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Pasión por el Dinero en su Piel

6478 palabras

Pasión por el Dinero en su Piel

En el corazón de Polanco, donde las luces de neón besan los cristales de los rascacielos, me encontraba yo, Ana, con mi copa de tequila reposado en la mano. El aire olía a cuero caro y perfume francés, y el jazz suave flotaba como una caricia. Tenía pasión por el dinero, esa fiebre que me hacía vibrar desde los huesos. No era solo billetes, era el poder, el cosquilleo de cerrar un trato que te cambia la vida. Esa noche, en el rooftop del hotel más chido de la colonia, buscaba inversores para mi startup de moda sostenible. Vestida con un vestido negro ceñido que marcaba mis curvas como un guante, me sentía invencible.

Entonces lo vi. Carlos, alto, moreno, con esa mandíbula cuadrada que gritaba macho alfa. Su traje italiano se ajustaba perfecto a sus hombros anchos, y sus ojos cafés me escanearon de arriba abajo como si ya supiera lo que quería. Se acercó a la barra, pidió un whisky on the rocks, y nuestras miradas chocaron. Neta, güey, este tipo es puro fuego, pensé mientras mi pulso se aceleraba.

—Buenas noches, preciosa. ¿Esperas a alguien o el destino nos juntó? —dijo con voz grave, ronca, que me erizó la piel.

—El destino cobra en dólares, guapo. Soy Ana, emprendedora. ¿Y tú?

Se rio, un sonido profundo que vibró en mi pecho. —Carlos. Inversor. Cuéntame de tu negocio. Me intriga una mujer con visión.

Nos sentamos en una mesa apartada, el viento nocturno jugaba con mi cabello. Hablamos de números, proyecciones, retornos. Pero entre cifras, sus rodillas rozaban las mías bajo la mesa, un toque eléctrico que mandaba chispas directo a mi entrepierna. Olía a sándalo y tabaco fino, un aroma que me mareaba. Mi pasión por el dinero se mezclaba con algo más primitivo: deseo puro.

¿Y si este trato no es solo business? ¿Y si su inversión viene con piel de por medio?
Mi mente divagaba mientras él me devoraba con la mirada.

La noche avanzaba, las copas se vaciaban. Su mano rozó mi muslo al gesticular, y no la quité. Al contrario, apreté un poco, sintiendo el calor de su palma a través de la tela. —Tienes fuego, Ana. No solo en los números. ¿Qué tal si subimos a mi suite? Ahí platicamos mejor... sin interrupciones.

Mi corazón latía como tamborazo en fiesta. Esto es lo que buscas: dinero y placer. Asentí, mordiéndome el labio. —Chido. Muéstrame lo que ofreces.

El elevador era un lujo: espejos por todos lados, luces tenues. Apenas se cerraron las puertas, me acorraló contra la pared. Sus labios capturaron los míos en un beso hambriento, lengua invadiendo mi boca con sabor a whisky y menta. Gemí bajito, mis manos en su nuca, tirando de su cabello corto. Sus caderas presionaron contra las mías, y sentí su verga dura, gruesa, palpitando contra mi vientre. ¡Qué chingón! El ding del elevador nos separó, pero sus ojos prometían más.

La suite era un sueño: vista panorámica de la ciudad, cama king size con sábanas de hilo egipcio, jacuzzi burbujeante. Me quitó el vestido con dedos expertos, deslizándolo por mis hombros hasta que quedé en lencería de encaje rojo. —Eres una diosa, nena —murmuró, besando mi cuello, chupando el lóbulo de mi oreja. Su aliento caliente me ponía la piel de gallina.

Lo empujé al sofá, desabotonando su camisa. Su pecho era puro músculo, pectorales firmes con vello oscuro que invitaba a lamer. Bajé más, libré su verga del pantalón: larga, venosa, goteando precum. La tomé en mi mano, suave como terciopelo sobre acero, y la lamí desde la base hasta la punta, saboreando su salado almizcle. Carlos gruñó, —¡Carajo, Ana, qué boca! Sus caderas se movían, follándome la boca con ritmo lento.

Pero yo mandaba. Lo monté, restregando mi coño empapado contra su polla. El roce era tortura deliciosa, mi clítoris hinchado rozando su glande.

Esta es mi pasión por el dinero: controlarlo todo, incluso el placer
. Me quité el bra, mis tetas rebotaron libres, pezones duros como piedras. Él los atrapó en su boca, succionando fuerte, mordisqueando hasta que grité de placer.

—Chíngame ya, Carlos. Quiero sentirte adentro.

Me levantó como pluma, me llevó a la cama. Caímos enredados, sábanas frescas contra mi espalda ardiente. Separó mis piernas, su lengua encontró mi coño: lamió mis labios hinchados, chupó mi clítoris con maestría. Olía a mi propia excitación, dulce y musgosa. Metió dos dedos, curvándolos contra mi punto G, mientras su pulgar masajeaba mi ano. ¡Madre santa! Mi primer orgasmo me sacudió como terremoto, jugos brotando, empapando su barbilla.

No paró. Se posicionó, su verga en mi entrada. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. Gemí alto, uñas clavadas en su espalda. —¡Más duro, pendejo! —le exigí, y él obedeció, embistiéndome con fuerza animal. El slap-slap de piel contra piel llenaba la habitación, mezclado con nuestros jadeos. Sudor perlando su frente, goteando en mis tetas. Lo volteé, cowgirl style: reboté sobre él, mis nalgas chocando contra sus muslos, controlando el ritmo. Sus manos amasaban mi culo, un dedo jugueteando mi entrada trasera.

La tensión crecía, mi vientre apretado, coño contrayéndose alrededor de su verga. Esto es vida: pasión por el dinero que se convierte en pasión por el cuerpo. Cambiamos a doggy: él me penetró profundo, una mano en mi clítoris, la otra tirando mi cabello. Grité su nombre, el segundo clímax me partió en dos, paredes vaginales ordeñando su polla.

—¡Me vengo, Ana! —rugió, saliendo para eyacular en mi espalda, chorros calientes pintando mi piel. Colapsamos, jadeantes, su peso sobre mí reconfortante. El aire olía a sexo crudo, semen y sudor mezclado con su colonia.

Después, en la cama, con su brazo alrededor de mi cintura, fumamos un cigarro compartido. La ciudad brillaba abajo, testigo muda. —El trato es tuyo, preciosa. Pero esto... esto no fue solo negocio —dijo, besando mi hombro.

Sonreí, trazando círculos en su pecho. Pasión por el dinero, sí, pero ahora también por este hombre. Me acurruqué, el afterglow envolviéndonos como niebla tibia. Mañana firmaríamos papeles, pero esta noche, el placer era nuestra moneda más valiosa. Y qué chido se sentía ganar en todos los frentes.

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