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Un Intento Más Letra Española

5929 palabras

Un Intento Más Letra Española

La noche en Polanco estaba cargada de ese calor pegajoso que hace que la piel se sienta viva, como si el aire mismo te estuviera acariciando. Yo, Ana, caminaba por la Avenida Masaryk con el corazón latiéndome a mil, pensando en él. Javier, mi ex, el wey que me había roto el corazón hace seis meses, pero que ahora me mandaba mensajes diciendo que quería un intento más. Neta, ¿por qué carajos le estaba dando otra chance? Pero ahí iba, con mi vestido negro ajustado que me hacía sentir como una diosa, oliendo a mi perfume de vainilla y jazmín que siempre lo volvía loco.

Lo vi esperándome afuera del bar, con esa sonrisa pícara y los ojos cafés que brillaban bajo las luces neón. "¡Mamacita!", me dijo abrazándome fuerte, su cuerpo duro contra el mío, ese olor a colonia masculina mezclada con cigarro que me hacía débiles las rodillas. Nos sentamos en una mesita apartada, pedimos tequilas reposados, y entre sorbos, hablamos de todo y nada. "Ana, neta que te extraño. Quiero un intento más, ¿sabes? Como esa canción que tanto nos gustaba". Saqué mi cel rápido y busqué "one more try letra español", y ahí estaba, la letra de George Michael en versión traducida, "Un intento más". Se la mostré riendo. "Mira, wey, hasta la letra nos está diciendo que lo intentemos".

¿Por qué no puedo dejar de pensarte? Un intento más, solo uno más...

La letra flotaba en mi mente mientras sus dedos rozaban los míos sobre la mesa, enviando chispas por mi espina. Sentí el pulso acelerado, el calor subiendo por mi pecho. Terminamos las copas y salimos, caminando de la mano hacia su depa en una torre con vista al skyline. El elevador era un mundo aparte: él me acorraló contra la pared, su boca en mi cuello, mordisqueando suave. "Te deseo tanto, Ana", murmuró, su aliento caliente oliendo a tequila dulce. Yo gemí bajito, mis manos en su pelo, tirando un poquito. El ding del elevador nos sacó del trance, pero la tensión ya estaba ahí, vibrando como un bajo en una rola de rock.

Adentro, su penthouse olía a limpio, a sábanas frescas y a él. Puso música suave, y adivina qué sonó: una versión en español de "One More Try". La letra nos envolvió mientras bailábamos pegados, su verga dura presionando contra mi vientre, mis pezones erectos rozando su pecho. "Un intento más, letra española perfecta para nosotros", susurró en mi oído, su lengua lamiendo el lóbulo. Sentí mi chocha humedeciéndose, un cosquilleo traicionero que me hacía apretar los muslos. Lo empujé al sofá, montándome a horcajadas, besándolo con hambre. Sus labios sabían a sal y deseo, su lengua danzando con la mía en un tango húmedo.

Me quitó el vestido despacio, besando cada centímetro de piel que dejaba al aire. "Eres tan chula, tan rica", gruñó, sus manos grandes amasando mis tetas, pellizcando los pezones hasta que jadeé. Yo le arranqué la camisa, lamiendo su pecho sudoroso, bajando hasta su abdomen marcado. Olía a hombre puro, a sexo inminente. Le desabroché el pantalón, liberando esa verga gruesa que tanto extrañaba, palpitante y lista. La tomé en mi mano, sintiendo su calor, las venas latiendo bajo mi palma. "Métetela en la boca, mi reina", pidió con voz ronca. Me arrodillé, saboreándola despacio, lengua girando en la cabeza, tragándola hasta la garganta mientras él gemía "¡Órale, sí!". El sonido de su placer, gutural y animal, me ponía más caliente, mi tanguita empapada pegándose a mí.

Pero no quería acabar así. Lo jalé arriba, tumbándonos en la alfombra mullida. Él me volteó, quitándome la tanga con dientes, exponiendo mi chocha rosada y mojada. "Mírate, toda brillosa para mí", dijo, inhalando profundo mi aroma almizclado. Su lengua atacó sin piedad, lamiendo mi clítoris en círculos, chupando mis labios hinchados. Sentí oleadas de placer, mis caderas moviéndose solas, empujando contra su cara barbuda que raspaba delicioso. ¡Puta madre, este wey sabe cómo comerme!, pensé, mientras mis uñas se clavaban en su cuero cabelludo. Grité cuando el primer orgasmo me sacudió, jugos saliendo a chorros en su boca ávida.

Aún temblando, lo monté. Su verga entró en mí de un empujón suave, llenándome hasta el fondo. "¡Ay, Javier, qué rica se siente!", exclamé, cabalgándolo lento al principio, sintiendo cada roce de su grosor contra mis paredes internas. El slap-slap de piel contra piel llenaba la habitación, mezclado con la música que repetía "un intento más". Aceleré, mis tetas botando, sudor goteando entre nosotros, oliendo a sexo puro. Él me agarró las nalgas, clavándome los dedos, embistiéndome desde abajo con fuerza. "¡Más duro, pendejo!", le ordené juguetona, y él obedeció, volteándome en misionero para follarme profundo, sus bolas golpeando mi culo.

La tensión crecía, mis músculos apretándolo, su respiración agitada en mi oído. "Letra española de nuestra rola, Ana, dame todo", jadeó. Yo envolví mis piernas en su cintura, arañando su espalda, perdida en el ritmo. El clímax nos golpeó juntos: él se hinchó dentro, corriéndose con un rugido, chorros calientes bañando mi interior mientras yo explotaba, visión borrosa, cuerpo convulsionando en éxtasis puro. El olor a semen y sudor nos rodeaba, delicioso y pegajoso.

Nos quedamos así, enredados, pulsos calmándose. La canción terminó, pero la letra seguía en mi cabeza: un intento más. Javier me besó la frente, suave. "Neta que esta vez va en serio, mi amor". Yo sonreí, trazando su pecho con el dedo. "Sí, wey, letra española y todo. Vamos a intentarlo". El amanecer entraba por las ventanas, tiñendo todo de oro, y por primera vez en meses, sentí paz. No era solo sexo; era conexión, deseo revivido, un futuro posible. Me acurruqué contra él, inhalando su esencia, sabiendo que este un intento más valía cada riesgo.

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