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El Trio Ardiente con Mi Esposa XNXX

6706 palabras

El Trio Ardiente con Mi Esposa XNXX

Todo empezó una noche cualquiera en nuestro depa en Polanco, con el skyline de la Ciudad de México brillando por la ventana. Mi esposa, Ana, y yo llevábamos casados cinco años, y la neta, el sexo seguía siendo chingón, pero últimamente hablábamos de fantasías más locas. Ella, con su piel morena suave como el terciopelo, curvas que me volvían loco y unos ojos cafés que te desnudan con la mirada, me soltó una bomba mientras cenábamos tacos de suadero.

—Órale, carnal, ¿y si probamos un trío? —dijo ella, lamiéndose los labios con esa picardía que me pone la verga dura al instante.

Yo casi me atraganto con la salsa. Neta, había buscado trio con mi esposa xnxx en la compu un par de veces, viendo videos de esposas calientes compartidas, y la idea me prendía como chile en nogada. Pero ¿en la vida real? Mi corazón latía fuerte, imaginando su cuerpo retorciéndose de placer con otro wey.

¿Y si no me gusta? ¿Y si ella se engancha más con el otro?
Pero Ana me miró con esa sonrisa pícara, y supe que no había marcha atrás.

Al día siguiente, le conté a mi cuate Marco, un morro alto, atlético, con tatuajes en los brazos y una sonrisa de cabrón que siempre ligaba. Era de confianza, de esos amigos que no juzgan. Le mandé un mensaje: "Wey, ¿te late una aventura con Ana y yo? Puro trío consensual, neta". Me contestó rápido: "¡Chingao, sí carnal! ¿Cuándo?".

La tensión creció esa semana. Ana se compró un conjunto de lencería roja que dejaba poco a la imaginación, y yo no paraba de oler su perfume de vainilla mezclado con su aroma natural, ese que me hace salivar. Cada noche, nos tocábamos imaginando la escena: sus tetas rebotando, gemidos dobles, piel sudada chocando.

El viernes llegó. Nuestro depa olía a velas de lavanda y tequila reposado. Ana se arregló con un vestido negro ceñido que marcaba su culo redondo perfecto. Marco tocó la puerta puntual, con una botella de Don Julio en la mano y jeans que no escondían su paquete abultado. Nos dimos un abrazo de tres, y el aire se cargó de electricidad. Sentí el calor de sus cuerpos contra el mío, el pulso acelerado en sus cuellos.

Empezamos con copas en el sofá, platicando pendejadas para romper el hielo. Ana se sentó entre nosotros, su muslo rozando el mío, luego el de Marco. —Brindemos por lo chido que va a ser esto —dijo ella, su voz ronca de anticipación. Yo la besé primero, lento, saboreando sus labios carnosos con sabor a margarita. Marco nos miró, y vi en sus ojos el hambre. Ana giró la cabeza y lo besó a él, un beso profundo, lenguas danzando. Mi verga se endureció al ver cómo ella gemía bajito, un sonido gutural que vibraba en mi pecho.

La llevamos a la recámara, iluminada solo por luces tenues. El colchón king size nos esperaba, sábanas de algodón egipcio frescas al tacto. Ana se quitó el vestido despacio, revelando la lencería que hacía resaltar sus pezones oscuros, duros como piedritas. Marco y yo nos desvestimos rápido, mi polla saltando libre, venosa y palpitante, la de él igual de gruesa, con venitas marcadas. Ella nos miró a los dos, mordiéndose el labio.

Esto es real, wey. Su panocha ya debe estar chorreando.

Me arrodillé primero, besando su vientre suave, bajando hasta su tanga empapada. El olor a su excitación era embriagador, almizclado y dulce como miel de maguey. Lamí su clítoris hinchado a través de la tela, oyendo sus jadeos agudos. Marco se acercó por detrás, masajeando sus tetas grandes, pellizcando pezones que ella arqueaba la espalda por el placer. —Sí, pinches machos, cómanme —gruñó Ana, su voz mexicana ronca y sucia.

Le quité la tanga y hundí la lengua en su coño jugoso, saboreando sus jugos salados y calientes. Ella temblaba, sus muslos apretando mi cabeza, el sudor perlando su piel. Marco le metió dos dedos en la boca, y ella los chupó con avidez, mamándolos como si fueran vergas. Yo la penetré con la lengua, lamiendo cada pliegue, mientras mi mano acariciaba sus nalgas firmes. El cuarto se llenó de sonidos húmedos, slap-slap de lenguas y dedos, gemidos que subían de volumen.

Cambié posiciones. Ana se puso a cuatro patas, su culo en pompa invitándonos. Marco se colocó enfrente, y ella le dio una mamada épica, engullendo su verga hasta la garganta, babas resbalando por su barbilla. Yo la embestí por detrás, mi polla deslizándose en su panocha resbaladiza como mantequilla. Sentí cada contracción de sus paredes vaginales apretándome, caliente y apretada. —¡Ay, cabrón, qué rico! —gritaba ella entre chupadas. Marco gemía, agarrando su pelo negro largo, follándole la boca con ritmo.

El sudor nos cubría a todos, pieles chocando con palmadas resonantes. Olía a sexo puro: semen preeyaculatorio, coño mojado, axilas masculinas. Cambiamos: yo me acosté, Ana montándome como amazona, su coño tragándome entero, rebotando con tetas saltando hipnóticas. Marco se paró sobre mí y ella lo mamó mientras yo la azotaba el culo suave.

Esto es mejor que cualquier video de trio con mi esposa xnxx, neta viva y con la mujer que amo.
La tensión subía, mis huevos apretados listos para explotar.

Ana aceleró, su respiración entrecortada, gritando —¡Me vengo, pinches vergas duras! Su orgasmo la sacudió, coño convulsionando, chorros calientes mojándome el pubis. Marco gruñó primero, sacando su verga y pintándole la cara de leche espesa, blanca y pegajosa, que ella lamió con deleite, sabor salado en su lengua. Yo la volteé, la puse boca arriba y la embestí profundo, sintiendo su calor residual, hasta que exploté dentro de ella, semen caliente llenándola, pulses interminables.

Nos derrumbamos en un enredo de cuerpos jadeantes. El aire pesado de sexo y sudor, corazones latiendo al unísono. Ana besó a Marco, luego a mí, sus labios hinchados y brillantes. —Gracias, mis amores. Eso estuvo de puta madre —susurró, acurrucándose entre nosotros.

Marco se quedó un rato, platicamos abrazados, riendo de lo intenso. Se fue con un abrazo fraternal, prometiendo discreción. Ana y yo nos duchamos juntos, agua caliente lavando fluidos, pero no el recuerdo. En la cama, con su cabeza en mi pecho, piel aún tibia, reflexioné:

Esto nos unió más, wey. Su confianza en mí, el placer compartido, puro amor con picante mexicano.
La besé la frente, oliendo su pelo a shampoo de coco, y supe que repetiríamos, pero por ahora, el afterglow era perfecto, cuerpos satisfechos, almas conectadas en esa noche ardiente de nuestro trio con mi esposa xnxx.

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