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Weve Got to Try Chemical Brothers

7515 palabras

Weve Got to Try Chemical Brothers

Ana y Luis estaban en su depa chido en la Roma, con las luces bajas y el aire cargado de ese olor a ciudad que se cuela por las ventanas abiertas. Era viernes por la noche, y después de un chorro de chelas en el bar de la esquina, habían regresado a casa con ganas de algo diferente. Ana, con su piel morena brillando bajo la luz tenue de las velas, se recargaba en el sillón de cuero, sintiendo el fresco del piso de madera contra sus pies descalzos. Luis, ese pendejo guapo con ojos cafés que la volvían loca, armaba la playlist en su laptop.

Órale, nena, weve got to try Chemical Brothers, dijo él con esa voz ronca, imitando el acento gringo que tanto le gustaba ponerle a las rolas. Ana soltó una carcajada, el sonido rebotando en las paredes blancas del depa. ¿Qué pedo, wey? ¿Ya te clavaste con esos morrillos electrónicos? respondió ella, levantándose con un movimiento felino, su falda corta subiendo un poquito por sus muslos firmes.

La primera rola explotó en los speakers: bajos profundos que vibraban en el pecho de Ana como un latido acelerado. El ritmo era hipnótico, un pulso que le hacía mover las caderas sin pensarlo. Luis se acercó, sus manos grandes posándose en la cintura de ella, el calor de sus palmas traspasando la tela delgada. Olía a su colonia mezclada con el sudor ligero de la noche, un aroma que le erizaba la piel.

Pinche Marco, siempre con sus ideas locas, pero neta que esto se siente chido
, pensó Ana mientras se pegaba más a él, sintiendo la dureza de su cuerpo contra el suyo.

Empezaron a bailar, lento al principio, como si el mundo se redujera a ese espacio entre el sillón y la cocina abierta. Los beats subían de intensidad, el bum-bum-bum retumbando en sus pechos, sincronizándose con sus respiraciones jadeantes. Las manos de Luis bajaron por la espalda de Ana, rozando la curva de sus nalgas, y ella arqueó la espalda, presionando su pecho contra el de él. El roce de sus pezones endurecidos contra la camisa de Luis era eléctrico, un cosquilleo que le bajaba directo al vientre.

Ven, mi reina, déjame sentirte, murmuró él al oído, su aliento caliente oliendo a menta y cerveza. Ana giró la cabeza, capturando sus labios en un beso hambriento. Sus lenguas se enredaron, saboreando el dulzor residual de las chelas, mientras sus cuerpos se mecían al ritmo de la música. Ella metió las manos por debajo de la camisa de él, palpando los músculos tensos de su abdomen, la piel cálida y suave salpicada de vello oscuro.

La tensión crecía como una tormenta. Ana sentía su centro humedeciéndose, un calor líquido que la hacía apretar los muslos.

Chingado, este wey me prende con nada, pero esta rola... esta rola nos va a volar la cabeza
. Luis la levantó en brazos sin esfuerzo, sus piernas envolviéndose alrededor de su cintura, y la llevó al sillón. La música seguía tronando, los graves masajeando sus cuerpos como dedos invisibles.

En el sillón, él se sentó con ella a horcajadas encima. Ana desabrochó su camisa con dedos temblorosos, exponiendo su torso moreno, el brillo de sudor naciente bajo la luz de las velas. Lo besó por el cuello, lamiendo la sal de su piel, bajando hasta un pezón que mordisqueó suavemente. Luis gruñó, un sonido gutural que vibró contra su boca. Pinche Anita, me vas a matar, jadeó él, mientras sus manos subían por sus muslos, empujando la falda hasta la cintura.

Ella se incorporó un segundo, quitándose la blusa con un movimiento fluido, sus senos libres rebotando ligeramente, pezones oscuros erectos por la excitación. Luis los tomó en sus manos, masajeándolos con pulgares ásperos, enviando chispas de placer directo a su clítoris. Ana gimió, el sonido perdido en el estruendo de la rola siguiente, más rápida, más urgente. Se frotó contra la protuberancia en los pantalones de él, sintiendo la rigidez de su verga presionando contra su humedad a través de la tanga.

Quítate eso, carnal, ordenó ella, su voz ronca de deseo. Luis obedeció, bajándose los pantalones y boxers de un tirón, su polla saltando libre, gruesa y venosa, la punta ya brillando de precum. Ana la tomó en su mano, acariciándola de arriba abajo, sintiendo el pulso acelerado bajo la piel aterciopelada. Él siseó, cerrando los ojos, mientras ella se inclinaba para lamer la cabeza, saboreando el sabor salado y almizclado que le explotaba en la lengua.

Pero no quería acabarlo así. Se puso de pie, quitándose la falda y la tanga, quedando desnuda frente a él. Su coño depilado relucía de jugos, los labios hinchados de anticipación. Luis la miró como si fuera un manjar, sus ojos oscuros devorándola. Ven acá, mi amor, la jaló hacia él, posicionándola de nuevo a horcajadas. Ana descendió despacio sobre su verga, centímetro a centímetro, sintiendo cómo la estiraba, la llenaba hasta el fondo. El placer fue un rayo, arqueándola hacia atrás con un grito ahogado.

Empezaron a moverse, ella cabalgándolo con ritmo propio, los beats de Chemical Brothers marcando el compás. Sus caderas chocaban con un plaf-plaf húmedo, el olor a sexo impregnando el aire: almizcle, sudor, excitación pura. Luis le amasaba las nalgas, un dedo rozando su ano en círculos tentadores, mientras ella clavaba las uñas en sus hombros.

Neta que esto es lo máximo, wey, la música nos está llevando al cielo
, pensó Ana, su clítoris frotándose contra el pubis de él con cada embestida.

La intensidad subía. Cambiaron de posición: Luis la puso de rodillas en el sillón, penetrándola por detrás con una estocada profunda que la hizo gritar. Sus bolas golpeaban su clítoris, el sonido obsceno mezclándose con los sintes electrónicos. Él le jalaba el pelo suavemente, arqueándole la espalda, mientras su otra mano bajaba a frotarle el botón con maestría. Ana temblaba, el orgasmo construyéndose como una ola gigante en su vientre.

¡Más fuerte, pendejo! ¡Dame todo! exigió ella, empujando hacia atrás. Luis aceleró, sus gruñidos animales resonando en su oído. El olor de sus cuerpos sudados era embriagador, el sabor de su propia excitación en sus labios cuando se mordía el inferior. El clímax la golpeó primero: un estallido de placer que la hizo convulsionar, su coño apretando la verga de él en espasmos rítmicos, jugos chorreando por sus muslos.

Luis la siguió segundos después, embistiéndola con furia hasta derramarse dentro de ella, chorros calientes llenándola mientras rugía su nombre. Colapsaron juntos en el sillón, la música aún pulsando de fondo, ahora más suave, como un latido post-orgásmico.

Ana se acurrucó contra su pecho, sintiendo el corazón de Luis martilleando contra su mejilla, el semen goteando lento entre sus piernas. El aire olía a ellos, a sexo satisfecho, a velas casi apagadas.

Chingón plan el de este wey con los Chemical Brothers, neta que hay que repetir
, musitó en su mente, sonriendo perezosa.

¿Ves? Te dije que weve got to try Chemical Brothers, murmuró él, besándole la frente. Ana rio bajito, su mano trazando círculos en su pecho. Sí, mi amor, y ahora ya no hay vuelta atrás. Esto es nuestro nuevo vicio.

Se quedaron así, envueltos en el afterglow, la ciudad zumbando afuera mientras la playlist seguía girando, prometiendo más noches como esta.

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