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Pasión Cristal Película Completa Ardiente

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Pasión Cristal Película Completa Ardiente

Cristal se recostó en el sofá de su departamento en Polanco, el aire cargado con el aroma dulce de las velas de vainilla que acababa de encender. Afuera, las luces de la Ciudad de México parpadeaban como estrellas caídas, pero adentro, todo era calma y anticipación. Tenía veintiocho años, curvas que volvían locos a los hombres y una piel morena que brillaba bajo la luz tenue. Esa noche, había desempolvado un viejo DVD que encontró en el cajón de su abuela: Pasión Cristal película completa. Neta, qué chido, pensó, recordando cómo de chamaca se emocionaba con las telenovelas llenas de drama y besos apasionados.

Presionó play y la pantalla cobró vida con los acordes dramáticos de la apertura. Lucía Méndez como la protagonista, con ojos de fuego y vestidos ceñidos, desataba pasiones prohibidas. Cristal sintió un cosquilleo en el estómago, ese calor que subía desde su vientre. Se acomodó, cruzando las piernas, notando cómo su short de algodón se pegaba un poco a su piel húmeda.

¿Por qué carajos me pongo así con esto? Es puro cotorreo de los ochenta
, se dijo, pero no podía apartar la vista. El sonido de las voces apasionadas llenaba la sala, y ella imaginaba esas manos fuertes sobre su cuerpo.

De repente, el timbre sonó. Era Alejandro, su vecino del piso de arriba, el tipo alto y guapo con tatuajes en los brazos y una sonrisa que derretía. Habían coqueteado por meses, pero nunca habían pasado de besos robados en el elevador. Órale, justo ahora, murmuró ella, levantándose con el corazón latiéndole a mil. Abrió la puerta y ahí estaba él, con una botella de tequila reposado en la mano y jeans ajustados que marcaban todo.

—Ey, güey, ¿qué onda? Traje esto pa' la noche, ¿me dejas pasar? —dijo él con esa voz ronca que la ponía mal.

—Pasa, carnal. Justo estoy viendo una película bien retro. Pasión Cristal película completa. Siéntate, ¿no?

Alejandro se dejó caer a su lado, tan cerca que Cristal olió su colonia fresca, mezclada con un toque de sudor masculino que la mareó. Sirvió dos shots y brindaron. La telenovela seguía, con una escena donde la protagonista se entregaba a su amante en un beso interminable. El aire se espesó, cargado de electricidad. Sus rodillas se rozaron, y ella sintió el calor de su muslo contra el suyo.

Acto primero de su propia pasión: la tensión inicial. Cristal lo miró de reojo, viendo cómo sus ojos seguían la pantalla pero su cuerpo se inclinaba hacia ella. Se nota que está puesto, pensó, notando el bulto en sus pantalones. Él giró la cabeza y sus miradas chocaron.

—Esta película está cañona, ¿verdad? Toda esa pasión... me prende —susurró Alejandro, su aliento cálido contra su oreja.

—Neta, me tiene mojadita —confesó ella, juguetona, sintiendo un pulso entre sus piernas.

Él rio bajito y acercó la mano a su muslo, acariciando despacio la piel suave. Cristal jadeó, el toque enviando chispas por su espina. La película avanzaba, pero ellos ya estaban en su propio guion.

El medio tiempo llegó con besos. Alejandro la atrajo hacia él, sus labios capturando los de ella en un beso hambriento. Sabían a tequila y deseo, lenguas danzando con urgencia. Qué rico sabe, como a hombre de verdad, pensó Cristal mientras sus manos exploraban su pecho firme bajo la camisa. Él gruñó contra su boca, bajando las manos a sus nalgas, apretándolas con fuerza posesiva pero tierna. Ella se montó a horcajadas sobre él, frotándose contra su dureza, el roce haciendo que su panochita palpitara de necesidad.

La pantalla mostraba a la protagonista gimiendo en éxtasis, y Cristal imitó el sonido, bajito al principio, mientras Alejandro le quitaba la blusa. Sus senos saltaron libres, pezones duros como piedras bajo su mirada hambrienta. Él los lamió, succionando uno mientras pellizcaba el otro, el placer como rayos directos a su clítoris. ¡Ay, cabrón, qué chingón! gritó ella internamente, arqueando la espalda. El olor de su excitación llenaba el aire, almizclado y dulce, mezclado con el perfume de ella.

Se levantaron, tropezando hacia la recámara, dejando un rastro de ropa. Alejandro la tumbó en la cama king size, besando su cuello, mordisqueando la piel sensible. Cristal metió la mano en sus boxers, agarrando su verga gruesa y caliente, palpitante en su palma. La masturbó despacio, sintiendo las venas, el líquido preseminal untándose en sus dedos. Él jadeó, "Qué rica mano tienes, mi amor", y bajó entre sus piernas.

Su lengua encontró su centro húmedo, lamiendo con devoción. Cristal gritó, las caderas levantándose, el sonido de su chupeteo obsceno y delicioso. Sabe a miel, a mi miel, pensó él, mientras ella se retorcía, oliendo su cabello mojado de sudor. Los dedos de él entraron, curvándose contra su punto G, mientras su boca succionaba el clítoris. La tensión crecía, como una ola imparable, sus gemidos mezclándose con los de la película que aún sonaba de fondo.

El clímax se acercaba en oleadas. Cristal lo jaló arriba, guiando su verga a su entrada resbaladiza. Entró de un empujón, llenándola por completo, el estiramiento exquisito. "¡Sí, métemela toda, pendejo caliente!" rugió ella, clavando las uñas en su espalda. Él embistió con ritmo, piel contra piel chocando con palmadas húmedas, sus bolas golpeando su culo. Sudor goteaba, salado en sus labios cuando se besaron. Ella lo montó después, cabalgando como amazona, senos rebotando, controlando el placer. Él la miró embobado, manos en sus caderas, "Eres una diosa, Cristal, qué chida te ves corriéndote".

La liberación llegó como tormenta. Cristal se tensó, el orgasmo explotando en estrellas detrás de sus ojos cerrados, paredes internas apretando su polla mientras gritaba su nombre. Alejandro la siguió segundos después, gruñendo como animal, llenándola con chorros calientes que la hicieron temblar de nuevo. Colapsaron juntos, jadeantes, el corazón tronando al unísono.

En el afterglow, se acurrucaron bajo las sábanas revueltas, el DVD olvidado en loop infinito. Alejandro besó su frente, oliendo a sexo y satisfacción.

Esto fue mejor que cualquier película, neta
, pensó ella, trazando círculos en su pecho. La pasión cristalina de la noche los unía ahora, un lazo de deseo mutuo y empoderador. Afuera, la ciudad dormía, pero ellos sabían que esto era solo el principio de su propia película completa.

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