Relatos Eroticos
Inicio DOMINACIÓN Pasion de Gavilanes Cap 140 Deseos Desatados Pasion de Gavilanes Cap 140 Deseos Desatados

Pasion de Gavilanes Cap 140 Deseos Desatados

6718 palabras

Pasion de Gavilanes Cap 140 Deseos Desatados

La noche caía suave sobre el departamento en la colonia Roma, con ese olor a jazmín que se colaba por la ventana entreabierta. Ana se acurrucaba en el sofá de piel gastada, las piernas sobre las de Luis, su novio de dos años. El tele estaba prendido en el canal de las novelas, y justo empezaba Pasión de Gavilanes cap 140. "Órale, wey, esta es la buena", dijo ella con una sonrisa pícara, acomodándose más cerca. Luis, con su camiseta ajustada que marcaba los músculos del gym, le pasó el brazo por los hombros, oliendo a esa colonia barata que a ella le volvía loca.

En la pantalla, los hermanos Reyes se enfrentaban a los Elizondo en una escena cargada de miradas ardientes y palabras que cortaban como machete. Gabriela, con su falda flameante, se acercaba a Franco en el establo, el aire espeso de heno y sudor. "Neta, estos cabrones siempre arman tremendo desmadre", murmuró Luis, pero su mano ya bajaba despacito por la espalda de Ana, rozando la curva de su cintura. Ella sintió un cosquilleo en la piel, como electricidad estática, y apretó las piernas instintivamente. El deseo empezaba a bullir, lento como el tequila en las venas.

Ana giró la cabeza para verlo, sus ojos cafés clavados en los de él, verdes como aguacate maduro.

"¿Por qué carajos me pones así cada vez que vemos esto?"
pensó, mordiéndose el labio. La novela seguía: Franco tomaba a Gabriela por la nuca y la besaba con hambre, sus cuerpos chocando contra la madera crujiente. El sonido de sus respiraciones jadeantes llenaba la sala, y Ana juraba que podía oler el aroma terroso de la hacienda colombiana mezclado con el de su propia piel calentándose.

Luis notó el cambio en ella, el rubor subiendo por su cuello. "Mamacita, ¿ya te dio calor?", le susurró al oído, su aliento cálido oliendo a chicle de menta. Ella rio bajito, un sonido ronco que vibró en su pecho. Sus dedos trazaron la línea de su mandíbula, áspera por la barba de tres días. "Culpa tuya, pendejo", respondió, girándose para sentarse a horcajadas sobre él. El sofá gimió bajo su peso, y el roce de sus jeans contra los de él encendió chispas. Afuera, un claxon lejano rompió el silencio, pero dentro, el mundo se reducía a ellos dos.

La tensión crecía como tormenta en el DF. Ana se inclinó, sus labios rozando los de Luis en un beso tentativo, saboreando el salado de su piel. Él respondió con urgencia, manos subiendo por sus muslos, apretando la carne suave bajo la falda corta. Pasión de Gavilanes cap 140 seguía de fondo, ahora con gemidos ahogados que parecían eco de los suyos. Ella se arqueó, sintiendo la dureza de él presionando contra su centro, un pulso caliente que la hacía mojar las panties. "Te quiero ya, cabrón", jadeó contra su boca, tirando de su camiseta para quitársela.

El torso de Luis quedó expuesto, piel morena brillando bajo la luz tenue de la lámpara. Ana recorrió con las uñas sus pectorales, dejando rastros rojos que lo hicieron gruñir.

"Qué rico se siente su calor, neta, como si me quemara por dentro."
Él la volteó con facilidad, quedando encima, sus rodillas hincadas en los cojines. Besos bajaban por su cuello, mordisqueando la clavícula, mientras sus manos exploraban bajo la blusa, hallando pezones endurecidos que pellizcó con delicadeza. Ana gimió, el sonido crudo y animal, arqueando la espalda para más contacto.

Se levantaron tambaleantes, besos interrumpidos solo por risas ahogadas. Luis la cargó hasta la recámara, el pasillo oliendo a velas de vainilla que habían prendido antes. La tiró en la cama king size, las sábanas frescas contrastando con sus cuerpos febriles. Ella se quitó la falda de un tirón, quedando en tanga negra y bra, curvas generosas iluminadas por la luna que se colaba por las cortinas. "Ven, mi rey", lo llamó, voz ronca de deseo. Él se desabrochó el cinto con prisa, la verga saltando libre, gruesa y venosa, palpitando por ella.

Ana se lamió los labios, gateando hacia él como gata en celo. Sus manos lo envolvieron, piel suave contra dureza aterciopelada, bombeando lento mientras lo veía a los ojos. "Qué chingona se ve tu cara de placer, wey", pensó, saboreando la gota salada en la punta. Bajó la cabeza, lengua danzando alrededor del glande, succionando con hambre. Luis metió los dedos en su cabello negro largo, guiándola sin fuerza, gemidos guturales escapando de su garganta. El sabor almizclado la volvía loca, su chocha latiendo vacía, pidiendo llenarse.

No aguantó más. Lo empujó boca arriba, montándolo con piernas temblorosas. La punta rozó sus labios húmedos, resbalando adentro en un estirón delicioso. "¡Ay, Diosito!", gritó ella, sintiendo cada centímetro invadiéndola, llenándola hasta el fondo. Luis agarró sus caderas, ayudándola a moverse, subiendo y bajando en ritmo creciente. El slap de piel contra piel llenaba la habitación, mezclado con sus jadeos y el eco distante de la novela que ya nadie veía.

El sudor perlaba sus cuerpos, oliendo a sexo puro, almizcle y deseo. Ana cabalgaba más rápido, pechos rebotando, uñas clavadas en el pecho de él. Él se incorporó, mamando un pezón mientras una mano bajaba a frotar su clítoris hinchado. La presión crecía, un nudo apretándose en su vientre, pulsos acelerados latiendo en oídos. "Más fuerte, papi, no pares", rogaba ella, voz quebrada. Luis embestía desde abajo, verga golpeando ese punto dulce que la hacía ver estrellas.

La intensidad escalaba, pensamientos fragmentados:

"Neta, esto es mejor que cualquier pinche novela, su calor me derrite, su olor me enloquece."
Ella se tensó primero, el orgasmo rompiendo como ola en Acapulco, chocha contrayéndose alrededor de él en espasmos, jugos chorreando por sus bolas. "¡Me vengo, carajo!", chilló, cuerpo convulsionando. Luis la siguió segundos después, gruñendo como toro, semen caliente inundándola en chorros potentes.

Colapsaron juntos, entrelazados, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El aire olía a ellos, a clímax compartido, piel pegajosa y satisfecha. Luis besó su frente sudada, "Eres lo máximo, mi vida". Ana sonrió, acurrucándose en su pecho, oyendo el latido fuerte de su corazón. Pasión de Gavilanes cap 140 había terminado hace rato, pero su propia pasión apenas empezaba, un fuego que ardía eterno en las noches mexicanas.

Se quedaron así, manos acariciando perezosamente, susurros de te quiero flotando en la penumbra. Mañana sería otro día de tráfico y chamba, pero esta noche, en su nido de sábanas revueltas, eran reyes de su propio gavilán, libres y completos.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatoseroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.