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En Que Plataforma Esta La Pasion De Cristo

6486 palabras

En Que Plataforma Esta La Pasion De Cristo

Estás tirada en el sofá de tu depa en la Condesa, con el aire acondicionado zumbando bajito y el olor a café recién hecho flotando desde la cocina. Es Jueves Santo, y aunque no eres de misa diaria, te picó la curiosidad por ver La Pasión de Cristo, esa película que todos comentan en redes. Agarras tu cel y tecleas rápido: en que plataforma esta la pasion de cristo. Google te escupe un chorro de resultados: Netflix no, Prime sí, pero con VPN, Disney tal vez. Frunces el ceño, neta que qué hueva buscar.

De repente, sientes unos pasos firmes en el piso de madera. Es Cristo, tu carnal de dos años, saliendo de la regadera con una toalla blanca enrollada en la cintura, gotas de agua resbalando por su pecho tatuado con un águila real. Ese wey mide 1.90, puro músculo de gym, y su sonrisa pícara te hace cosquillas en el estómago. Órale, justo lo que necesitaba para distraerme, piensas mientras lo ves acercarse, oliendo a jabón de sándalo y algo más, ese aroma macho que te pone la piel de gallina.

¿En qué plataforma está La Pasión de Cristo? Ni madres, la verdadera pasión está aquí, frente a ti, lista para devorarte.

Él se deja caer a tu lado, su muslo caliente rozando el tuyo. Mira la pantalla del cel y suelta una carcajada ronca. "¿En qué plataforma está La Pasión de Cristo, amor? ¿Buscas mi peli o qué?". Su voz grave vibra en tu pecho, y sientes un calor subiendo por tus piernas. Le das un codazo juguetón. "Pendejo, es la de Mel Gibson, pa la Semana Santa. ¿Tú sabes dónde verla?". Cristo se acerca más, su aliento cálido en tu oreja. "Yo soy Cristo, ¿no? Mi pasión está en esta plataforma", dice, palmeando su entrepierna con picardía. No puedes evitar reír, pero ya sientes esa humedad traicionera entre tus muslos.

El beginning de la tensión arranca ahí. Él te quita el cel de las manos y lo tira al sillón. Sus dedos fuertes recorren tu brazo, dejando un rastro de fuego. "Olvídate de la plataforma wey, mejor veamos algo en vivo". Tú lo miras a los ojos cafés intensos, y hay un desafío en el aire. Lo jalas por la nuca y lo besas, saboreando sus labios salados por el sudor post-regadera. Su lengua invade tu boca con hambre, y gimes bajito contra él. El sofá cruje cuando te subes a horcajadas, sintiendo su verga endureciéndose bajo la toalla, presionando justo donde lo necesitas.

La cosa escala gradual. Cristo desliza las manos por tu blusa suelta, quitándosela con calma, exponiendo tus tetas al aire fresco. Sus pulgares rozan tus pezones, que se paran como piedras. Neta, este hombre sabe cómo volverme loca, piensas mientras arqueas la espalda. Él baja la cabeza y chupa uno, succionando fuerte, el sonido húmedo llenando la sala junto a tu jadeo. Huele a tu perfume mezclado con su sudor, un olor embriagador que te marea. Tus uñas se clavan en su espalda ancha, sintiendo los músculos tensos bajo la piel suave.

"Estás bien rica, mi reina", murmura contra tu piel, su voz ronca como grava. Tú respondes bajando la mano, quitándole la toalla. Su verga salta libre, gruesa y venosa, palpitando en tu palma. La acaricias despacio, sintiendo el calor y la suavidad de la piel estirada. Él gruñe, un sonido animal que te eriza el vello. "No mames, Cristo, te sientes enorme hoy". Lo aprietas un poco, y él te voltea sobre el sofá, quedando encima, su peso delicioso aplastándote contra los cojines suaves.

En el medio del acto, la intensidad sube como olla exprés. Tus pantaloncillos shorts vuelan al piso, y él se acomoda entre tus piernas, rozando su punta mojada contra tu panocha empapada. No penetra aún; te tortura con besos en el cuello, mordisqueando la clavícula, mientras sus dedos exploran tus labios hinchados ahí abajo. Introduce uno, luego dos, curvándolos para tocar ese punto que te hace ver estrellas. El sonido chapoteante de tu humedad llena el cuarto, mezclado con tus gemidos: "¡Ay, wey, no pares!". Sudas, el olor a sexo crudo invade todo, salado y dulce.

¿En qué plataforma está la pasión? En su cuerpo, en sus manos, en cada roce que me hace temblar. Olvida la película, esto es lo real.

Piensas en resistir un segundo más, alargar el juego, pero tu cuerpo traiciona. "Cógeme ya, Cristo, no seas menso". Él sonríe triunfante, se posiciona y empuja lento, centímetro a centímetro. Sientes cada vena estirándote, llenándote hasta el fondo. El placer duele rico, un ardor que se transforma en éxtasis. Empieza a moverse, primero suave, sus caderas chocando contra las tuyas con palmadas húmedas. El sofá tiembla, tus tetas rebotan, y agarras sus nalgas firmes para clavarlo más hondo.

La psicología se entreteje: en su mirada ves amor puro, no solo lujuria. Este pendejo me conoce como nadie, sabe cuándo apretar, cuándo soltar. Acelera, sus bolas golpeando tu culo, el ritmo frenético. Tú clavas las uñas en su espalda, dejando marcas rojas. "¡Más fuerte, carnal! ¡Sí, así!". El olor a piel sudada, a corrida próxima, te envuelve. Sientes tu orgasmo construyéndose, un nudo en el vientre que explota en olas. Gritas su nombre, tu chochito contrayéndose alrededor de su verga, ordeñándolo.

Él no aguanta más. "Me vengo, amor", gruñe, y se corre dentro, chorros calientes inundándote. Su cuerpo tiembla encima del tuyo, pulsos compartidos latiendo al unísono. Se derrumban juntos, jadeando, el corazón retumbando como tambores. El afterglow es puro relax: él te besa la frente, suave, mientras su verga se ablanda aún dentro. Sales al baño rápido, sientes su semen resbalando por tus muslos, cálido y pegajoso.

De vuelta, se acurrucan en el sofá. El cel vibra olvidado en el piso, con la búsqueda de en que plataforma esta la pasion de cristo aún abierta. Cristo ríe bajito. "Al final, ¿dónde está?". Tú lo miras, pícara. "En la mejor plataforma: tú y yo, wey". Él te abraza fuerte, y sientes paz, esa conexión que va más allá del polvo. La noche cae sobre la ciudad, luces de la Condesa parpadeando afuera, pero aquí dentro, la pasión verdadera late tranquila, lista para más rondas.

Te quedas pensando, con su mano acariciando tu pelo húmedo: la Semana Santa puede esperar, pero esta pasión no. Neta, qué chido es tenerlo. Duermes pegada a su pecho, oliendo a él, saboreando el beso de buenas noches, con el eco de gemidos en tus oídos.

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