Que Es El Huésped En La Triada Ecologica Del Placer
En la clase de ecología de la UNAM, el profe traía su rollo de siempre. ¿Qué es el huésped en la tríada ecológica? preguntó con esa voz grave que hacía que todas las morras de la fila de adelante se removieran en sus asientos. Yo, Ana, sentada en la tercera fila con mi libreta llena de garabatos, levanté la mano sin pensarlo dos veces. El huésped es el wey que carga con el parásito, profe, el que sufre la invasión pero sin él no hay show, solté, y el salón entero se carcajeó. El profe sonrió, asintiendo.
Neta, Ana, perfecto. Huésped, parásito y ambiente. La tríada completa.
Salí de la clase con la cabeza llena de ideas raras. El calor de abril en Ciudad Universitaria me pegaba como una cachetada húmeda, el olor a jacarandas flotando en el aire mezclado con el humo de los taqueros ambulantes. Mi cel pegó vibrando: era Luis, mi novio desde hace un año, el tipo más guapo del lab de biología. Órale, mi reina, vente pa'cá. Llegó mi carnal Marco de Guadalajara, el huésped perfecto pa' la noche. Sonreí, sintiendo un cosquilleo en el estómago. ¿Huésped? Justo lo que había oído en clase. Me pinté los labios de rojo chido, me puse esa falda corta que a Luis le volvía loco y salí volando al depa que rentaban en Copilco.
El depa olía a tacos de suadero y cerveza fría. Luis me abrió la puerta con una chela en la mano, su camisa blanca pegada al pecho por el sudor, esos ojos cafés que me derretían. ¡Mi amor! me abrazó fuerte, su boca sabiendo a limón y sal, lengua juguetona rozando la mía. Detrás, en el sofá, estaba Marco. Alto, moreno, con barba de tres días y una sonrisa pícara que gritaba trouble. ¿Qué onda, Ana? Luis no para de hablar de ti. Soy el huésped en esta tríada, ¿no? dijo, guiñando. Reí, sintiendo el calor subir por mis muslos. Sí, wey, ¿qué es el huésped en la tríada ecológica? El que invade y se queda, respondí coqueta, sentándome entre ellos.
La noche empezó tranqui. Cervezas frías sudando en la mesa, reggaetón bajito de fondo, el ventilador zumbando como un mosquito cabrón. Hablamos de la uni, de pendejadas, pero el aire se cargaba. Luis ponía su mano en mi pierna, subiendo despacito, mientras Marco contaba anécdotas de Guadalajara, su voz ronca vibrando en mi piel. Olía a él: colonia fuerte, mezclada con sudor masculino, ese aroma que te hace apretar las piernas. ¿Saben qué?, en la tríada ecológica, el huésped es el centro, el que da vida al parásito, dije, bebiendo un trago largo. Luis me miró, ¿Y nosotros qué somos, mi amor? ¿La tríada del placer? Su mano llegó a mi panty, dedos rozando suave. Asentí, el pulso acelerado, pezones endureciéndose bajo la blusa.
Marco se acercó, su aliento caliente en mi cuello. Permiso, huésped consentido, murmuró, besándome el hombro. Todo consensual, todo chido. Yo quería esto, los dos me volvían loca. Luis me desabrochó la blusa, exponiendo mis tetas al aire fresco, sus labios chupando un pezón, lengua girando como loco. ¡Ay, wey! gemí, el sonido ahogado por la boca de Marco en la mía, barba raspando delicioso. Sus manos grandes amasando mi culo, falda subida, panty mojado pegado. Olía a mi propia excitación, dulce y salada, mezclada con sus olores.
Me pusieron de pie, quitándome todo. Desnuda entre ellos, piel erizada por el roce. Luis se quitó la ropa rápido, su verga dura saltando, venosa y gruesa, goteando pre-semen. Marco igual, más larga, curva perfecta. Chíngame, reina, suplicó Luis, sentándose en el sofá. Me subí a horcajadas, su verga abriéndome despacio, centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. ¡Qué rico, cabrón! grité, moviéndome lento, sintiendo cada vena pulsar dentro. Marco detrás, besando mi espalda, dedos en mi clítoris, círculos perfectos que me hacían temblar.
El ritmo subió. Sudor goteando por sus pechos, salado en mi lengua cuando los lamí. Sonidos: piel chocando plaf plaf, mis gemidos roncos ¡Más, weyes, más!, sus gruñidos animales. Marco metió un dedo en mi culo, lubricado con mi propia humedad, preparándome. ¿Quieres la tríada completa, huésped? preguntó. Sí, pendejo, métemela, rogué. Se posicionó, verga empujando suave, abriéndome. Dolor placer mezclado, llena por delante y atrás, atrapada en su calor. Se movían alternos, uno entra el otro sale, fricción infernal.
Internamente, mi mente era un desmadre.
Esto es la puta tríada ecológica del placer. Yo el huésped, ellos mis parásitos adictivos, este depa nuestro ambiente caliente. Neta, nunca tan llena, tan deseada.El olor a sexo impregnaba todo, almizcle pesado, sudor, semen próximo. Tetas rebotando, manos por todos lados: Luis pellizcando pezones, Marco azotando suave mi culo. Aceleraron, vergas hinchadas, mis paredes contrayéndose. ¡Me vengo, cabrones! exploté, jugos chorreando, cuerpo convulsionando, grito largo rasgando el aire.
No pararon. Me bajaron al piso, alfombra áspera en rodillas. Boca en la verga de Luis, saboreando mi sabor en él, salado amargo, lengua lamiendo glande. Marco en mi coño desde atrás, embestidas profundas, bolas golpeando. Cambiaron, garganta profunda con Marco, ahogándome delicioso, mientras Luis me cogía el culo. ¡Qué chingón, mi amor! jadeaba Luis. El clímax los alcanzó: Marco primero, llenándome la boca, semen caliente espeso tragado ansiosa, resto chorreando barbilla. Luis adentro, chorros calientes pintando mis paredes, gimiendo mi nombre.
Colapsamos en el sofá, cuerpos enredados, piel pegajosa sudorosa. Respiros jadeantes, risas cansadas. Luis me besó la frente, Eres lo máximo, mi reina. Marco acarició mi pelo, El mejor huésped que he tenido. El ventilador secaba nuestro sudor, olor a sexo lingering como promesa.
¿Qué es el huésped en la tríada ecológica? El que se entrega, se invade, y nace el éxtasis. Nuestra tríada, perfecta.Dormí entre ellos, satisfecha, sabiendo que esto apenas empezaba.