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La Pasion por el Futbol Frases que Encienden la Piel

7399 palabras

La Pasion por el Futbol Frases que Encienden la Piel

El estadio rugía como un animal herido, el olor a cerveza derramada y el sudor de miles de cuerpos mezclándose en el aire caliente de la Ciudad de México. Yo, Ana, estaba ahí en la grada del Azteca, con mi camiseta del América ajustada al cuerpo, sintiendo cómo el sol del mediodía me lamía la piel del cuello. Neta, la pasión por el fútbol me corría por las venas como tequila puro. Ese día jugaban contra el Cruz Azul, y yo gritaba hasta quedarme ronca, con el corazón latiéndome en el pecho como un tambor de mariachi.

De repente, a mi lado, un wey alto, moreno, con ojos que brillaban como reflectores y una sonrisa pícara, se inclinó hacia mí. Llevaba la playera de la Selección, toda sudada pegada a sus músculos. ¡Órale, mamacita, qué grito! ¿Tú también sientes la pasión por el fútbol frases que te queman por dentro? dijo, con voz grave que me erizó la piel. Me reí, sintiendo un cosquilleo en el estómago. Sí, carnal, esas frases del Chicharito o del Hugo Sánchez me prenden como fuego. '¡Golazo!' y ya estoy sudando.

Se llamaba Diego, un chilango como yo, fanático hasta los huesos. Empezamos a platicar entre jugadas, gritando goles y pendejadas. Su pierna rozaba la mía accidentalmente, y cada roce era como una chispa. El viento traía el aroma de sus chicles de menta mezclado con su colonia masculina, y yo no podía dejar de mirarle los labios carnosos mientras repetía: 'La pelota es mía', ¿no? Como si me estuviera hablando a mí. Él se acercó más, su aliento cálido en mi oreja: Y tú, ¿de qué equipo eres en la cama? Mi cuerpo se tensó, el pulso acelerado compitiendo con los gritos del estadio.

El partido terminó con victoria americanista, y la euforia nos invadió. ¿Vamos por unas chelas a celebrar? propuso, y yo, con las mejillas ardiendo, asentí. Caminamos por las calles aledañas, el bullicio de los fans, el humo de los elotes asados flotando en el aire. En un bar chiquito, oscuro y con música de cumbia rebajada, nos sentamos pegaditos en una mesa de madera gastada. Pedimos coronitas heladas, el vidrio empañado goteando en mis dedos. Nuestras rodillas se tocaban ahora a propósito, y cada sorbo sabía a victoria y a promesa.

¿Qué chingados me pasa? Este wey me mira como si ya me estuviera desnudando con los ojos. Neta, su voz ronca repitiendo esas frases de fútbol me moja las bragas.

Empezamos un jueguito tonto pero caliente: recitar la pasión por el fútbol frases y torcerlas para lo nuestro. Yo dije: '¡Avanza, avanza!' como cuando me pides que te monte. Él rio, su mano grande cubriendo la mía sobre la mesa, el calor de su palma traspasando mi piel. '¡Córner! Para que me dobles contra la pared. Sus dedos trazaron un círculo en mi muñeca, y sentí un tirón directo entre las piernas. El bar olía a fritanga y a deseo reprimido, la luz tenue bailando en sus ojos oscuros.

La plática se puso intensa. Me contó de su infancia viendo partidos con su carnal, cómo el fútbol le enseñó a pelear por lo que quiere. Yo le confesé que siempre fantaseaba con un tipo que me tackleiara en la cama como en la cancha. Su mirada se oscureció, el pulso en su cuello latiendo visible. Ana, neta que desde que te vi gritando, quise besarte ahí mismo en la grada. Mi corazón tronó, el vello de mis brazos erizado. Me incliné, nuestros labios a milímetros, probando el sabor salado de su piel cuando le rocé la mejilla.

No aguantamos más. Salimos tambaleándonos de risa y lujuria, tomados de la mano hacia su depa en la Narvarte, no muy lejos. El taxi olía a plástico viejo y a nuestra excitación creciente. En el camino, su mano subió por mi muslo, bajo la falda, dedos firmes pero tiernos explorando. ¿Estás mojada por el fútbol o por mí? murmuró. Por tus frases, pendejo. gemí bajito, mordiéndome el labio.

Llegamos a su cuarto, minimalista con posters de la Selección y una cama king size que gritaba pecado. La puerta se cerró con un clic que resonó en mi cuerpo. Se me quitó la blusa despacio, besando cada centímetro de piel expuesta, su lengua caliente trazando el borde de mi sostén. Olía a jabón y hombre, su pecho duro presionando el mío. '¡Tiro libre!' dijo antes de lamerme el cuello, y yo arqueé la espalda, gimiendo.

Caímos en la cama, sábanas frescas contra mi espalda ardiente. Sus manos expertas desabrocharon mi brasier, liberando mis tetas que él devoró con hambre, chupando pezones duros como piedras. El sonido de succión húmeda, mis jadeos mezclados con los suyos, el crujido del colchón. Bajó más, besando mi vientre, lamiendo el ombligo hasta llegar a mis panties empapadas. Qué rico hueles, como a victoria. Las quitó de un jalón, y su boca me encontró, lengua girando en mi clítoris hinchado. Sentí olas de placer, mis caderas moviéndose solas, uñas clavadas en su pelo. ¡No pares, cabrón! pensé, mientras gritaba: '¡Gol de media cancha!'

Lo volteé, queriendo mi turno. Le bajé el pantalón, su verga saltando libre, gruesa y venosa, palpitando. La tomé en la mano, piel suave sobre acero, oliendo a macho puro. La lamí desde la base hasta la punta, saboreando la sal pre-semen, sus gemidos roncos como rugidos de estadio. ¡Chúpamela más hondo, reina! pedí yo misma en mi mente, mientras la engullía, garganta relajada por pura pasión.

Su sabor me enloquece, como un trofeo que quiero ganar. La pasión por el fútbol frases nos ha traído aquí, y no hay árbitro que pare esto.

La tensión crecía, cuerpos sudados resbalando. Me puso a cuatro patas, su pecho contra mi espalda, una mano en mi cadera, la otra en mi clítoris. Entró despacio, centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. ¡Qué prieta estás! gruñó, y yo respondí con un ¡Pásala! mientras empujaba contra él. El slap-slap de carne contra carne, el olor almizclado del sexo llenando la habitación, sus bolas golpeando mi culo. Aceleró, mis tetas rebotando, placer construyéndose como un contragolpe letal.

Cambié de posición, montándolo como amazona en el Azteca. Sus manos amasando mis nalgas, yo cabalgando furiosa, pelo volando, sudor goteando en su pecho. '¡Remate de cabeza!' chillé cuando me pellizcó los pezones. El orgasmo me golpeó primero, un tsunami que me hizo convulsionar, paredes apretándolo mientras gritaba su nombre. Él siguió embistiendo, hasta que se tensó, ¡Me vengo! y se derramó dentro, caliente y abundante, pulsos que sentía en mi alma.

Colapsamos, jadeantes, cuerpos entrelazados en un charco de sudor y fluidos. Su brazo alrededor de mi cintura, besos suaves en la frente. El aire acondicionado zumbaba bajito, trayendo frescura a nuestra piel febril. Esa fue la mejor pasión por el fútbol que he vivido. murmuró, riendo. Yo, acurrucada, sentí paz profunda, como después de un campeonato ganado.

Nos quedamos así horas, platicando de frases legendarias, planeando el próximo partido. Salí de ahí con piernas temblorosas pero alma llena, sabiendo que la pasión por el fútbol frases no solo enciende la cancha, sino también el fuego entre dos cuerpos que se encuentran. Neta, el fútbol es vida, y el sexo, el golazo final.

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