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Resumen Pasional de la Pelicula Diario de una Pasion

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Resumen Pasional de la Pelicula Diario de una Pasion

Era una noche calurosa en mi depa de Condesa, con el ventilador zumbando como loco y el olor a tacos de la esquina colándose por la ventana. Yo, Ana, estaba recostada en el sofá con Marco, mi carnal de años, viendo la tele. Habíamos pedido unas chelas bien frías y unos guacs bien ricos. De repente, en el canal pasaban un tráiler de esa peli romántica que tanto me gustaba: Diario de una pasión. Le dije a Marco, neta, wey, dame un resumen de la película Diario de una pasión, porque la última vez que la vi me dejó con el corazón latiendo como tambor.

Él se rió, con esa sonrisa pícara que me derrite, y me jaló pa'cá, pegando su cuerpo al mío.

Órale, mi reina, te lo resumo rapidito: es de un amor que no se apaga ni con los años, como el nuestro, pero con más drama y besos bajo la lluvia.
Sus palabras me erizaron la piel, y sentí un calorcito subiéndome por las piernas. El resumen de la película Diario de una pasión que me dio fue corto, pero ya me había prendido el mood. Imaginé a Noah y Allie, sus cuerpos enredados, y de pronto, lo vi a él, a Marco, como mi Noah mexicano, con sus ojos cafés intensos y esa barba de tres días que tanto me gusta raspar con los labios.

La tensión empezó a crecer cuando apagó la tele y me miró fijo. Su aliento olía a cerveza y a menta de su chicle, y el sudor de su cuello me llamó como imán. Le puse la mano en el pecho, sintiendo su corazón galopando bajo la playera. ¿Quieres que te cuente más del resumen? murmuró, pero su voz ya era ronca, cargada de deseo. Negué con la cabeza, mordiéndome el labio. No quería palabras, quería acción. Nuestros labios se juntaron suaves al principio, como en esa escena de la peli donde se besan por primera vez, pero con el twist nuestro: mis uñas clavándose en su espalda, su lengua explorando mi boca con hambre de lobo.

Acto uno del deseo: nos fuimos levantando del sofá, tropezando con las chelas vacías, riéndonos como pendejos. Lo empujé contra la pared del pasillo, oliendo su colonia mezclada con el aroma de su piel caliente. Qué rico hueles, cabrón, le susurré al oído, lamiéndole el lóbulo. Él gimió bajito, un sonido que me vibró en el estómago. Sus manos grandes bajaron por mi cintura, metiéndose bajo mi blusa, tocando mi piel desnuda. Sentí sus dedos ásperos, de tanto trabajar en la constructora, rozándome la espalda, y un escalofrío me recorrió entera.

Te voy a hacer mía como en esa película, pero mejor, mi amor
, dijo, y neta, esas palabras me mojaron al instante.

En el cuarto, la luz de la luna se colaba por las cortinas, pintando sombras en su torso desnudo cuando se quitó la playera. Lo miré, admirando sus músculos marcados, el vello oscuro bajando hasta su abdomen. Me quité el short despacio, provocándolo, dejando que viera mis curvas bajo la tanga de encaje. Él se acercó, arrodillándose, besándome las piernas desde los tobillos hasta los muslos. Su aliento caliente en mi piel era fuego puro, y el roce de su barba me picaba delicioso. Internalmente, pensaba: Esto es mejor que cualquier resumen de la película Diario de una pasión, porque aquí no hay actores, solo nosotros, crudos y reales.

Acto dos, la escalada: me tumbó en la cama con cuidado, como si yo fuera de cristal, pero sus ojos decían que me iba a romper de placer. Empezó lamiéndome el cuello, bajando por mis tetas, chupando un pezón hasta ponérmelo duro como piedra. Gemí fuerte, arqueándome, agarrándole el pelo. El sabor salado de su sudor en mi lengua cuando lo besé de nuevo, mezclado con el mío propio. Sus manos exploraban mi panocha por encima de la tanga, frotando despacio, sintiendo lo húmeda que ya estaba.

Neta, Ana, estás chingona de mojada por mí
, dijo riendo, y yo le contesté: Pos claro, pendejo, es por tu resumen tan caliente.

La tensión subía como olla exprés. Le bajé el pantalón, liberando su verga dura, palpitante, oliendo a hombre puro. La tomé en la mano, sintiendo su calor, las venas marcadas, y la masturbe lento, viéndolo cerrar los ojos y morderse el labio. Él metió los dedos dentro de mí, dos de golpe, curvándolos justo en ese punto que me hace ver estrellas. El sonido chapoteante de mi humedad, sus jadeos roncos, el crujir de las sábanas bajo nosotros. Me volteó, poniéndome a cuatro patas, y empezó a lamerme desde atrás, su lengua en mi clítoris, chupando como si fuera el mejor dulce del mundo. Grité su nombre, temblando, al borde del primer orgasmo. No pares, Marco, no pares, suplicaba en mi mente, y él no paró, hasta que exploté, ondas de placer recorriéndome el cuerpo, piernas flojas, visión borrosa.

Pero no era el fin. Me giró de nuevo, cara a cara, queriendo verme. Se puso un condón rápido –siempre cuidadosos, mis amores– y se hundió en mí despacio, centímetro a centímetro. Su grosor estirándome delicioso, llenándome hasta el fondo, el roce interno que me hacía jadear. Empezamos moviéndonos al ritmo, lento al principio, como olas del mar en Acapulco, después más rápido, chocando piel con piel, sudor goteando. Sus embestidas profundas, yo clavándole las uñas en los glúteos, jalándolo más adentro.

Eres mi pasión eterna, como en el diario de esa peli
, murmuró entre gemidos, y yo respondí: Y tú mi Noah chingón. La intensidad crecía, nuestros cuerpos resbalosos, olores mezclados de sexo y amor, sonidos de carne contra carne, respiraciones agitadas.

Acto tres, la liberación: sentí el clímax construyéndose otra vez, más fuerte, como tormenta. Él aceleró, gruñendo, yo apreté las paredes internas alrededor de él, ordeñándolo. El mundo se redujo a su mirada clavada en la mía, sus caderas golpeando, mi clítoris rozando su pubis. Explotamos juntos, él derramándose dentro del condón con un rugido animal, yo convulsionando, lágrimas de puro gozo en los ojos. Nos quedamos pegados, jadeando, su peso sobre mí reconfortante.

En el afterglow, nos acurrucamos bajo las sábanas revueltas, el ventilador enfriando nuestros cuerpos calientes. Le acariciaba el pecho, oyendo su corazón volver a normal. El mejor resumen de la película Diario de una pasión es este que acabamos de vivir, le dije, besándole la frente. Él sonrió, abrazándome fuerte.

Sí, mi vida, y mañana lo repetimos, con más detalles
. Dormimos así, envueltos en el olor de nuestro amor, sabiendo que nuestra pasión, como en esa historia, no se apagaría nunca. Neta, qué chido es tener un amor así, puro fuego mexicano.

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