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Trio Ardiente con Mi Mejor Amiga

6899 palabras

Trio Ardiente con Mi Mejor Amiga

Era una noche de esas que empiezan tranquilas en mi depa en la Condesa, con el ruido de la ciudad filtrándose por las ventanas abiertas. Yo, Ana, acababa de cumplir veintiocho y había invitado a mi mejor amiga, Luisa, para celebrar con unas chelas frías y unas botanas bien ricas. Luisa es de esas morras que te voltean la cabeza: curvas perfectas, pelo negro largo que huele a coco y una risa que te hace cosquillas en el estómago. Llevábamos años siendo cuates inseparables, compartiendo todo, desde chismes hasta desmadres. Pero esa noche, con Carlos, mi novio, uniéndose al plan, el aire se sentía cargado de algo más, como electricidad antes de la tormenta.

Estábamos en el sillón de la sala, con luces tenues de las velas que Luisa había traído –"pa' ambientar, wey", dijo guiñándome el ojo–. Carlos, alto, moreno y con esa sonrisa pícara que me derrite, servía las chelas. El olor a limón y sal marina de las micheladas se mezclaba con el perfume dulce de Luisa. Hablábamos de todo y nada, riéndonos de pendejadas, pero yo notaba cómo sus miradas se cruzaban.

¿Qué pedo? ¿Estoy imaginando cosas o Luisa le está coqueteando a Carlos? Neta, se me hace que la neta está pasando algo chido aquí.
Mi corazón latía un poquito más rápido, no de celos, sino de una curiosidad caliente que me subía por el pecho.

Luisa se recargó en mi hombro, su piel tibia rozando la mía. "Ana, wey, ¿te acuerdas de esa vez que platicamos del trío con mi mejor amiga? ¿O sea, yo soñando con uno contigo?" Su voz era ronca, juguetona, y sentí su aliento cálido en mi cuello. Carlos soltó una carcajada, pero sus ojos brillaban. "Órale, ¿en serio? Eso suena a planazo." Yo me quedé helada un segundo, recordando esa plática de borrachas hace meses. El calor me subió a las mejillas, y entre mis piernas noté esa humedad traicionera empezando a formarse.

La cosa escaló cuando sacamos el juego de verdad o reto. Primera ronda: Luisa me reto a besarla. Nos miramos, el silencio solo roto por el zumbido del ventilador. Me acerqué, mis labios rozaron los suyos –suaves, carnosos, sabiendo a chela y a menta–. Fue un beso corto, pero eléctrico. Carlos aplaudió. "¡Qué chido!" Mi piel erizó, el tacto de su lengua fugaz me dejó con ganas de más.

Pinche Luisa, siempre tan directa. ¿Y si de plano lo hacemos? Sería la neta.

El reto siguiente fue para Carlos: besar a Luisa mientras yo los veía. Se paró, la jaló de la cintura, y sus bocas se unieron en un beso profundo. Vi cómo sus lenguas jugaban, el sonido húmedo y chuposo llenando la sala. Luisa gimió bajito, un sonido que me apretó el coño. Me toqué el muslo sin darme cuenta, el calor entre mis piernas ya insoportable. Cuando se separaron, ella me miró con ojos vidriosos. "Ana, ven pa'cá." La tensión era palpable, como el aire espeso antes de llover.

Ya en el segundo acto del desmadre, nos mudamos al cuarto. La cama king size con sábanas de algodón fresco nos esperaba, iluminada por la luz de la luna que se colaba por las cortinas. Luisa me quitó la blusa con manos temblorosas, sus uñas rozando mi piel, enviando chispas por mi espalda. "Estás rica, amiga", murmuró, besándome el cuello. Olía a su sudor mezclado con perfume, un aroma almizclado que me volvía loca. Carlos se unió, su verga ya dura presionando contra mis nalgas mientras me besaba la boca.

Me recosté, ellas dos a mis lados. Luisa lamió mi teta derecha, su lengua caliente y húmeda girando alrededor del pezón, que se endureció al instante. Carlos chupaba la izquierda, sus dientes mordisqueando suave. Gemí, el placer doble me hacía arquear la espalda.

¡Qué madre! Dos bocas en mí, sintiendo sus alientos calientes, sus lenguas saboreándome. Esto es mejor que cualquier sueño.
Bajé la mano a la entrepierna de Luisa, sintiendo su panocha mojada a través del short. "Estás empapada, wey", le dije, y ella rio contra mi piel.

Le quité el short, exponiendo su coñito rosado y brillante. Lo olí –dulce, salado, puro deseo–. Metí dos dedos, sintiendo sus paredes calientes apretándome. Ella jadeó, moviendo las caderas. Carlos se desnudó, su verga gruesa y venosa saltando libre. Luisa la tomó en la mano, masturbándola lento mientras yo la comía. Su sabor explotó en mi lengua: agrio, cremoso, adictivo. Lamí su clítoris hinchado, chupando con fuerza, oyendo sus gemidos roncos. "¡Sí, Ana, así! ¡No pares, pinche rica!"

La intensidad subía como fiebre. Cambiamos posiciones: yo de rodillas, chupando la verga de Carlos. Su piel salada, venas pulsantes contra mi lengua. Luisa detrás de mí, lamiéndome el culo y el coño, sus dedos entrando y saliendo con ritmo. El sonido de succiones y jadeos llenaba el cuarto, mezclado con el slap slap de mi boca en su pija. Sudábamos todos, el olor a sexo crudo impregnando el aire –sudor, fluidos, piel caliente–. Carlos gruñó: "Me voy a venir si sigues así, morra."

Luisa me jaló del pelo suave. "Ahora el trío con mi mejor amiga de verdad." Me puse encima de Carlos, su verga abriéndose paso en mi coño empapado. Entró fácil, llenándome hasta el fondo, estirándome delicioso. Gemí fuerte, sintiendo cada vena rozando mis paredes. Luisa se sentó en su cara, él lamiéndola con avidez mientras yo cabalgaba. Veía sus tetas rebotar, sus pezones duros. Me incliné a morder uno, saboreando su piel salada.

El ritmo se aceleró. Carlos embestía desde abajo, su pelvis chocando contra mi clítoris. Luisa se frotaba contra su boca, sus jugos chorreando por su barbilla. Nuestras manos se entrelazaban, sudorosas, empoderándonos en ese vaivén.

Esto es puro poder, nosotras mandando, él sirviéndonos placer. Neta, Luisa es la mejor amiga del mundo.
Sentí el orgasmo construyéndose, una ola caliente en mi vientre. "¡Me vengo! ¡Ya!" grité, mi coño contrayéndose alrededor de su verga, chorros de placer saliendo de mí.

Luisa se corrió después, temblando sobre la cara de Carlos, gritando mi nombre. Él no aguantó: "¡Pinches diosas!" y se vació dentro de mí, su leche caliente inundándome, pulsando. Nos quedamos así un rato, jadeando, cuerpos enredados, piel pegajosa de sudor y fluidos. El silencio era roto solo por respiraciones pesadas y el lejano tráfico de la ciudad.

En el afterglow, nos acurrucamos. Luisa me besó la frente. "Gracias por este trío con mi mejor amiga, Ana. Lo volvería a hacer mil veces." Carlos rio, abrazándonos. "Son lo máximo." Sentí una paz profunda, el cuerpo relajado, el corazón lleno. Olía a nosotros, a sexo compartido, a amistad elevada a algo más íntimo.

Quién iba a decir que un desmadre así nos uniría tanto. Chido, ¿verdad?
Afuera, la noche seguía, pero adentro, habíamos encontrado nuestro propio paraíso.

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