Relatos Eroticos
Inicio Trío Pronóstico del Tri que Nos Enciende Pronóstico del Tri que Nos Enciende

Pronóstico del Tri que Nos Enciende

6104 palabras

Pronóstico del Tri que Nos Enciende

Era una noche de esas que prenden el ánimo en la Ciudad de México, con el Estadio Azteca vibrando en la tele aunque estuviéramos en mi depa chido de Polanco. Yo, Ana, con mi camiseta del Tri ajustadita que me marcaba las curvas, y Luis, mi carnal del alma, recargado en el sofá con una chela fría en la mano. El pronóstico del Tri para el partido contra los gringos nos tenía bien clavados. "Va a ganar el Tri dos uno, wey", le dije yo, con esa seguridad que me sale cuando hablo de mi selección. Él se rio, ese güey con su sonrisa pícara que me hace derretir.

"Órale, Ana, si tu pronóstico del Tri sale chueco, me das una mamada de campeonato". Sus ojos se clavaron en mis chichis, y sentí un cosquilleo en el estómago. "Y si acierto, tú me comes el calzón hasta que grite gol". Nos reímos, pero la neta, el aire ya se sentía cargado, como antes de una tormenta de verano. El olor a nachos con queso y chile en nogada flotaba en el aire, mezclado con su colonia que siempre me pone cachonda.

Nos acomodamos pegaditos, mis piernas sobre las suyas, piel con piel bajo los shorts cortos. El partido arrancó con el himno retumbando, y cada vez que Chicharito tocaba el balón, yo apretaba su muslo, sintiendo cómo se ponía duro debajo del pantalón. "Mira nomás, van a romperla", murmuré, mientras su mano subía despacito por mi muslo, rozando la orilla de mi tanga. El primer tiempo fue un desmadre de emociones: el Tri metió un golazo de cabeza, y saltamos como locos, yo encima de él, mis tetas rebotando contra su pecho. Su aliento caliente en mi cuello olía a cerveza y deseo puro.

¿Y si pierdo la apuesta? Neta que no me importaría chupársela hasta que se le salga el alma, pero ganar y sentir su lengua en mi concha... ay, wey.

El medio tiempo llegó con el marcador uno cero. Nos miramos, sudados ya por la adrenalina. "Tu pronóstico del Tri va bien, pero falta", dijo él, jalándome para un beso que sabía a sal y promesas. Sus labios carnosos devoraban los míos, lengua jugando como en un contragolpe letal. Sentí su verga tiesa presionando mi panza, y yo me restregué contra él, gimiendo bajito. "Si meten otro, te voy a follar aquí mismo", susurró, y su mano se coló bajo mi playera, pellizcando mi pezón endurecido. El toque fue eléctrico, como un rayo en la piel, haciendo que mi clítoris palpitara.

Volvió el segundo tiempo, y la cosa se puso intensa. Los gringos empataron con un penal chafa, y Luis gritó "¡Pendejo el árbitro!". Yo lo calmé besándolo, mis uñas arañando su espalda. Cada jugada era una excusa para tocarnos más: yo le sobaba la entrepierna por encima del bóxer, sintiendo el calor y la rigidez que latía como un tambor de estadio. El sudor nos pegaba la ropa, olor a macho mezclado con mi aroma dulce de excitación. El pronóstico del Tri temblaba: íbamos por el dos uno, pero faltaban minutos. Mi corazón tronaba fuerte, no solo por el partido, sino por el fuego que nos consumía.

"Ana, neta estás mojadísima", dijo él metiendo dos dedos en mi short, rozando mi concha empapada. Gemí contra su boca, el sonido del comentarista "¡Gol del Tri!" ahogando mi jadeo. Dos uno, exacto mi predicción. Salté triunfante, pero él no se rindió: me tumbó en el sofá, arrancándome la camiseta. Sus ojos hambrientos devoraban mis tetas al aire, pezones rosados y duros como piedras. "Ahora cumples, cabrón", le ordené, abriendo las piernas. El aire fresco besó mi piel húmeda, y el olor a sexo empezó a llenar la sala.

Luis se arrodilló, jalándome los shorts y la tanga de un tirón. Su lengua caliente lamió mi muslo interno, subiendo lento, torturándome. Sentí cada roce como fuego líquido: el vello de su barba raspando, su aliento caliente en mis labios vaginales hinchados. "Sabes a miel, mi reina", gruñó, y metió la lengua en mi raja, chupando mi clítoris con maestría. Mis caderas se arquearon, manos enredadas en su pelo negro, tirando fuerte. "¡Sí, así, wey! ¡No pares!", grité, mientras el silbato final del partido sonaba lejano. El placer subía en olas, mi concha contrayéndose alrededor de su lengua, jugos chorreando por su barbilla.

Pero yo quería más. Lo jalé arriba, quitándole el bóxer. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, goteando precum que olía salado. "Fóllame ya", le supliqué, guiándola a mi entrada. Entró de un empujón suave, llenándome hasta el fondo. Pinche delicia, pensé, sintiendo cada vena rozando mis paredes internas, el estiramiento perfecto. Empezamos a bombear, piel chocando con piel en ritmos salvajes, sudor volando. Sus manos amasaban mis nalgas, dedos hundiéndose en la carne suave. "Estás apretada como virgen, Ana", jadeó él, mordiendo mi cuello. Yo clavaba uñas en su espalda, dejando marcas rojas, el dolor mezclándose con éxtasis.

Cambié de posición, montándolo como amazona. Mis tetas rebotaban con cada bajada, sus manos guiándome. El sofá crujía bajo nosotros, la tele ahora en comerciales mudos. Sentía su pubis frotando mi clítoris, building el orgasmo como un penal decisivo. "Me vengo, Luis... ¡ahora!", chillé, mi concha apretándolo en espasmos, chorros calientes mojando sus bolas. Él gruñó profundo, "¡Toma, mi Tri!", y se vació dentro de mí, semen caliente inundándome, pulsos interminables.

Colapsamos jadeantes, cuerpos enredados, piel pegajosa y brillante. El olor a semen y sudor nos envolvía como sábana tibia. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. "Tu pronóstico del Tri fue oro puro, pero la revancha en la final", murmuró él, acariciando mi pelo. Yo sonreí, sintiendo su semen escurrir por mis muslos.

Neta, que el fútbol y el sexo son lo mejor de México. ¿Quién necesita boletos al Azteca cuando tienes esto?

Nos quedamos así, escuchando la ciudad nocturna, con el afterglow calentándonos más que cualquier victoria. El Tri había ganado, pero nosotros... nosotros nos habíamos coronado campeones en nuestra propia liga de placer.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatoseroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.