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Cual Es Mi Pasion Ejemplos De Fuego Carnal

6558 palabras

Cual Es Mi Pasion Ejemplos De Fuego Carnal

Estaba sentada en la terraza de ese bar en la Condesa, con el bullicio de la Ciudad de México zumbando a mi alrededor. El aire olía a tacos al pastor asándose en la esquina y a jazmines que trepaban por las paredes. Yo, Ana, una morra de veintiocho años que trabajaba en una galería de arte, me preguntaba cual es mi pasion ejemplos de eso que me hacía vibrar de verdad. ¿La pintura? ¿Los viajes? Nah, algo más profundo, algo que me erizara la piel como lo hacía el viento fresco de la noche.

Entonces lo vi. Diego, con su camisa ajustada marcando los músculos del pecho, cabello negro revuelto y una sonrisa que prometía travesuras. Se acercó a la barra, pidiendo un mezcal con limón. Nuestras miradas se cruzaron y sentí un cosquilleo en el estómago, como mariposas locas volando en mi vientre.

¿Qué carajos es esto? Piensa, Ana, ¿cuál es tu pasión? Ejemplos como esta mirada que me calienta hasta los huesos.
Me levanté, ajusté mi vestido rojo ceñido que abrazaba mis curvas, y caminé hacia él con el corazón latiendo fuerte.

—Órale, guapo, ¿me invitas un trago o qué? —le dije con voz juguetona, usando ese tono mexicano que siempre funciona.

Él rio, una carcajada grave que vibró en mi pecho. —Claro, mamacita. ¿Qué te pido? ¿Tequila o algo más fuerte?

Pedimos rondas, y platicamos de todo: de la neta de la vida en la CDMX, de cómo el tráfico te vuelve pendejo, de sueños locos. Su mano rozó la mía al pasarme el vaso, y juro que un chispazo eléctrico subió por mi brazo. Olía a colonia fresca con un toque de sudor masculino, ese aroma que te hace querer acercarte más. La música de cumbia rebajada sonaba bajito, invitando a mover las caderas.

Al rato, la tensión creció. Sus ojos bajaban a mis labios, a mi escote, y yo sentía mis pezones endureciéndose bajo la tela. Esto es pasión, wey, pensé. Ejemplos reales, no esas chingaderas abstractas.

Salimos del bar, caminando por las calles iluminadas con faroles. Su brazo rodeó mi cintura, y el calor de su palma se filtró a través del vestido. Llegamos a su depa en Polanco, un lugar chido con ventanales enormes y vistas a los edificios brillantes. La puerta se cerró con un clic suave, y ahí empezó lo bueno.

En el sillón de cuero negro, me sentó en su regazo. Sus labios capturaron los míos en un beso hambriento, lenguas danzando con sabor a mezcal y sal. Gemí bajito, sintiendo su erección presionando contra mis muslos. —Qué rico sabes, Ana —murmuró contra mi cuello, mordisqueando la piel sensible. El roce de su barba incipiente me erizó la nuca, y olía su aliento cálido mezclado con el mío.

Mis manos exploraron su espalda, clavando uñas en la camisa hasta rasgarla un poco. Él rio. —Eres fuego, morra. Me quitó el vestido de un tirón, dejando mis tetas al aire. Sus ojos se oscurecieron de deseo al ver mis pezones rosados endurecidos. Los lamió con la lengua plana, chupando fuerte hasta que arqueé la espalda, gimiendo su nombre. El sonido de mi propia voz, ronca y needy, me sorprendió.

¿Cuál es mi pasión? Ejemplos como esta boca que me vuelve loca.

Lo empujé al sillón y me arrodillé entre sus piernas. Desabroché su pantalón, liberando su verga dura, gruesa, con venas palpitantes. La tomé en la mano, sintiendo el calor pulsante, el terciopelo de la piel sobre acero. La lamí desde la base hasta la punta, saboreando el precum salado. Él gruñó, enredando dedos en mi cabello. —Sigue, chula, no pares. Chupé más profundo, garganta relajada, escuchando sus jadeos entrecortados y el slap húmedo de mi boca.

Pero quería más. Me levanté, quitándome la tanga empapada. Mi coño chorreaba, hinchado de necesidad. Me monté en él, guiando su pija a mi entrada. Despacio, centímetro a centímetro, me hundí hasta el fondo. ¡Ay, wey! Llenaba perfecto, rozando ese punto que me hacía ver estrellas. Empecé a cabalgar, tetas rebotando, sudor perlando mi piel. Él agarró mis caderas, embistiendo arriba con fuerza. El sonido de carne contra carne, slap slap slap, llenaba la habitación junto a nuestros gemidos.

El clímax se acercaba como una ola. Sudor goteaba entre mis pechos, mezclándose con su saliva. Olía a sexo puro, almizcle y deseo. —Vente conmigo, Diego —supliqué, clavando uñas en su pecho. Él aceleró, un dedo en mi clítoris frotando círculos rápidos. Exploté primero, coño contrayéndose en espasmos, jugos corriendo por sus bolas. Él rugió, llenándome con chorros calientes, profundo.

Pero no paramos ahí. La noche era joven. Me llevó a la cama king size, sábanas de algodón egipcio suaves contra mi piel enrojecida. Me puso a cuatro patas, admirando mi culo redondo. —Qué nalgonas tan ricas —dijo, dando una nalgada juguetona que resonó. Lamio mi raja desde atrás, lengua en el ano y coño, saboreando mis fluidos. Gemí alto, empujando contra su cara.

Entró de nuevo, esta vez por atrás, más profundo. Sus bolas golpeaban mi clítoris con cada estocada. Agarró mis tetas colgantes, pellizcando pezones. Esto es pasión de verdad, pensé en medio del éxtasis. Ejemplos grabados en mi alma. Sudor chorreaba, cuerpos resbalosos uniéndose. Él susurraba guarradas al oído: —Tu panocha es mía, Ana, apriétame más. Yo respondía con obscenidades mexicanas: —Cógeme duro, cabrón, hazme tuya.

El segundo orgasmo me dobló, piernas temblando, visión borrosa. Él se corrió otra vez, gruñendo como animal. Colapsamos, pieles pegajosas, respiraciones agitadas. El aroma a semen y sudor impregnaba el aire, mezclado con su colonia.

Despertamos enredados al amanecer, luz dorada filtrándose por las cortinas. Besos suaves ahora, exploratorios. —¿Y bien, cuál es tu pasión? —me preguntó con picardía, trazando círculos en mi vientre.

Lo miré, sonriendo. —Tú, wey. Ejemplos como esta noche que no olvidaré.

Nos duchamos juntos, agua caliente cayendo como lluvia tropical. Jabón espumoso en sus manos masajeando mis curvas, dedos colándose de nuevo para un rapidín contra la pared. Salí de ahí con el cuerpo dolorido pero satisfecho, piernas flojas. Caminando por las calles soleadas de Polanco, con el sabor de él en mis labios, supe que había encontrado mi fuego interior. Cual es mi pasion ejemplos claros: el placer compartido, el toque que enciende el alma. Y quién sabe, tal vez lo busque de nuevo pronto.

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