Relatos Eroticos
Inicio Trío Los Mejores Tríos Porno Que Viví Los Mejores Tríos Porno Que Viví

Los Mejores Tríos Porno Que Viví

6836 palabras

Los Mejores Tríos Porno Que Viví

Estaba tirado en el sofá de mi depa en Polanco, con el calor de la noche de verano pegándome en la cara como una cachetada caliente. El ventilador zumbaba pendejamente arriba, moviendo el aire cargado de olor a tequila y sudor fresco. Sofia, mi morra, entró con esa sonrisa pícara que me ponía la verga dura al instante. Llevaba un vestidito negro ajustado que marcaba sus chichis perfectas y su culazo redondo, el que me volvía loco cada que lo veía rebotar.

¿Qué pasa, wey? ¿Viendo pornografía otra vez? me dijo riendo, mientras se acercaba con una chela en la mano. Yo negué con la cabeza, pero la neta era que sí, acababa de cerrar una pestañita con los mejores tríos porno que había visto en la vida. Esas chavas en la pantalla gimiendo y chupándose entre tres, con vergas duras por todos lados, me habían dejado con un chorro de calentura que no se me quitaba.

—Neta, amor, ¿por qué no probamos algo así? —le solté de repente, sintiendo el pulso acelerado en las venas. Ella se sentó en mis piernas, su calor filtrándose a través de la tela delgada, y me miró con ojos brillantes.

¿Un trío? ¿En serio, cabrón? ¿Con quién?
—preguntó, mordiéndose el labio inferior, ese gesto que sabía que era su señal de que estaba intrigada.

Ahí fue cuando sonó el timbre. Era Carla, la mejor amiga de Sofia desde la uni, una culona de campeonato con pelo negro largo y tetas que pedían a gritos ser manoseadas. Las dos se abrazaron como si no se hubieran visto en años, aunque vivían a unas cuadras. El aire se llenó de su perfume dulce, mezclado con el aroma salado de sus pieles después de la fiesta en la playa donde habían estado.

La noche avanzaba con chelas frías y risas que se volvían cada vez más coquetas. Nos sentamos en la terraza, con las luces de la ciudad parpadeando abajo como estrellas caídas. Sofia y Carla hablaban de todo, de chismes, de weyes pendejos que las habían dejado plantadas. Yo las veía, sintiendo cómo mi cuerpo respondía a cada roce accidental: el pie de Carla rozando mi pierna, la mano de Sofia en mi muslo subiendo peligrosamente.

Esto es como esos videos de los mejores tríos porno, pero en real, con olor a mar y piel morena, pensé, mientras mi verga se ponía tiesa como poste.

La tensión crecía como una tormenta en el Golfo. Sofia me guiñó un ojo y le susurró algo al oído a Carla. Las dos se rieron, y de pronto, Carla se paró, se quitó el top con un movimiento fluido, dejando ver sus chichis firmes, pezones oscuros endurecidos por el aire fresco de la noche.

¿Qué esperas, pendejo? —me dijo Sofia, jalándome de la camisa para besarme con lengua profunda, saboreando a ron y fresas en su boca—. Carla quiere jugar.

Acto uno cerrado: el deseo ya no era solo mío, era nuestro. Nos movimos al cuarto, donde la cama king size nos esperaba con sábanas de algodón egipcio frescas. El olor a jazmín del difusor flotaba, mezclándose con el aroma almizclado de nuestra excitación creciente.

En el medio del relajo, las cosas se pusieron intensas. Sofia me quitó la playera, sus uñas arañando mi pecho, enviando chispas de placer por mi espina. Carla se pegó por detrás, sus tetas aplastándose contra mi espalda, sus manos bajando a desabrocharme el cinto. Sentí su aliento caliente en mi cuello, oliendo a menta y deseo puro.

Mierda, esto es mejor que cualquier porno, me dije, mientras las dos se arrodillaban frente a mí. Sofia sacó mi verga, ya goteando pre-semen, y la lamió desde la base hasta la cabeza, su lengua caliente y húmeda envolviéndome como terciopelo mojado. Carla no se quedó atrás; chupó mis huevos con succiones suaves que me hicieron gemir ronco, el sonido rebotando en las paredes.

Ellas dos se miraban, sonriendo con picardía mexicana, esa que dice "vamos a chingarlo bien". Sofia le pasó mi verga a Carla, quien la tragó hasta la garganta, ahogándose un poquito pero sin parar, saliva chorreando por su barbilla. Yo las veía, hipnotizado por el contraste: Sofia rubia teñida besando el cuello de Carla morena, sus lenguas entrelazándose sobre mi pija palpitante.

La habitación se llenaba de sonidos: slurp slurp de mamadas expertas, gemidos ahogados, el crujir de la cama cuando las jalé para tumbarlas. Toqué sus cuerpos, piel suave como mango maduro, curvas que se amoldaban a mis palmas. Olía a concha mojada, ese olor dulce y salado que me volvía animal.

Las puse de rodillas en la cama, culos en pompa. Sofia tenía la panocha rosada y chorreante, lista para mí. La penetré despacio al principio, sintiendo cómo sus paredes calientes me apretaban, succionándome adentro. —¡Ay, cabrón, así! Chíngame duro —gruñó ella, empujando contra mí.

Carla se masturbaba viéndonos, dedos hundidos en su chochito lampiño, jugos brillando en la luz tenue. Me sacó de Sofia y me montó ella, cabalgándome con furia, sus tetas botando al ritmo de sus caderas. El slap slap de carne contra carne era música, su sudor goteando en mi pecho, salado en mi lengua cuando la lamí.

Intercambiamos posiciones como en los mejores tríos porno que recordaba, pero con conexión real: Sofia comiendo la concha de Carla mientras yo la cogía por atrás, mi verga entrando y saliendo con sonidos chapoteantes. Carla gritaba en español puro: —¡¡Sí, wey, no pares! ¡Me vengo! —su cuerpo temblando, chorro caliente salpicando las sábanas.

La intensidad subía, mis huevos apretados listos para explotar. Sofia me miró, ojos vidriosos de placer: —

Córrete adentro de mí, amor, lléname
. La volteé, la abrí de piernas, y embestí profundo, sintiendo su interior convulsionar alrededor de mi pija. Carla nos besaba a los tres, lenguas enredadas, manos everywhere.

El clímax llegó como tsunami: grité, descargando chorros calientes en Sofia, mi semen mezclándose con sus jugos, goteando por sus muslos. Ellas dos se corrieron conmigo, cuerpos arqueados, uñas clavadas en mi piel, dejando marcas rojas que dolían rico.

En el final, nos derrumbamos en un enredo de piernas y brazos sudorosos. El aire olía a sexo crudo, a semen y conchas satisfechas. Sofia acurrucada en mi pecho, Carla en el otro lado, sus respiraciones calmándose como olas en la playa de Cancún.

—Neta, eso fue chido —murmuró Carla, besando mi hombro—. Mejor que cualquier video.

Yo sonreí en la penumbra, el corazón latiendo lento ahora, satisfecho. Los mejores tríos porno no se comparan con esto: carne real, risas mexicanas, amor y lujuria en equilibrio perfecto. La noche nos envolvió, prometiendo más rondas, pero por ahora, el afterglow era puro paraíso.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatoseroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.