Relatos Eroticos
Inicio Trío Videos Porno de Tríos con Esposas Cachondas Videos Porno de Tríos con Esposas Cachondas

Videos Porno de Tríos con Esposas Cachondas

6757 palabras

Videos Porno de Tríos con Esposas Cachondas

Todo empezó una noche de esas que el calor de la Ciudad de México te pega como una cachetada, con el ventilador zumbando como loco en la recámara. Yo, Marco, estaba tirado en la cama con mi esposa Lupe, esa morra preciosa con curvas que te hacen babear, piel morena y unos ojos que te clavan. Llevábamos casados cinco años, y aunque la chambeamos bien chido, la rutina nos estaba comiendo vivos. Lupe es de esas que no se raja, ama el desmadre en la cama, pero últimamente andábamos en piloto automático.

¿Y si probamos algo nuevo, carnal? me dijo mientras se recargaba en mi pecho, su mano bajando despacito por mi abdomen. Yo le di un beso en la frente, oliendo su shampoo de coco que siempre me pone a mil. "Dime qué traes en mente, mi reina." Sacó su celular, con una sonrisita pícara. "Mira esto." Abrió una pestaña y ahí estaban: videos porno de tríos con esposas. Clips de morras casadas como ella, gozando con dos vatos, riéndose, sudando, entregándose sin pudor.

El primer video que vimos era de una esposa bien perrona, con su marido y un amigo, los tres enredados en una cama deshecha. Los gemidos salían del speaker, roncos y reales, el slap-slap de carne contra carne, el olor imaginario a sudor y excitación que me invadió la nariz solo de pensarlo. Lupe se mordió el labio, su respiración acelerándose contra mi cuello.

"¿Te late, Marco? Imagínate si fuéramos nosotros..."
Su voz era un susurro caliente, y sentí su concha humedeciéndose contra mi muslo. Esa noche nos dimos un revolcón brutal, pero el deseo se quedó picando, como chile que no se va.

Al día siguiente, en el desayuno, con el aroma del café de olla y los chilaquiles humeando, Lupe no soltaba el tema. "Esos videos porno de tríos con esposas me prendieron, amor. Siempre he fantaseado con sentir dos vergas, dos bocas en mí." Yo la miré, mi verga ya medio parada bajo la mesa. No era celoso, al contrario, la idea de verla gozar así me ponía como loco. "¿Y con quién? ¿Algún desconocido?" Ella negó, juguetona. "Mejor alguien de confianza. ¿Qué tal Raúl, tu compa de la prepa? Siempre me mira con ojitos."

Raúl era un cuate chido, soltero, alto y atlético, con esa barba que le da aire de galán de telenovela. Le mandé un mensaje esa tarde, mientras chambeaba en la oficina con el ruido de la Metropoli de fondo. ¿Te late venir a la casa esta noche? Lupe quiere platicar de algo hot. Respondió al tiro: Órale, carnal, ¿qué traen? La tensión creció todo el día, mi mente reproduciendo escenas de esos videos, el pulso latiéndome en las sienes, imaginando el tacto suave de Lupe entre nosotros tres.

Llegó la noche. La casa olía a incienso de vainilla que Lupe prendió para ambientar, luces tenues, música de fondo con un ritmo suave de cumbia rebajada. Raúl entró con una sonrisa nerviosa, abrazándonos. "Qué onda, parejita. ¿Todo bien?" Lupe, vestida con un vestido negro ceñido que marcaba sus chichis perfectas y su culo redondo, le sirvió un trago de tequila. Nos sentamos en el sofá, el aire cargado de electricidad. Yo empecé: "Vimos unos videos porno de tríos con esposas, carnal, y se nos antojó probar." Lupe se acercó, su mano en mi pierna y la otra rozando la de Raúl. Esto va en serio, pensé, el corazón retumbándome como tamborazo.

La plática fluyó con tequilas, risas, confesiones. Raúl admitió que siempre le había gustado Lupe. Ella se paró, bailando despacito, invitándonos con la mirada. Yo la jalé hacia mí, besándola profundo, lengua danzando con sabor a tequila y menta. Raúl se acercó por detrás, sus manos grandes en la cintura de Lupe, besándole el cuello. Ella gimió bajito, un sonido que me erizó la piel.

"Sí, así, mis amores... no paren."

Nos movimos a la recámara, ropa volando como confeti. Lupe en el centro de la cama, desnuda, su piel brillando bajo la luz ámbar, pezones duros como piedras, concha depilada reluciendo de jugos. Yo me arrodillé frente a ella, lamiendo su clítoris con hambre, saboreando su miel salada y dulce, mientras Raúl chupaba sus chichis, mordisqueando suave. Sus gemidos llenaban el cuarto, "¡Ay, cabrones, qué rico!", el olor a sexo invadiendo todo, sudor mezclado con perfume.

La tensión subía como olla exprés. Lupe nos miró con ojos vidriosos de placer. "Quiero sus vergas, ya." Yo me recosté, mi verga gruesa y venosa parada como bandera. Ella se montó en reversa, su culo rebotando contra mí, caliente y apretado, cada embestida un chapoteo húmedo. Raúl se puso de rodillas frente a ella, metiéndosela en la boca. Lupe mamaba como diosa, babeando, gargantas profundas, mientras yo la taladraba desde abajo. Es mía, pero esta noche es de todos, pensé, el orgullo y el morbo mezclándose en mi pecho acelerado.

Cambiamos posiciones, el ritmo volviéndose salvaje. Raúl la penetró despacio por atrás mientras yo la besaba, sintiendo su ano dilatándose, sus paredes vaginales apretándome cuando él entraba. No doble penetración anal, pero sí esa fricción deliciosa compartida. Lupe gritaba, "¡Más fuerte, pendejos, rómpanme!", sus uñas clavándose en mi espalda, dejando surcos ardientes. El slap de piel, los jadeos roncos, el crujir de la cama, todo un concierto erótico. Sudor goteando, sal en la lengua cuando la besaba, su concha contrayéndose en espasmos previos al clímax.

Yo sentía el orgasmo construyéndose, bolas tensas, verga hinchada. "Me vengo, mi amor." Ella asintió frenética, Raúl gruñendo. Lupe explotó primero, un aullido gutural, cuerpo temblando, chorros calientes mojando las sábanas. Yo la seguí, descargando chorros espesos dentro de ella, el placer cegador, venas pulsando. Raúl se sacó, pintándole la cara y chichis con su leche caliente, ella lamiendo ávida, sonriendo satisfecha.

Nos derrumbamos en un enredo de cuerpos exhaustos, respiraciones agitadas calmándose. Lupe en medio, besándonos alternadamente, su piel pegajosa de sudor y semen. "Eso fue chido, cabrones. Mejor que cualquier video." Reímos bajito, el cuarto oliendo a sexo consumado, paz flotando. Raúl se quedó un rato, platicando, pero se fue con un abrazo fraternal. Lupe y yo nos acurrucamos, su cabeza en mi pecho.

"Gracias por hacerme sentir tan viva, Marco. Te amo."
Yo la apreté, el corazón lleno. Aquellos videos porno de tríos con esposas habían sido el chispazo, pero lo nuestro era real, profundo. Desde esa noche, la llama ardió más fuerte, con promesas de más desmadres. La vida en pareja, en México, sabe a tequila, pasión y complicidad infinita.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatoseroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.