Relatos Eroticos
Inicio Trío XXX Trio Con Dos Mujeres Inolvidables XXX Trio Con Dos Mujeres Inolvidables

XXX Trio Con Dos Mujeres Inolvidables

7090 palabras

XXX Trio Con Dos Mujeres Inolvidables

La noche en Puerto Vallarta estaba caliente como el infierno, con el mar susurrando secretos al ritmo de las olas que lamían la arena. Yo, Chava, un wey de treinta tacos que trabaja en una agencia de turismo, había llegado a esa fiesta en la casa de playa de un carnal mío. El aire olía a sal, coco y esas piñas coladas que te hacen sentir que el mundo es tuyo. Ahí las vi: Ana y Lupe, dos morras que neta me quitaron el hipo desde el primer vistazo.

Ana era la de pelo negro largo, curvas que parecían esculpidas por los dioses aztecas, con un vestido rojo que se pegaba a sus chichis perfectas y dejaba ver sus piernitas morenas. Lupe, su mejor amiga, rubia teñida con ojos verdes que te miraban como si ya supieran todos tus pecados, vestida con un top corto que mostraba su ombligo piercing y shorts que apenas cubrían su culazo redondo. Estaban bailando salsa pegaditas, riendo con esa picardía mexicana que te enciende el motor.

Órale, Chava, no seas pendejo, me dije mientras me acercaba con una cerveza en la mano.

"¿Qué onda, reinas? ¿Me dan chance de unirme al baile o qué?"
les solté, con mi mejor sonrisa de galán de telenovela. Ana me miró de arriba abajo, lamiéndose los labios pintados de rojo.
"Ven, guapo, pero agárrate que acá no hay perdedores."
Lupe me tomó de la mano, su piel tibia y suave como seda contra la mía, y de repente estábamos los tres moviéndonos al ritmo de la cumbia, sus cuerpos rozando el mío en cada giro.

El sudor empezaba a perlar sus cuellos, mezclándose con el perfume dulzón de vainilla y jazmín que me volvía loco. Sentía el calor de sus respiraciones en mi oreja, el roce de sus tetas contra mi pecho. Esto va a ser épico, pensé, mientras mi verga ya se ponía dura como piedra bajo los jeans. Hablamos pendejadas toda la noche: de tacos al pastor, de las mejores playas escondidas, de cómo la vida en Vallarta es pura adrenalina. Pero entre risas, sus miradas decían más: Ana me guiñaba el ojo, Lupe me apretaba el brazo con saña juguetona.

La fiesta se fue apagando, pero nosotras tres nos quedamos en la terraza, con el sonido de las olas como banda sonora privada.

"Oye, Chava, ¿has tenido un xxx trio con dos mujeres como nosotras?"
me preguntó Lupe, con voz ronca, mientras se sentaba en mis piernas, su culo firme presionando justo donde dolía de gusto. Ana se acercó por detrás, sus manos masajeándome los hombros.
"Porque nosotras sí sabemos cómo hacer que un wey olvide su nombre."
Mi corazón latía como tamborazo zacatecano. Neta, esto no es un sueño, ¿verdad?

La tensión crecía como marea alta. Las besé primero a Ana, sus labios carnosos sabían a tequila y menta, su lengua danzando con la mía en un beso húmedo y profundo. Lupe no se quedó atrás; mordisqueó mi cuello, dejando un rastro de besos que erizaban mi piel. Sus manos bajaron por mi pecho, desabotonando mi camisa con dedos ansiosos. Olía a su excitación, ese aroma almizclado que se mezcla con el sudor salado, puro afrodisíaco mexicano.

Nos movimos adentro, a la recámara con vista al mar. La cama king size nos esperaba, sábanas blancas crujientes. Me quitaron la ropa como lobas hambrientas: Ana jalando mis jeans, Lupe lamiendo mi pecho mientras sus uñas arañaban suavemente mi espalda. Siento sus respiraciones aceleradas, el pulso en sus venas latiendo contra mi piel. Mi verga saltó libre, dura y palpitante, y ellas jadearon de gusto.

"Mira qué chulada, nena"
, dijo Ana a Lupe, y juntas se arrodillaron.

La boca de Ana fue la primera: cálida, húmeda, envolviéndome hasta la garganta con una mamada experta que me hizo gemir como nunca. Su saliva chorreaba, el sonido chupón resonando en la habitación. Lupe besaba mis bolas, lamiéndolas con ternura juguetona, sus labios suaves contrastando con la succión feroz de su amiga. Intercambiaban turnos, riendo entre lamidas, sus lenguas rozándose sobre mi pija en un beso compartido que me llevó al borde. No aguanto, cabronas, me van a hacer explotar.

Pero no era solo físico; sentía su conexión, cómo se miraban con complicidad, empoderadas en su deseo mutuo. Ana se quitó el vestido, revelando unas tetas firmes con pezones oscuros duros como piedras de obsidiana. Lupe la besó, chupando un pezón mientras yo las veía, mi mano acariciando su coñito empapado a través de los shorts. Ella gimió contra la boca de Ana,

"Sí, así, fóllame con los ojos primero."

Las tumbé en la cama, posicionándonos en un enredo de piernas y brazos. Lamí la panocha de Ana primero: jugosa, con sabor a miel salada, sus labios hinchados palpitando bajo mi lengua. Ella arqueaba la espalda, sus uñas en mi pelo, gritando

"¡Ay, wey, qué rico!"
. Lupe se frotaba contra mi cara desde el lado, su clítoris endurecido rozando mi mejilla, oliendo a deseo puro. Luego intercambiamos: metí dos dedos en Lupe, curvándolos para golpear ese punto que la hacía temblar, mientras Ana me montaba la cara, ahogándome en su flujo dulce.

La intensidad subía como volcán en erupción. Ana se subió a mi verga primero, cabalgándome con ritmos salvajes, su culo rebotando contra mis muslos con palmadas sonoras. Siento cada contracción de su chochito apretándome, caliente y resbaloso. Lupe se sentó en mi cara, moliéndose mientras besaba a Ana, sus tetas rozándose. Gemidos en stereo:

"¡Más duro, Chava! ¡No pares, pinche cabrón!"
El sudor nos unía, piel contra piel resbaladiza, el olor a sexo impregnando el aire como incienso pagano.

Cambié posiciones: ahora Lupe de perrito, yo embistiéndola profundo, mis bolas chocando contra su clítoris con cada estocada. Ana debajo de ella, lamiendo donde nos uníamos, su lengua rozando mi verga al entrar y salir. Es demasiado, el placer me quema por dentro. Lupe gritaba, su cuerpo convulsionando en orgasmos múltiples, chorros calientes mojando las sábanas. Ana se corrió después, frotándose contra mi mano mientras me la jalaba con furia.

Finalmente, no pude más. Me puse de pie, ellas arrodilladas de nuevo, abriendo la boca como gatitas sedientas.

"Córrete con nosotras, amor"
, suplicó Ana. Explosé en chorros espesos, salpicando sus lenguas, caras y tetas. Ellas se lamían mutuamente, saboreando mi leche con besos lascivos, prolongando mi éxtasis hasta que caí rendido.

Nos acurrucamos después, exhaustos y felices, el mar cantando our lullaby. Ana trazaba círculos en mi pecho, Lupe con la cabeza en mi hombro. Esto fue un xxx trio con dos mujeres que cambiará mi vida para siempre. Hablamos bajito de repetir, de escapadas futuras, riendo con esa calidez mexicana que hace todo mejor. La noche se desvaneció en un afterglow perfecto, pieles pegajosas, corazones latiendo al unísono, sabiendo que el deseo solo acababa de empezar.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatoseroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.