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Rainia Belle Vamos a Probar Anal

7032 palabras

Rainia Belle Vamos a Probar Anal

Tú entras al departamento en Polanco, el ruido de la lluvia azotando las ventanas te recibe como un viejo amigo. El aroma a mole poblano casero flota en el aire, mezclado con el perfume dulce de jazmín que siempre usa Rainia Belle. Ella sale de la cocina, su silueta curvilínea envuelta en un vestido negro ceñido que resalta sus caderas anchas y sus tetas firmes. Sus ojos cafés brillan con picardía mexicana, ese fuego que te enciende cada vez.

—¡Órale, vato! —te dice con esa voz ronca, abrazándote fuerte. Su piel morena huele a vainilla y sudor ligero del calor de la estufa—. ¿Cómo te fue en el jale? Ven, siéntate, ya tengo la cena lista.

Tú la besas en la boca, saboreando sus labios carnosos pintados de rojo. Su lengua se enreda con la tuya, juguetona, mientras sus manos te recorren la espalda. Sientes el pulso acelerado en su cuello, el calor de su cuerpo pegado al tuyo. La mesa está puesta con velas titilando, platos de enchiladas suizas humeantes y un tequila reposado que invita a pecar.

Comen despacio, riendo de chistes pendejos sobre el tráfico en Insurgentes. Pero el aire está cargado, como antes de una tormenta. Cada roce de sus pies descalzos bajo la mesa te eriza la piel.

Esta morra me vuelve loco, piensa tú, su culo perfecto moviéndose en la silla. Quiero devorarla ya.
Ella te mira fijo, mordiéndose el labio inferior.

—Sabes, mi rey —susurra, inclinándose sobre la mesa, sus tetas casi escapando del escote—. Hoy estoy de antojo. Algo... diferente.

Terminan la cena rápido. La llevas en brazos a la recámara, la lluvia ahora un tamborileo constante que ahoga el mundo exterior. La recuestas en la cama king size, con sábanas de algodón egipcio suaves como su piel. Le quitas el vestido despacio, revelando lencería roja de encaje que abraza sus curvas como un amante celoso. Sus pezones oscuros se endurecen al aire fresco, y tú los besas, chupando suave, oyendo sus primeros gemidos bajos, como un ronroneo de gata en celo.

Qué chido se siente eso, cabrón —jadea ella, arqueando la espalda. Sus uñas se clavan en tu nuca, enviando chispas por tu espina.

Tú bajas la boca por su vientre plano, lamiendo el sudor salado que perla allí. Llegas a su panocha depilada, húmeda ya, oliendo a deseo puro, almizclado y dulce. La pruebas con la lengua, círculos lentos alrededor del clítoris hinchado. Ella se retuerce, sus muslos morenos apretándote la cabeza, el sabor de su excitación inundándote la boca como néctar prohibido.

Pero esta noche hay más. Mientras la comes, ella te jala el pelo, mirándote con ojos vidriosos.

Rainia Belle vamos a probar anal —dice de repente, su voz temblorosa de anticipación. Tú levantas la vista, sorprendido pero encendido. Ella ríe nerviosa—. ¿Qué? Llevamos tiempo platicándolo, ¿no? Quiero sentirte ahí, mi amor. Despacito, eh, pendejo.

El corazón te late como tamborazo en la Feria de San Marcos.

¿Está segura? No quiero lastimarla, pero chingado, qué caliente se ve proponiéndolo así.
Asientes, besándola profundo para confirmar. Todo es sí, puro consentimiento en cada mirada.

Escalada gradual. Le das la vuelta boca abajo, sus nalgas redondas y firmes elevándose como ofrenda. Besas su espalda, bajando por la columna vertebral, hasta el valle entre sus cachetes. El olor de su arousal se intensifica, mezclado con jabón de lavanda. Sacas el lubricante de la mesita —frío al tacto primero, luego cálido al frotarlo—. Empiezas con un dedo, despacio, oyendo su aliento entrecortado.

—¡Ay, sí! Así, carnal —gime ella, empujando hacia atrás. Su ano virgen se relaja poco a poco bajo tus caricias circulares. Introduces el dedo lubricado, sintiendo el calor apretado, los músculos contrayéndose y cediendo. Ella jadea, el sonido crudo y animal, mientras la lluvia arrecia afuera.

Agregas un segundo dedo, estirándola con paciencia. Tus labios recorren sus nalgas, mordisqueando suave la carne tersa. Ella se toca la panocha, masturbándose lento, sus gemidos volviéndose más urgentes. Se siente tan bien, tan lleno... más, dame más, piensa ella en voz alta, su voz quebrada.

Tú estás duro como piedra, tu verga palpitando contra el colchón. Te quitas la ropa rápido, el aire fresco besando tu piel sudada. Te posicionas detrás, frotando la punta contra su entrada trasera, lubricando todo. Ella gira la cabeza, ojos suplicantes.

—Ya, métemela. Quiero Rainia Belle lets try anal de una vez —insiste, incorporando el jueguito en inglés que siempre hace cuando está bien prendida, su acento mexicano volviéndolo aún más cachondo.

Empujas despacio, la cabeza entrando primero. ¡Chingado, qué apretado! Calor envolvente, como terciopelo vivo apretándote. Ella grita suave, mezcla de dolor y placer, sus manos agarrando las sábanas. Pausas, dejando que se acostumbre, besando su hombro, susurrando te amo, mi reina, dime si parar. Pero ella niega con la cabeza, sigue, se siente increíble.

Centímetro a centímetro, te hundes hasta la base. El ritmo empieza lento, sus caderas moviéndose contigo, encontrando el compás. El slap de piel contra piel se une al golpeteo de la lluvia, un soundtrack perfecto. Sudor perla vuestros cuerpos, goteando, oliendo a sexo puro, salado y embriagador. Tus manos aprietan sus tetas colgantes, pellizcando pezones, mientras ella se arquea, gritando ¡más duro, vato! ¡Así!.

La intensidad sube. Cambian posición: ella encima, cabalgándote reversa, control total. Ves su culo tragándote entero, el anillo rosado estirado alrededor de tu verga gruesa. Sus gemidos son ahora aullidos, su pelo negro azotando el aire. Tú sientes el orgasmo construyéndose, bolas tensas, pulso en las sienes.

No aguanto más, esta morra es fuego puro.

—¡Me vengo! —grita ella primero, su cuerpo convulsionando, panocha chorreando jugos sobre tus muslos. El apretón de su culo te empuja al borde. Explotas dentro, chorros calientes llenándola, el placer cegador, olas y olas hasta vaciarte.

Colapsan juntos, jadeando, cuerpos pegajosos entrelazados. La lluvia amaina a un susurro. Tú la abrazas, besando su nuca sudorosa, probando el salitre de su piel. Ella gira, sonriendo satisfecha, ojos brillando.

—¿Ves? Rainia Belle lets try anal fue lo mejor —ríe bajito, acurrucándose. Tú asientes, el corazón lleno.

En el afterglow, charlan suave sobre nada y todo. El tequila olvidado en la mesa, la noche envuelve su nido de amor. Mañana será otro día en la CDMX caótica, pero esta conexión, este fuego compartido, es eterno. Ella duerme en tu pecho, su respiración rítmica, mientras tú acaricias su pelo, sabiendo que probaron algo nuevo y salió chingón.

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