La Pasion Cancion de Novela
La noche en la Ciudad de México se sentía como el preludio de una tormenta de deseo. Yo, Ana, acababa de llegar a mi depa en la Condesa después de un día eterno en la oficina. El aire olía a jazmín de los balcones vecinos y a esa humedad que promete lluvia. Encendí la tele y ahí estaba, mi novela favorita, Corazón Salvaje, con esa escena donde el galán besa a la protagonista bajo la luna. De repente, sonó la pasión canción de novela, esa rola ranchera con guitarra y violín que te eriza la piel, hablando de amores imposibles y cuerpos que se buscan en la oscuridad.
Mi carnal, no, mi amor, Javier, entró por la puerta con una sonrisa pícara, cargando una botella de tequila reposado y dos limones frescos. "Órale, mami, ¿ya estás en tu rollo de novelas?", me dijo con esa voz ronca que me hace temblar las rodillas. Javier es alto, moreno, con ojos negros como el obsidiano y manos callosas de tanto trabajar en su taller de motos. Llevábamos seis meses de noviazgo intenso, de esos que te dejan sin aliento, pero esa noche algo en el aire se sentía diferente, cargado, como si la pasión canción de novela nos hubiera invocado.
Me acerqué a él, sintiendo el calor de su cuerpo antes de tocarlo. "Ven, wey, siéntate conmigo. Esta rola me tiene bien prendida". Nos sentamos en el sillón de piel sintética que crujía bajo nuestro peso. El tequila bajó suave por mi garganta, quemando dulce, con ese sabor ahumado que sabe a tierra mexicana. Javier me miró fijo, su mano rozando mi muslo desnudo bajo la falda corta.
¿Por qué carajos me mira así? Como si quisiera comerme viva. Neta, este hombre me despierta demonios que ni sabía que tenía.El corazón me latía fuerte, sincronizado con el ritmo de la guitarra en la tele.
La novela avanzaba, la pareja en pantalla se besaba con hambre, y Javier no se hizo de rogar. Su boca encontró la mía, labios carnosos, lengua juguetona probando el tequila en mi saliva. Olía a sudor limpio y a colonia barata, esa mezcla que me vuelve loca. Sus manos subieron por mis piernas, ásperas contra mi piel suave, erizándome el vello. "Ana, preciosa, ¿sabes qué? Tú eres mi novela, mi pasión pura", murmuró contra mi cuello, mordisqueando suave. Gemí bajito, el sonido perdido en la canción que aún sonaba, ahora más lenta, más sensual.
Acto primero de nuestra propia historia: la seducción lenta. Me recargué en él, sintiendo su erección dura contra mi cadera. Qué chido se siente eso, presionando como promete más. Le quité la playera, revelando su pecho tatuado con un águila real, músculos tensos por el deseo. Mis uñas arañaron leve su espalda, oyendo su jadeo ronco. "No mames, Ana, me vas a matar". Reí, juguetona, y lo empujé al sillón. Me paré frente a él, quitándome la blusa despacio, dejando que viera mis tetas firmes, pezones duros como piedras bajo su mirada hambrienta.
El aroma de mi excitación empezaba a flotar, mezclado con el tequila y el incienso que había encendido antes. Bajé la falda, quedando en tanga negra de encaje. Javier se lamió los labios, ojos brillantes. "Ven acá, mamacita". Me senté a horcajadas sobre él, frotándome contra su pantalón, sintiendo el bulto palpitar. Nuestros besos se volvieron fieros, dientes chocando, lenguas enredadas. Sus manos amasaron mis nalgas, dedos hundiéndose en la carne suave.
Esto es mejor que cualquier novela, neta. Su toque me quema por dentro, como fuego de mezcal.
La tensión subía como la marea en Acapulco. Javier me levantó en brazos, fuerte como toro, y me llevó al cuarto. La cama king size nos esperaba, sábanas de algodón egipcio frescas contra mi espalda ardiente cuando me tiró ahí. Se quitó el pantalón de un jalón, su verga saltando libre, gruesa, venosa, goteando ya de anticipación. La miré, lamiéndome los labios, sabiendo que pronto la probaría. "Te quiero toda, Ana", gruñó, trepando sobre mí.
Acto segundo: la escalada al éxtasis. Empezó besando mi cuerpo entero, lengua trazando caminos de fuego desde mis pechos hasta mi ombligo. Chupó mis pezones, succionando fuerte, haciendo que arqueara la espalda y gimiera alto. El sonido de mi voz rebotaba en las paredes, mezclado con su respiración agitada. Bajó más, olfateando mi sexo húmedo. "Hueles a miel y pecado, preciosa". Su lengua separó mis labios, lamiendo lento mi clítoris hinchado. Santo cielo, qué lengua tan hábil, como si supiera cada rincón secreto.
Me retorcí bajo él, manos enredadas en su pelo negro, empujándolo más profundo. "¡Sí, Javier, así, no pares, cabrón!". Él rio contra mi piel, vibrando delicioso, y metió dos dedos gruesos dentro de mí, curvándolos para tocar ese punto que me hace ver estrellas. El jugo chorreaba, mojando sus dedos, el olor almizclado llenando la habitación. Gemí su nombre, caderas moviéndose al ritmo de sus embestidas digitales. La canción de la novela aún retumbaba en mi mente, la pasión canción de novela, ahora banda sonora de nuestro fuego.
Pero quería más, lo necesitaba dentro. Lo jalé arriba, guiando su verga a mi entrada resbalosa. "Fóllame ya, amor". Entró de un empujón suave, llenándome hasta el fondo, estirándome perfecto. Gritamos juntos, piel contra piel chocando húmeda. El sudor nos cubría, salado en mi lengua cuando lo besé. Empezó a moverse, lento al principio, sacando casi todo para volver hondo, rozando cada nervio.
Esto es la neta del planeta, su grosor pulsando dentro, mi coño apretándolo como guante.Aceleró, cama crujiendo, cuerpos slap-slap en éxtasis.
Sus manos en mis caderas, marcándome, yo arañando su espalda, dejando surcos rojos. Cambiamos posiciones: yo encima, cabalgándolo como amazona, tetas rebotando, él chupándolas. El placer subía en espiral, mi clítoris frotándose contra su pubis. "Me vengo, Javier, ¡me vengo!". Explosé, contrayéndome alrededor de él, chorros calientes mojándonos. Él gruñó, volteándome a perrito, embistiendo feroz. Su mano bajó a mi clítoris, frotando mientras me taladraba. Olía a sexo puro, a nosotros dos fundidos.
Acto tercero: la liberación total. "Ana, te amo, carajo", jadeó, y se vino dentro, chorros calientes inundándome, su verga latiendo. Colapsamos, enredados, pulsos acelerados uniéndose. El afterglow fue dulce: besos suaves, caricias perezosas en la piel sudorosa. Afuera llovía, gotas tamborileando en la ventana como aplausos. Javier me abrazó, su aliento tibio en mi oreja. "Eres mi canción, mi pasión eterna".
Me quedé ahí, sintiendo su semen escurrir lento, cálido, marca de nuestra unión.
Neta, esto supera cualquier novela. La pasión canción de novela nos unió esta noche, pero nuestro fuego arderá siempre.Dormimos así, envueltos en sábanas revueltas, el aroma de sexo y amor impregnando todo. Mañana sería otro día, pero esta noche fuimos protagonistas de nuestra propia historia ardiente.