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Abismo de Pasion Capitulo 114

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Abismo de Pasion Capitulo 114

Ana se recostó en el sofá de su departamento en la Condesa, con el aroma a café recién molido flotando en el aire mezclado con el dulzor de las velas de vainilla que acababa a encender. La noche de México City bullía afuera, con el lejano rumor de los cláxones y el susurro de la brisa que colaba por la ventana entreabierta. Tenía veintiocho años, curvas que volvían locos a los hombres y una piel morena que brillaba bajo la luz tenue de la tele. Frente a ella, la pantalla parpadeaba con el inicio de Abismo de Pasion Capitulo 114, su telenovela favorita, esa que la hacía soñar con pasiones desbordadas y amores imposibles.

¿Por qué esta novela me pone así de caliente cada vez? Esos besos eternos, esas miradas que prometen todo...
pensó Ana mientras se acomodaba, sintiendo ya un cosquilleo entre las piernas. Llevaba un baby doll negro de encaje que apenas cubría sus muslos, y nada debajo. Sabía que Diego llegaría pronto, su carnal de toda la vida, el wey de treinta años que la conocía como la palma de su mano. Habían estado juntos cinco años, pero cada encuentro era como el primero: puro fuego.

La puerta se abrió con un clic suave, y ahí estaba él, alto, musculoso, con esa sonrisa pícara que le derretía las rodillas. Olía a colonia fresca y a la ciudad, un perfume varonil que la invadió de inmediato. "Órale, mi reina, ¿ya estás lista pa'l desmadre?" dijo Diego, dejando su chamarra en una silla y acercándose con pasos lentos, devorándola con los ojos.

Ana se mordió el labio, el corazón latiéndole fuerte. Abismo de Pasion Capitulo 114 seguía en la tele, con la protagonista gimiendo en brazos de su amante, y el sonido de sus jadeos llenaba la habitación. "Ven pendejo, siéntate conmigo. Esta novela me tiene bien prendida", le contestó ella, extendiendo la mano. Él se dejó caer a su lado, su muslo rozando el de ella, enviando chispas por su piel. El calor de su cuerpo era adictivo, como un tequila reposado que quema suave pero profundo.

Acto uno de su noche: la tensión inicial. Diego la rodeó con un brazo, sus dedos trazando círculos perezosos en su hombro desnudo. Ana inclinó la cabeza, inhalando su aroma, mientras en la pantalla la pasión escalaba. "Mira nomás, esa Angélica está que arde. Igualita a ti, mi amor", murmuró él, su aliento cálido contra su oreja. Ella rio bajito, un sonido ronco que vibró en su pecho.

Quiero que me toque ya, que me haga suya como en esas escenas prohibidas
, se dijo, sintiendo su pezón endurecerse bajo la tela fina.

La mano de Diego bajó despacio, rozando el borde del baby doll, subiendo por su muslo interior. Ana contuvo el aliento, el roce áspero de sus dedos callosos contra su piel suave la hacía temblar. Afuera, un perro ladró en la calle, pero dentro solo existían ellos y el latido acelerado de sus pulsos. "¿Te gusta, chula? Dime qué quieres", preguntó él, su voz grave como un tambor.

"Tú sabes, cabrón. Tócame como si fuera la última vez", respondió Ana, girándose para besarlo. Sus labios se encontraron en un choque húmedo, lenguas danzando con urgencia. Saboreó su boca, a menta y deseo puro, mientras sus manos exploraban. Él metió la mano bajo la prenda, encontrando su humedad, y ella gimió contra su boca. El sonido de la telenovela se mezclaba con sus respiraciones jadeantes: Abismo de Pasion Capitulo 114 era el catalizador perfecto.

El medio acto devoraba la calma. Ana se montó a horcajadas sobre él, sintiendo su verga dura presionando contra su concha a través del pantalón.

Qué rica se siente, tan gruesa, lista pa' romperme
, pensó, moviéndose lento, frotándose contra él. Diego gruñó, sus manos amasando sus nalgas, el tacto firme y posesivo. "No mames, estás empapada, mi vida. ¿Tanto te calienta la novela?"

Ella asintió, besando su cuello, lamiendo el sudor salado que empezaba a perlar su piel. Desabrochó su camisa, exponiendo el pecho velludo y bronceado, besos mordiscos bajando hasta sus abdominales. El aroma de su excitación subía, almizclado y embriagador, mezclándose con el de su propia esencia. "Quítate todo, quiero verte", ordenó Ana, empoderada, tomando el control. Él obedeció rápido, quitándose pantalón y bóxer, su miembro saltando libre, venoso y palpitante.

Ana se arrodilló entre sus piernas, el suelo fresco contra sus rodillas. Lo miró desde abajo, qué chingón está mi hombre, y lo tomó en la mano, sintiendo el calor pulsante. Lentamente, lo lamió desde la base hasta la punta, saboreando el precum salado. Diego jadeó, enredando dedos en su cabello. "Ay wey, qué rico chupas, no pares". Ella aceleró, succionando con hambre, el sonido húmedo llenando el cuarto, sincronizado con los gemidos de la tele.

Pero quería más. Se levantó, quitándose el baby doll en un movimiento fluido, sus tetas rebotando libres, pezones oscuros erectos. Diego la jaló hacia él, mamando un pezón con avidez, mordisqueando suave. Ana arqueó la espalda, el placer como rayos eléctricos bajando a su clítoris hinchado.

Esto es el abismo, puro vicio, no hay vuelta atrás
. Sus dedos bajaron a su entrepierna, frotando círculos en su botón, mientras él lamía el otro pecho, dejando rastros húmedos que se enfriaban al aire.

La intensidad subía como la marea en Acapulco. Diego la volteó, poniéndola de rodillas en el sofá, su culo en pompa. "Voy a comerte entera, mi reina", prometió, separando sus nalgas. Su lengua atacó primero, lamiendo su raja, hundiendo en su entrada jugosa. Ana gritó, el placer explosivo, su sabor ácido y dulce en su boca. Él chupaba su clítoris, dos dedos entrando y saliendo, curvándose para tocar ese punto que la volvía loca. "¡Sí, cabrón, así! ¡No pares, pendejo!", chillaba ella, empujando contra su cara, el olor a sexo impregnando todo.

El clímax se acercaba, pero ella lo detuvo. "Adentro, métemela ya". Diego se posicionó, la punta rozando su abertura, untándose de sus jugos. Entró lento, centímetro a centímetro, estirándola deliciosamente. Ambos gimieron, el sonido gutural, animal.

Está tan adentro, me llena toda, es mío
. Empezó a bombear, manos en sus caderas, piel contra piel chocando con palmadas rítmicas. Ana se tocaba el clítoris, el doble placer la llevaba al borde.

En la pantalla, Abismo de Pasion Capitulo 114 llegaba a su beso culminante, pero ellos ya estaban en su propio abismo. Diego aceleró, sudando, su espalda brillante bajo la luz. "Me vengo, mi amor, agárrate". Ana explotó primero, su concha contrayéndose en espasmos, chorros de placer mojando sus bolas. Él la siguió, gruñendo, llenándola con chorros calientes, profundo.

Acto final: el regazo posterior. Colapsaron juntos, cuerpos entrelazados, pegajosos de sudor y fluidos. El corazón de Ana latía desbocado contra el pecho de él, sus respiraciones calmándose lento. Olía a ellos, a sexo satisfecho, a hogar. Diego la besó la frente, suave. "Te amo, chula. Cada vez es mejor".

Ana sonrió, trazando patrones en su piel.

Esto es nuestro abismo de pasión, sin fin, puro capítulo eterno
. La tele seguía, créditos rodando, pero ellos ya tenían su propia historia. Se acurrucaron, el mundo afuera olvidado, en la calidez de su afterglow, listos para el próximo capítulo de su vida.

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