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Cuando Tu No Estas El Tri Letra Me Enciende

7037 palabras

Cuando Tu No Estas El Tri Letra Me Enciende

La casa se siente vacía sin ti, como si las paredes absorbieran el silencio y lo hicieran más pesado. Es una de esas noches calurosas en la Ciudad de México, donde el aire huele a tierra mojada después de la lluvia de la tarde y al humo lejano de los tacos al pastor de la esquina. Tú estás recostada en la cama king size que comparten, con las sábanas de algodón egipcio revueltas, oliendo todavía a tu perfume mezclado con el suyo, ese aroma masculino a madera y cítricos que te vuelve loca.

El reloj marca las once, y el tráfico de Insurgentes ya se calmó. Pruebas a mandar un mensaje: "¿Ya llegaste carnal? Te extraño un chingo." Nada. Sabes que está en ese viaje de negocios en Guadalajara, pero la letra de esa rola de El Tri no te sale de la cabeza: cuando tú no estás. La pones en el Spotify del teléfono, subes el volumen. La guitarra rasposa llena la habitación, la voz ronca de Alex Lora retumba:

"Cuando tú no estás, la casa se siente vacía..."
Tus pezones se endurecen bajo la camisola de seda negra que te pusiste pensando en él. Cierras los ojos y dejas que la letra te invada, como si fuera un susurro directo en tu oreja.

El deseo empieza como un cosquilleo en el estómago, bajando lento hasta tu entrepierna. Te imaginas sus manos grandes, callosas de tanto trabajar en el gym, recorriendo tus muslos. ¿Por qué carajos tiene que estar tan lejos justo hoy? Te quitas la camisola, quedas en tanga de encaje rojo, la que él dice que te hace ver como diosa azteca. El aire fresco de la habitación roza tu piel desnuda, erizándote el vello. La canción sigue: la letra de cuando tú no estás El Tri te hace mover las caderas al ritmo, como si bailaras para él en la penumbra.

Te recuestas, abres las piernas despacio. Tus dedos bajan por tu vientre plano, sintiendo el calor que emana de tu sexo. El olor a tu excitación empieza a perfumar el aire, dulce y almizclado, como miel caliente. Tocas tu clítoris hinchado, suave al principio, círculos lentos que te arrancan un gemido bajo. "Ay, pinche amor... ven pa'cá." Imaginas su boca ahí, su lengua experta lamiendo, saboreando tus jugos. El sonido de tu respiración agitada se mezcla con la guitarra eléctrica, el bajo retumbando en tu pecho como un corazón desbocado.

La tensión crece. Metes un dedo dentro, luego dos, sintiendo las paredes húmedas apretarte. Estás empapada, el slick sonido de tus movimientos es obsceno, delicioso. Piensas en su verga dura, gruesa, cómo te llena hasta el fondo.

Cuando tú no estás, todo se siente chafa, pero mis dedos no son tan buenos como tú...
Aceleras, el placer sube en oleadas, tu espalda se arquea, los muslos tiemblan. Sudas, el olor salado de tu piel se une al de tu arousal. Estás a punto, mordiéndote el labio para no gritar, cuando el teléfono vibra. Es él. Videollamada.

Contestas jadeante, la cámara enfocando tu cara sonrojada. "¡Hola, mi reina! ¿Qué onda? Te veo calientita." Su voz grave, con ese acento chilango puro, te derrite. Le bajas la cámara, le muestras tu mano entre las piernas. "Mira lo que me haces, pendejo. Esta rola de El Tri me tiene loca." Él ríe, se ve en una cama de hotel, ya sin camisa, el pecho tatuado reluciendo bajo la luz. "¿Cuál? ¿Cuando tú no estás? Pinche letra cabrona. Enséñame más."

La llamada se pone intensa. Él se baja los bóxers, su verga salta erecta, venosa, goteando precum. Tú sigues tocándote al ritmo de sus instrucciones: "Más rápido, nena. Imagina que soy yo chingándote duro." El sonido de su mano pajeándose es hipnótico, wet y rítmico. Describes lo que sientes: el calor líquido entre tus labios mayores, el pulso en tu clítoris, cómo tus tetas rebotan con cada embestida de tus dedos. Él gime tu nombre, "¡Laura, cabrona, me vengo pensando en tu concha apretada!" Tú explotas primero, un orgasmo que te sacude entera, chorros calientes mojando las sábanas, gritando su nombre mientras la canción termina en loop de fondo.

Él se corre segundos después, chorros blancos salpicando su abdomen, gruñendo como bestia. Ambos jadean, riendo entre sudores. "Mañana llego temprano, prepárate que te voy a partir en dos." Te despides con un beso volado, el corazón latiendo fuerte. Apagas la música, pero la letra de cuando tú no estás El Tri sigue resonando en tu mente, ahora con un sabor a promesas calientes.

Al día siguiente, el sol entra por las cortinas sheer, bañando la recámara en luz dorada. Oyes la llave en la puerta, tu pulso se acelera. "¡Ya llegué, mi vida!" Corre hacia ti, te levanta en brazos como si no pesaras nada. Sus labios chocan con los tuyos, beso hambriento, lengua invadiendo tu boca con sabor a menta y café de máquina. Lo arrastras a la cama, quitándole la ropa a mordidas. Su cuerpo es puro músculo, piel morena oliendo a avión y a él, ese perfume que te empapa las bragas.

Lo empujas boca arriba, montas su cara. "Primero come de mi panocha, como en la llamada." Su lengua ataca, lamiendo desde el ano hasta el clítoris, chupando tus labios hinchados. Saborea tus jugos como si fueran el mejor pozole, gruñendo vibraciones que te hacen retorcerte. Tus manos en su pelo negro, jalando fuerte. ¡Qué chingón es esto! Bajas, engulles su verga entera, garganta profunda, saliva chorreando por la barbilla. Él gime, "¡Pinche boca de ángel, Laura!" El sabor salado de su piel, venas palpitando en tu lengua.

La intensidad sube. Te voltea, te pone a cuatro patas, el colchón hundiéndose bajo tu peso. Entra de un empujón, llenándote hasta el útero, su pubis chocando contra tus nalgas con un clap clap sudoroso. Cada estocada es profunda, el sonido de carne contra carne, sus bolas golpeando tu clítoris. Sudor gotea de su frente a tu espalda, caliente. "¡Dime que te gusta, reina!" "¡Sí, chíngame más duro, cabrón! ¡No pares!" Tus paredes lo aprietan, ordeñándolo. Piensas en la letra otra vez:

Ahora que estás aquí, todo es perfecto...

El clímax los golpea juntos. Él se hincha dentro, corriéndose a chorros calientes que te queman delicioso, inundándote. Tú gritas, otro squirting que moja sus muslos. Colapsan, enredados, pieles pegajosas de sudor y fluidos. Él te besa la nuca, susurrando "Nunca más te dejo sola con esa rola de El Tri." Ríes, el cuerpo lánguido, el corazón lleno.

Después, en la afterglow, yacen desnudos, ventilador zumbando, olores mezclados en el aire: sexo, amor, hogar. Mañana será otro día, pero esta letra de cuando tú no estás ahora es himno de su pasión eterna. Te acurrucas en su pecho, escuchando su corazón calmarse, sabiendo que juntos, todo arde justo.

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