Try Honesty Letras de Billy Talent Desnudando Deseos
Era una noche calurosa en el DF, de esas que te pegan el pelo a la nuca y te hacen sudar hasta el alma. Yo, Ana, acababa de llegar a mi depa en la Condesa, con el corazón latiéndome como tambor después de un pinche día de mierda en la oficina. Marco, mi carnal del alma desde la uni, me había mandado un whatss: "Wey, ¿puedo caer? Traigo chelas y ganas de rockear". Órale, pensé, neta me late. Siempre hemos sido así, güeyes inseparables, pero con esa chispita que nunca explotaba. Como si supiéramos que un día iba a reventar todo.
Abro la puerta y ahí está él, con su playera negra ajustada que marca esos brazos tatuados, sonrisa pícara y una six de Indio en la mano. "¡Qué onda, nena! ¿Lista pa'l desmadre?" dice, y me planta un beso en la mejilla que dura un segundo de más. Huele a colonia fresca mezclada con el sol del día, y su piel tibia me roza la cara. Siento un cosquilleo en el estómago, de esos que te avisan que algo va a pasar.
Nos echamos en el sofá, abrimos chelas frías que chisguean al destaparlas, y ponemos Spotify. "Oye, pon algo chido", le digo, y él busca. De repente, suena Billy Talent, ese Try Honesty que nos voló la cabeza en los conciertos pirata de hace años. Las letras empiezan: "False eyes in the mirror / I don't trust what I see". Nos miramos, y él suelta una carcajada. "Neta, wey, esta rola siempre me pone a pensar en lo que no decimos".
Bebo un trago largo, el amargo de la chela bajando por mi garganta, y siento su mirada clavada en mí. ¿Será que esta noche por fin soltamos la verdad?, pienso, mientras el bajo retumba en el cuarto, vibrando en mi pecho.
La plática fluye como tequila suave: del trabajo, de exes que fueron un desmadre, de sueños que se nos escapan. Pero la rola sigue sonando en loop, y Marco se acerca más. Su muslo roza el mío, piel contra piel porque traigo shorts cortos por el calor. "Ana, ¿sabes qué dicen las letras de Billy Talent Try Honesty? Que hay que intentar la honestidad, güey. Nada de mentiras". Su voz baja un tono, ronca, y el aire se carga de electricidad. Huele a su sudor ligero, masculino, mezclado con la cerveza.
Yo me giro, nuestros rostros a centímetros. "¿Y tú qué quieres decirme con honestidad, Marco?" pregunto, mi pulso acelerado como el redoble de la batería en la canción. Él traga saliva, ojos fijos en los míos, y de pronto su mano sube a mi mejilla, áspera por el día, pero suave al tocarme. "Que te deseo desde siempre, nena. Que cada vez que te veo, me pongo duro pensando en ti". No mames, pienso, el calor sube por mi cuerpo como lava.
Sus labios chocan con los míos, urgentes, saboreando a chela y deseo reprimido. Su lengua entra, explorando, y yo gimo bajito contra su boca. El beso se profundiza, manos por todos lados: las suyas en mi cintura, tirando de mí hacia su regazo. Siento su verga tiesa presionando contra mi entrepierna, dura como piedra, y un jadeo se me escapa. Esto es lo que queríamos, la honestidad cruda.
Nos levantamos tropezando, riendo como pendejos, y caemos en mi cama deshecha. La luz de la calle se filtra por las cortinas, pintando su piel morena de dorado. Le quito la playera, besando su pecho ancho, lamiendo el salado de su sudor. "Qué rico hueles, cabrón", murmuro, y él me voltea, manos expertas desabrochando mi brasier. Mis chichis saltan libres, pezones duros como balas, y él los chupa con hambre, mordisqueando suave. Un rayo de placer me recorre la espina, hasta el clítoris que palpita pidiendo más.
Las letras de Billy Talent Try Honesty retumban en mi cabeza: "All I want is the truth / Try honesty". Y aquí estamos, desnudos en alma y cuerpo, sin máscaras.
Le bajo el pantalón, su verga sale libre, gruesa y venosa, goteando precum que brilla. La agarro, piel sedosa sobre acero, y la acaricio despacio, oyendo su gemido gutural. "Métetela en la boca, Ana, porfa", suplica, y yo obedezco, saboreando el salado almizclado, chupando hasta la garganta. Su mano en mi pelo, guiándome sin forzar, y el sonido húmedo de mi boca llenando el cuarto.
Me sube a horcajadas, dedos hurgando mi coño empapado. "Estás chorreando, wey, qué mojada", dice con voz temblorosa, metiendo dos dedos que me abren, rozando ese punto que me hace arquear la espalda. Grito su nombre, uñas clavadas en sus hombros, mientras él lame mi cuello, mordiendo suave. El olor a sexo nos envuelve, almizcle dulce de mi excitación mezclado con su esencia masculina.
La tensión crece como tormenta: besos fieros, roces que queman, respiraciones entrecortadas. Quiero que me coja ya, pero saboreo el build-up, el fuego lento. Él me voltea boca abajo, besando mi espalda, bajando hasta mis nalgas que aprieta fuerte. Su lengua lame mi raja, llegando al ano y luego al clítoris, succionando hasta que tiemblo entera. "¡No pares, pendejo, me vengo!" grito, y el orgasmo me azota como ola, jugos chorreando en su cara.
Pero no acaba ahí. Me pone de rodillas, verga apuntando a mi entrada. "¿Quieres que te la meta, nena? Dime con honestidad". "Sí, cógeme duro, Marco", respondo, y él empuja lento al principio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. Lleno por completo, pellizcando mis paredes. Empieza a bombear, lento luego rápido, piel chocando con piel en palmadas sonoras. Sudor goteando, mezclándose, el cuarto oliendo a puro sexo.
Me voltea de nuevo, misionero para vernos a los ojos. Sus embestidas profundas, roceando mi clítoris con cada thrust. Siento su pulso en la verga, latiendo dentro de mí, sincronizado con mi corazón. Gemidos se convierten en gritos: "¡Más fuerte! ¡Qué rico tu verga!". Él gruñe, "Te voy a llenar, Ana, neta eres mía". La tensión sube, coiling como resorte, hasta que exploto otra vez, coño contrayéndose alrededor de él, ordeñándolo.
Él se corre segundos después, chorros calientes inundándome, gimiendo mi nombre como oración. Colapsamos, jadeantes, cuerpos pegajosos de sudor y fluidos. Su peso sobre mí es confort, su aliento en mi oreja un susurro: "Gracias por la honestidad, wey. Esto era lo que necesitábamos".
Nos quedamos así, en afterglow, la rola de Billy Talent sonando bajito de fondo.
Try honesty, y funcionó. Desnudos no solo en cuerpo, sino en verdades que nos unieron para siempre.El aire fresco de la noche entra por la ventana, secando nuestro sudor, mientras nos besamos suaves, prometiendo más noches así. El deseo satisfecho, pero la chispa lista para encenderse de nuevo. Neta, qué chido ser honestos.