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Pasiones Prohibidas Donde Se Grabó La Novela Abismo De Pasión

6917 palabras

Pasiones Prohibidas Donde Se Grabó La Novela Abismo De Pasión

El sol de Jalisco caía a plomo sobre las haciendas de Tequila, tiñendo de dorado los campos de agave azul que se extendían hasta el horizonte. Yo, Ana, había convencido a mi carnal, no, a mi amor, Javier, de venir hasta aquí en un viaje que prometía ser solo turismo. Pero neta, desde que leí en internet sobre donde se grabó la novela Abismo de Pasión, algo se removió dentro de mí. Esa hacienda El Laurel, con sus muros de adobe gruesos y sus patios llenos de secretos, parecía el lugar perfecto para desatar pasiones que llevábamos guardadas demasiado tiempo.

Javier conducía el coche rentado con esa sonrisa pícara que me derretía, su mano morena descansando en mi muslo desnudo bajo la falda corta. El aire olía a tierra húmeda y a fermento dulce de maguey, ese aroma que te envuelve como un abrazo caliente.

¿Por qué carajos me pongo tan caliente solo con oler esto? Es como si el espíritu del tequila me susurrara al oído promesas sucias.
Bajamos del auto en el estacionamiento polvoso y nos unimos al tour. La guía, una morra bien plantada con acento tapatío, nos contó anécdotas de la novela: "Aquí se besaron los protagonistas en el abismo de su pasión, ¿ven ese balcón? Ahí se declararon enemigos antes de amarse."

Mis ojos se clavaron en Javier. Alto, con pecho ancho y esa barba incipiente que raspaba delicioso mi piel. Sentí un cosquilleo entre las piernas mientras imaginaba recrear esas escenas. Él me guiñó un ojo, sabiendo exactamente qué pasaba por mi mente. El grupo avanzaba, pero nosotros nos rezagamos, fingiendo admirar las bodegas de barricas. Su aliento cálido en mi oreja: "Órale, Ana, estás viendo lo mismo que yo, ¿verdad? Este lugar pide a gritos que le demos vida otra vez." Su voz ronca, con ese slang jalisciense que me erizaba la piel, me hizo apretar las piernas.

En el patio central, rodeado de buganvilias rojas como labios hinchados, la tensión empezó a escalar. El sol se ponía, tiñendo todo de naranja fuego, y el grupo se dispersó hacia las catas de tequila. Nosotros nos escabullimos hacia un pasillo lateral, donde las sombras jugaban con la luz. Javier me acorraló contra la pared áspera de piedra, su cuerpo duro presionando el mío. Olía a sudor fresco y loción de sándalo, un combo que me volvía loca. Sus labios rozaron mi cuello, saboreando la sal de mi piel. "Te tengo ganas desde que salimos de Guadalajara, mi reina." Murmuró, y yo respondí con un gemido bajo, mis manos explorando su espalda musculosa bajo la camisa.

Esto es puro abismo, como en la novela. Caer sin red, solo piel contra piel.
Nuestras bocas se encontraron en un beso hambriento, lenguas danzando con sabor a menta y anticipación. Sus manos subieron por mis muslos, levantando la falda, dedos ásperos rozando mi ropa interior ya empapada. El sonido de nuestras respiraciones agitadas se mezclaba con el viento que susurraba entre las hojas de los naranjos cercanos. Me arqueé contra él, sintiendo su verga dura contra mi vientre, palpitante, lista. "Despacio, cabrón, que quiero disfrutarlo todo." Le dije entre jadeos, y él rio bajito, ese sonido grave que vibraba en mi pecho.

Nos movimos hacia una habitación abandonada que la guía había mencionado de pasada, usada en las grabaciones de la novela. La puerta crujió al abrirse, revelando un espacio con muebles antiguos cubiertos de polvo, pero con una cama amplia bajo un mosquitero raído. El aire estaba cargado de historia y deseo, oliendo a madera vieja y jazmín silvestre que trepaba por la ventana. Javier me tumbó con gentileza sobre las sábanas ásperas, sus ojos oscuros devorándome. Quitó mi blusa despacio, besando cada centímetro de piel expuesta: el valle entre mis senos, el ombligo, bajando hasta el borde de mis calzones.

Yo no me quedé atrás. Le desabroché el pantalón, liberando su miembro erecto, grueso y venoso, que saltó ansioso. Lo tomé en mi mano, sintiendo su calor pulsante, el terciopelo sobre acero. "Estás bien chingón, amor. Mírate, todo para mí." Él gruñó, un sonido animal que me mojó más. Me quitó la ropa interior con dientes, lamiendo el interior de mis muslos, saboreando mi excitación. Su lengua encontró mi clítoris, círculos lentos y tortuosos, chupando suave al principio, luego con hambre. Gemí alto, mis caderas buckeando contra su boca, el sabor salado de mi propia piel en su aliento cuando subió a besarme.

En donde se grabó la novela Abismo de Pasión, yo era la protagonista de mi propia historia erótica. Javier, mi galán perfecto, y este lugar, testigo de nuestro fuego.
La intensidad creció. Me puse encima, cabalgándolo despacio al principio, sintiendo cómo me llenaba por completo, estirándome delicioso. Sus manos en mis nalgas, guiándome, pellizcando suave. El slap de piel contra piel resonaba en la habitación, mezclado con mis "¡Sí, así, pendejito!" y sus "¡Qué rica estás, Ana, me aprietas como nadie!". Sudor perlando nuestros cuerpos, goteando entre mis pechos que rebotaban con cada embestida. Él se incorporó, mamando mis pezones duros, mordisqueando hasta que grité de placer.

Cambié de posición, de rodillas en la cama, él detrás, penetrándome profundo. Sus caderas chocando contra mis pompas, manos en mi cabello tirando suave, consensual, empoderándome en el control que le daba. El olor a sexo impregnaba el aire: almizcle, sudor, nuestro jugo mezclado. Sentía cada vena de su verga rozando mis paredes internas, construyendo la ola. "Vente conmigo, mi vida." Susurró, y yo aceleré, frotando mi clítoris mientras él me taladraba. El orgasmo nos golpeó como un rayo: yo convulsionando, gritando su nombre, él derramándose dentro con rugidos guturales, caliente y abundante.

Colapsamos juntos, jadeantes, cuerpos entrelazados en un enredo pegajoso de sudor y semen. El sol ya se había ido, dejando la habitación en penumbras suaves, solo iluminada por la luna que se colaba por las rendijas. Javier me besó la frente, su mano acariciando mi espalda en círculos perezosos. "Esto fue mejor que cualquier novela, ¿verdad?" Dijo, y yo asentí, riendo bajito.

Nada de abismos oscuros aquí, solo puro placer compartido, fortaleciendo lo nuestro.

Nos vestimos lento, robándonos besos robados, saliendo de la hacienda como si nada. El viento nocturno traía el eco distante de mariachis de algún pueblo cercano, celebrando vida y pasión. En el coche de regreso, su mano en mi rodilla otra vez, prometiendo más noches así. Donde se grabó la novela Abismo de Pasión no era solo un set olvidado; era nuestro nuevo santuario de deseo, donde el amor y el sexo se fundían en algo eterno, mexicano hasta los huesos.

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