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Abismo de Pasion Novela Completa

7549 palabras

Abismo de Pasion Novela Completa

Valeria caminaba por la playa de Puerto Vallarta al atardecer, el sol tiñendo el cielo de naranjas y rojos que se reflejaban en las olas suaves. El aire salado le rozaba la piel, cargado con el aroma de mar y cocos maduros de los vendedores ambulantes. Llevaba un vestido ligero de algodón que se pegaba a sus curvas con la brisa, sintiendo cómo el arena tibia se colaba entre sus dedos. Hacía meses que no se sentía tan viva, desde que dejó atrás la rutina de la ciudad. ¿Y si esta noche todo cambia? pensó, mientras su corazón latía un poco más rápido.

En la terraza de la villa rentada por sus amigas, la música de mariachi fusionado con ritmos electrónicos llenaba el aire. Reía con un margarita en la mano, el limón fresco explotando en su lengua, cuando lo vio. Diego, alto, con piel bronceada y una sonrisa que prometía travesuras. Vestía una camisa guayabera abierta, dejando ver el vello oscuro en su pecho. Sus ojos negros la atraparon como un imán. Órale, qué chulo, se dijo, sintiendo un cosquilleo en el vientre.

—¿Bailas? —preguntó él, extendiendo la mano con voz grave, como ron miel.

Valeria no dudó. Sus cuerpos se acercaron en la pista improvisada, el sudor comenzando a perlar su frente. Sentía el calor de su mano en su cintura, firme pero gentil, y el roce de su muslo contra el suyo al ritmo de la cumbia. Olía a sándalo y a hombre, un perfume que la mareaba.

Esto es peligroso, pero qué rico peligro
, pensó, mientras su respiración se aceleraba con cada giro.

La noche avanzaba, las estrellas salpicando el cielo como diamantes. Se sentaron en una hamaca apartada, compartiendo anécdotas. Diego era de Guadalajara, empresario de tequila orgánico, con una risa que vibraba en su pecho. Hablaba de su vida nómada, de fiestas en haciendas y amaneceres en la playa.

—Neta, Valeria, tienes unos ojos que me llevan al abismo de pasion. Como en esas novelas que mi abuelita veía.

Ella rio, pero el comentario le encendió algo profundo. Abismo de pasion novela completa, pensó, recordando las telenovelas que devoraba de niña, llenas de amores imposibles y cuerpos entrelazados. ¿Sería esta su versión erótica?

La tensión crecía con cada mirada. Sus dedos se rozaron al pasar la botella de mezcal, y el fuego prendió. Diego la miró con hambre, pidiendo permiso con los ojos. Valeria asintió, mordiéndose el labio. Se besaron allí mismo, bajo la luna. Sus labios eran suaves al principio, explorando, luego urgentes. Su lengua sabía a tequila y deseo, invadiendo su boca mientras ella gemía bajito. Manos enredadas en el pelo, en la nuca, tirando con fuerza juguetona.

—Ven conmigo —murmuró él contra su cuello, mordisqueando la piel sensible. El aliento caliente le erizó la piel.

Valeria lo siguió a su cabaña privada, el camino de antorchas iluminando sus siluetas. Dentro, velas parpadeaban, oliendo a vainilla y jazmín. La cama king size invitaba con sábanas de lino fresco. Se desvistieron despacio, deleitándose. Diego admiró sus pechos llenos, la curva de sus caderas. ¡Ay, cabrón, qué mujer! exclamó, voz ronca.

Ella lo empujó a la cama, montándose a horcajadas. Sus manos recorrieron el pecho musculoso, sintiendo los latidos desbocados bajo las palmas. Bajó besos por su abdomen, lamiendo el salitre de su piel. Él gruñó, arqueándose, cuando ella llegó a su erección dura como piedra. La tomó en su boca, saboreando la sal y el almizcle masculino, la lengua girando en la punta sensible. Diego jadeaba, agarrando las sábanas, sus caderas moviéndose involuntariamente.

—Valeria, mamacita, me vas a volver loco —dijo, tirando de ella para besarla de nuevo.

Se voltearon, él encima ahora, besando cada centímetro de su cuerpo. Sus labios en los pezones, chupando con succiones que la hacían arquearse, enviando descargas al centro de su placer. Bajó más, separando sus muslos con ternura. El aroma de su excitación lo envolvió, dulce y embriagador. Lamía despacio, la lengua plana contra su clítoris hinchado, luego círculos rápidos. Valeria gritó, las uñas clavándose en su espalda, el placer acumulándose como una ola.

No pares, pendejo, no pares, rogaba en su mente, mientras olas de calor la invadían. Introdujo dos dedos, curvándolos dentro, tocando ese punto que la hacía temblar. Ella explotó en un orgasmo violento, el cuerpo convulsionando, jugos empapando su boca.

Diego subió, posicionándose. Sus ojos se encontraron, confirmando el deseo mutuo. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándola deliciosamente. Ambos gimieron al unísono, el sonido crudo y animal. Plenitud absoluta. Se movieron en ritmo perfecto, piel contra piel sudorosa, el slap slap de cuerpos chocando mezclado con sus jadeos. Él profundo, ella envolviéndolo, apretando con músculos internos.

—Más fuerte, Diego, dale con todo —suplicó ella, piernas alrededor de su cintura.

Él obedeció, embistiendo con fuerza controlada, el sudor goteando de su frente a sus pechos. Cambiaron posiciones: ella de rodillas, él detrás, mano en su clítoris mientras la penetraba. El espejo frente a la cama reflejaba su unión, visual erótica que los excitaba más. Valeria se tocaba los pechos, pellizcando pezones, viendo cómo él la tomaba como en un sueño prohibido.

La segunda ola la alcanzó primero, contrayéndose alrededor de él, ordeñándolo. Diego gruñó, ¡Qué chingón!, y se dejó ir, llenándola con chorros calientes, colapsando sobre ella en un enredo de miembros temblorosos.

Se quedaron así, respiraciones entrecortadas calmándose. El aire olía a sexo y mar, sábanas revueltas testigos de su frenesí. Diego la besó en la frente, suave ahora.

—Eso fue... nuestro abismo de pasion novela completa —dijo riendo bajito.

Valeria sonrió, trazando patrones en su pecho.

¿Y si esto es solo el principio? ¿O el final perfecto?
pensó, mientras el amanecer teñía la ventana de rosa. Se durmieron entrelazados, cuerpos saciados, almas tocadas por algo más que lujuria.

Despertaron con el sol alto, café aromático y frutas frescas esperándolos en la terraza. Charlaron horas, planeando escapadas futuras. No era solo sexo; era conexión, risas compartidas, promesas susurradas. Valeria sintió un vacío lleno, como si hubiera completado un capítulo erótico de su vida. Caminaron de nuevo por la playa, manos unidas, olas lamiendo sus pies. El abismo los había tragado, pero emergieron más fuertes, listos para más novelas de pasión.

En las semanas siguientes, mensajes picantes, visitas relámpago. Cada encuentro superaba al anterior: sexo en la ducha con agua caliente cascando, en el yate con viento salado azotando, en la hacienda con velas y mezcal. Siempre consensual, siempre ardiente. Neta, este hombre me tiene en su red, reflexionaba ella, pero felizmente atrapada.

Una noche, bajo las estrellas, le confesó:

—Dieguito, tú eres mi abismo de pasion novela completa. No quiero que termine.

Él la abrazó, besándola con ternura infinita.

—Ni lo hará, mi reina. Esto es solo el principio.

Y así, en el corazón de México, su historia continuaba, un torbellino de sentidos y emociones que ningún lector olvidaría.

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