me quedé atrás. Le bajé los boxers, liberando esa verga morena, venosa, que saltó dura como fierro. La tomé en la mano, sintiendo el pulso acelerado, el calor que emanaba. La masturbé despacio, viendo cómo él cerraba los ojos y gemía bajito, "órale, nena, así". Le escupí en la mano y aceleré, el sonido chapoteante llenando la habitación. Él se arqueó, oliendo a hombre puro, a macho en celo.

Pero no queríamos acabar tan rápido. Nos dimos la vuelta, yo encima, frotándome contra su abdomen marcado. Mis jugos lo untaron todo, resbaloso y caliente. Le mordí el pecho, saboreando el salado de su piel, mientras él metía una mano entre mis piernas. Sus dedos gruesos separaron mis labios, rozando el clítoris con maestría. Me tenía jadeando, el corazón retumbando como tambor de mariachi. "Cristo, no pares, pendejo, me traes al borde", le supliqué, moviendo las caderas en círculos.

El medio tiempo llegó con la escalada. Me volteó como si nada, poniéndome a cuatro patas. El espejo del clóset reflejaba todo: mi culo en pompa, sus manos abriéndome, su verga apuntando. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. ¡Madre mía, qué llenada! Gemí fuerte, el sonido rebotando en las paredes. Él empezó a bombear, lento al inicio, cada embestida mandando ondas de placer por mi espina. Olía a sexo crudo, a sudor mezclado con mi esencia dulce.

En ese momento, pensé en la pasion de cristo resumen: sufrimiento y éxtasis en uno, pero el nuestro era puro gozo, sin cruces, solo cuerpos enredados en éxtasis mexicano.

"Más fuerte, Cristo, rómpeme, cabrón", le grité, empujando hacia atrás. Él aceleró, sus bolas chocando contra mi clítoris con cada estocada. El slap-slap-slap de piel contra piel era música, sus gruñidos roncos como rugidos. Me jaló el pelo suave, no para lastimar, sino para arquearme más, besando mi espalda empapada. Sentía su verga hincharse dentro, rozando ese punto que me volvía loca. Mis paredes lo apretaban, ordeñándolo, mientras el orgasmo se acumulaba como tormenta.

Yo me toqué el clítoris, frotando furiosa, el placer duplicándose. "Me vengo, güey, no pares", chillé, y exploté. Oleadas de fuego me recorrieron, piernas temblando, visión borrosa. Él no se detuvo, prolongando mi clímax hasta que me dejó temblorosa, jadeante. Entonces, con un rugido gutural, se corrió dentro, chorros calientes llenándome, su cuerpo convulsionando sobre el mío.

Caímos exhaustos, enredados en sábanas revueltas que olían a nosotros. Su pecho subía y bajaba contra mi mejilla, el corazón latiéndole fuerte aún. Me besó la frente, suave. "Qué chido estuvo eso, nena. Eres mi vicio". Yo sonreí, trazando círculos en su piel con la uña. El mar susurraba afuera, la brisa trayendo olor a jazmín del balcón.

Después, recostados, platicamos pendejadas. "Oye, Cristo, esto da para un resumen épico, como la pasion de cristo, pero en versión cachonda", le dije riendo. Él me apretó contra él. "Hazlo, publícalo en tu blog. Que todas sepan cómo te hago volar".

En el afterglow, con su semen goteando lento entre mis piernas, sentí paz. No era solo sexo; era conexión, deseo mutuo que nos empoderaba. Mañana seguiría la vida, pero esta noche, nuestra pasión era eterna. Y así, con el sabor de él en mis labios, me dormí, soñando más rondas.

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