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Alkaline Trio De Aqui Al Infirmario

6592 palabras

Alkaline Trio De Aqui Al Infirmario

La noche en el depa de Coyoacán se sentía cargada de esa electricidad que solo pasa cuando pones un disco que te revuelve las tripas. Alkaline Trio From Here to Infirmary sonaba en el tocadiscos viejo que encontramos en el tianguis, las guitarras rasposas y la voz de Matt Skiba llenando el aire con ese punk melancólico que te hace querer romper algo o besar a alguien con furia. Tú estás ahí, sentado en el sillón gastado, con una chela fría en la mano, viendo cómo Ana se mueve por la sala, caderas balanceándose al ritmo de Private Eye. Lleva una falda corta negra y una playera ajustada que deja ver el piercing en su ombligo, ese detallito que siempre te pone a mil.

—Órale, wey, ¿no mames que este disco es lo máximo? —dice ella, girándose con una sonrisa pícara, el sudor ya brillándole en el cuello por el calor de la noche mexicana.

Sientes el olor a su perfume mezclado con el humo de la vela de vainilla que prendió, y el bajo retumba en tu pecho como un corazón acelerado. Te levantas, la jalas por la cintura, y sus labios chocan contra los tuyos al compás de la canción. Sus lenguas se enredan, sabe a tequila y chicle de fresa, y tus manos bajan por su espalda, apretando esa nalga firme que te vuelve loco. Pero ella se aparta un segundo, ojos brillando con malicia.

¿Y si jugamos a algo? Este disco grita infirmario, ¿no? Yo soy la enfermera y tú el paciente herido en el mosh pit.

El deseo inicial te golpea como una ola, pero lo contienes, dejando que la tensión crezca con cada pista del disco. Ana desaparece en su cuarto y regresa con un disfraz improvisado: bata blanca de doctor que le queda chica, estetoscopio de juguete colgado al cuello, y medias de red que suben hasta los muslos. From Here to the Infirmary sigue sonando, ahora con You're Dead, y tú te dejas caer en la cama, fingiendo una herida en la pierna del "concierto imaginario".

—Ven acá, enfermo —ronronea ella, voz baja y mandona, arrodillándose entre tus piernas abiertas. Sus dedos fríos recorren tu piel, desde el tobillo hasta el muslo, enviando chispas que te erizan el vello. Huele a su excitación ya, ese aroma almizclado que se mezcla con el cuero del sillón y el incienso quemándose en la esquina.

Acto primero, la escena está puesta: el cuarto iluminado por luces tenues de neón que entran de la calle, el vinilo girando, y Ana explorando tu cuerpo como si fueras su territorio. Tus pulsos laten fuerte, el corazón martilleando al ritmo de la batería. Ella se inclina, labios rozando tu piel interior del muslo, y sientes su aliento caliente, húmedo, prometiendo más.

La música pasa a Radio, y el ambiente se calienta. Ana desabrocha tu chamarra, dedos hábiles bajando el zipper de tus jeans. Neta, esta chava sabe cómo joderte la cabeza, piensas, mientras ella libera tu verga ya dura como piedra, palpitando al aire fresco. La mira, reluciente bajo la luz, y ella lame los labios, ojos fijos en los tuyos.

—Pobrecito, mira cómo te duele aquí —susurra, envolviéndola con la mano suave, masturbándote lento, torturante. El roce de su palma, áspera por el trabajo en el café, contrasta con la seda de su bata abierta, dejando ver sus tetas perfectas, pezones duros como caramelos. Gimes, el sonido ahogado por la guitarra distorsionada, y ella acelera, pulgar en la cabeza sensible, untando el pre-semen que ya chorrea.

Pero no te deja venir aún. Se sube encima, falda arremangada, y frota su concha mojada contra ti a través de las bragas empapadas. Sientes el calor, la humedad filtrándose, oliendo a deseo puro, salado y dulce. Tus manos agarran sus caderas, uñas clavándose suave, y ella gime bajito, "Sí, así, cabrón", mientras el disco gira a Stupid Kid. La tensión sube, interna lucha: quieres penetrarla ya, pero este juego de enfermera te tiene al borde, rogando en silencio.

Escalada en el medio acto: Ana se quita las bragas, las arroja a un lado, y se posiciona. Su coño depilado brilla, labios hinchados invitándote. Baja despacio, centímetro a centímetro, envolviéndote en su calor apretado, paredes pulsando alrededor de tu verga. Chin, qué rico, jadeas, el estiramiento perfecto, su jugo chorreando por tus bolas. Empieza a moverse, vaivén lento al principio, tetas rebotando, sudor perlando su piel morena.

El sonido de carne contra carne se une al punk, slap slap slap, y sus gemidos suben, "¡Ay, wey, me llenas tanto!". Tú embistes desde abajo, manos en su culo, abriéndola más, dedo rozando su ano fruncido, haciendo que se estremezca. Huele a sexo crudo, sudor, su esencia íntima, y pruebas su cuello salado lamiendo, mordisqueando suave. Interno torbellino: no pares, fóllala hasta que grite, pero controlas, prolongando, besos profundos donde lenguas bailan como en un pogo.

La canción cambia a Armageddon, perfecta para la intensidad rising. Ana acelera, clavándose fuerte, clítoris frotando tu pubis, y sientes sus paredes contraerse, orgasmo acercándose. Tú la volteas, ahora misionero, piernas sobre hombros, penetrando profundo, golpeando ese punto que la hace arquearse. "¡Más duro, pendejo!" grita, uñas rastrillando tu espalda, dejando marcas rojas que arden delicioso.

El clímax se avecina: sudan juntos, cuerpos pegajosos, el cuarto oliendo a clímax inminente. Ella viene primero, convulsionando, "¡Me vengo, chingado!", chorros calientes empapando las sábanas, ojos en blanco de placer puro. Tú sigues bombeando, el apretón final rompiéndote, y explotas dentro, semen caliente llenándola, pulsos interminables mientras gruñes su nombre.

Caen exhaustos, Alkaline Trio terminando con Infinity on High no, espera, el disco cierra con ecos punk. Ana acurrucada en tu pecho, corazón latiendo contra el tuyo, piel pegajosa enfriándose. Besas su frente, sabor salado, y ella ríe bajito.

—Neta, de aquí al infirmario contigo es lo chido —murmura, mano trazando círculos en tu abdomen.

Esto no es solo sexo, es conexión, como el disco que nos unió esta noche.

Después, se levantan por unas tortas de la esquina, riendo de la roleplay, pero el lingering heat promete más. La noche mexicana envuelve el depa, vinilo quieto, pero la música sigue en sus venas, resonando en el afterglow satisfecho.

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