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El Dub Trío Caliente

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El Dub Trío Caliente

Tú entras al antro en la Condesa, el aire cargado de humo dulce y el bajo del dub reggae retumbando como un corazón acelerado. Las luces neón parpadean sobre la pista, pintando cuerpos sudorosos en tonos rojo y azul. Neta, hace calor de la chingada, pero ese ritmo te prende, te hace mover las caderas sin pensarlo. Llevas un vestido negro ajustado que se pega a tu piel por el sudor, y sientes las miradas clavadas en ti mientras avanzas entre la gente.

Ahí los ves: dos weyes al fondo de la pista, bailando como si el mundo se acabara. El primero, Marco, es moreno, musculoso, con una sonrisa pícara que promete problemas buenos; el segundo, Dani, flaco pero tatuado hasta el cuello, con ojos que te desnudan de un vistazo. Están en su mundo, pero cuando pasas cerca, Marco te guiña un ojo y Dani extiende la mano.

«Órale, mamasita, ¿vienes a unirte al dub trio o qué?»
dice Dani, su voz ronca cortando el ruido. Tú ríes, el corazón latiéndote fuerte. ¿Dub trio? Ellos son DJs aficionados que tocan en fiestas underground, un dúo que ahora te invita a completar el trío con tu flow.

Aceptas, porque ¿por qué no? Sus manos te toman de la cintura, y empiezan a bailar pegaditos. El olor de sus cuerpos —sudor mezclado con colonia barata y algo herbal— te invade las fosas nasales. Sientes el pecho ancho de Marco contra tu espalda, su verga ya medio dura rozándote el culo al ritmo del bajo. Dani enfrente, sus dedos tatuados trazando tu clavícula, bajando despacio por el escote. Chido, piensas, el pulso acelerándose. No hay prisa, solo ese vaivén hipnótico que te moja entre las piernas.

La canción cambia, más lenta, más densa. Marco te besa el cuello, su aliento caliente oliendo a chela.

«¿Te late el dub trio, carnala?»
murmura, y tú asientes, girando para besar a Dani. Sus labios son suaves, lengua juguetona probando tu boca como si fuera un ritmo nuevo. Tus manos exploran: el abdomen marcado de Marco, los piercings en la ceja de Dani. La gente a su alrededor baila ajena, pero tú sientes el mundo reducirse a estos tres cuerpos sincronizados.

Acto dos: la escalada

Se van a la zona VIP, un rincón oscuro con sofás de piel gastada. El dub sigue tronando, vibrando en tus huesos. Te sientas entre ellos, Marco con una mano en tu muslo, subiendo lento, rozando el borde de tu tanga. Dani te besa profundo, chupando tu lengua mientras sus dedos juegan con tus chichis por encima del vestido. Neta, esto es demasiado bueno, piensas, el calor subiendo desde tu concha hasta la cara. Le quitas la playera a Marco, besas su pecho salado, lamiendo el sudor que sabe a sal y deseo puro.

Dani se arrodilla frente a ti, levanta tu vestido.

«Déjame probarte, reina del dub trio»
, dice con esa voz que parece salida de un track pesado. Su lengua toca tu clítoris, suave al principio, luego rápida como un solo de batería. Gimes, agarrando el pelo de Marco para besarlo. Él te manosea el culo, metiendo un dedo juguetón por detrás, todo consensual, todo chido. Sientes el olor almizclado de tu propia excitación mezclándose con el humo del antro, el tacto húmedo de la boca de Dani devorándote.

No aguantas más.

«Vámonos a mi depa, weyes. Aquí no hay espacio pa'l dub trio completo»
, propones, y ellos asienten, ojos brillantes de lujuria. Salen rápido, el aire fresco de la noche golpeándolos como un respiro. En el Uber, no paran: Marco te come la boca, Dani te mete mano por debajo, rozando tu entrada empapada. Tus pezones duros contra la tela, el roce del asiento en tu piel sensible. Llegan al depa de Marco en la Roma, un lugar chiquito pero con luces tenues y un equipo de sonido donde el dub sigue sonando bajito.

Adentro, se desnudan feo. Tú te quitas el vestido de un jalón, quedando en tanga y nada más. Marco te carga hasta la cama, su verga gruesa saltando libre, venosa y lista. Dani se une, su pinga más larga, curva perfecta. Te tumban, besos por todos lados: Marco chupándote las tetas, mordisqueando los pezones hasta que duelen rico; Dani lamiéndote la concha, metiendo lengua adentro, saboreando tus jugos. ¡Qué pinche delicia! Tu mente vuela, imaginando ritmos dub en cada lamida, cada roce.

Cambian posiciones. Tú te pones a cuatro, Marco atrás embistiéndote lento, su verga abriéndote centímetro a centímetro, el estirón delicioso. Dani enfrente, metiéndotela en la boca. Chupas con ganas, saboreando el precum salado, mientras Marco te azota el culo suave,

«Así, mami, muévete con el ritmo del dub trio»
. El slap de piel contra piel se mezcla con los bajos del stereo, tu cuerpo temblando, sudor chorreando por la espalda. Sientes sus pulsos acelerados contra ti, el olor de sexo llenando la habitación —musk, sudor, feromonas.

Escalada total: Dani se acuesta, tú te montas en su verga, rebotando, tus chichis saltando. Marco detrás, lubricando con tu propio flujo, metiendo su punta en tu culo. Doble penetración, el dub trio en su máxima expresión. Gritas de placer, el ardor inicial convirtiéndose en éxtasis puro. Se mueven coordinados, como DJs en una sesión perfecta, tocando tus puntos exactos. Tus uñas clavadas en la piel de Dani, el sabor de su beso ahogando gemidos.

Acto tres: la liberación

El clímax llega como un drop brutal de dub. Primero Dani, gruñendo mientras se vacía dentro de ti, caliente y espeso. Tú explotas segundos después, olas de placer contrayendo tu concha y culo alrededor de ellos, visión borrosa, grito ronco escapando tu garganta. Marco aguanta, te voltea boca arriba y se corre en tu panza, chorros blancos contrastando con tu piel bronceada. Colapsan los tres, cuerpos enredados, respiraciones jadeantes sincronizándose con la música que aún suena.

Después, el afterglow. Te limpian con toallas suaves, besos tiernos en la frente. Marco trae chelas frías, Dani enciende un blunt pero tú pasas, solo abrazos.

«Eres la pieza que faltaba en nuestro dub trio, neta»
, dice Marco, acariciando tu pelo. Ríes, el cuerpo plácido, satisfecho. Sientes el calor residual entre las piernas, el aroma persistente de sexo en las sábanas. Hablan de la próxima fiesta, de repetir, pero sin presiones —todo fluye natural, empoderador.

Te vistes lento, piernas flojas, pero el corazón lleno. Salen a la calle, luces de la ciudad brillando. Un beso más, promesas susurradas. Tú caminas a tu casa, el eco del dub en tu cabeza, sabiendo que esa noche cambiaste el ritmo de tu vida para siempre.

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