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Lectura con Tra Tre Tri Tro Tru

7011 palabras

Lectura con Tra Tre Tri Tro Tru

Imagina el calor de la noche mexicana envolviéndote en el departamento de Ana, en el corazón de la Roma, con el bullicio lejano de la ciudad filtrándose por la ventana entreabierta. El aire huele a jazmín de su perfume y a las velas de vainilla que parpadean sobre la mesita. Tú estás recostado en el sofá de piel suave, con una cerveza fría en la mano, cuando ella entra contoneándose, su blusa escotada dejando ver el valle tentador de sus pechos morenos. Órale, wey, esta noche va a estar cañona, piensas mientras tus ojos recorren sus curvas, el short ajustado marcando sus nalgas redondas.

¿Por qué me pones así con solo mirarte, pinche tentación?

Ana se acomoda a tu lado, sus muslos rozando los tuyos, enviando chispas eléctricas por tu piel. Saca un librito delgado, de tapas rojas, y te guiña un ojo pícaro. "Vamos a jugar a algo chido, amor. Se llama lectura con tra tre tri tro tru. Yo leo un rato, tú otro, pero con un trabalenguas erótico que inventé. Cada vez que tropieces, pagas prenda: un beso, una caricia... o lo que se nos antoje." Su voz es ronca, como miel caliente, y sientes cómo tu verga se despierta bajo el pantalón, latiendo al ritmo de su risa juguetona.

El juego empieza suave. Ella abre el libro y lee en voz alta, su aliento cálido rozando tu oreja: "En la penumbra, sus labios se encuentran en un tra tre tri tro tru de lenguas danzantes..." Tú intentas repetir: "Tra... tre... tri... tro... tru". Pero tu lengua se enreda, y ella suelta una carcajada. "¡Perdiste, pendejo! Paga." Sus labios carnosos se pegan a los tuyos, su lengua invadiendo tu boca con un tra juguetón, luego tre más profundo, tri girando, tro chupando, tru mordiendo suave. El sabor de su saliva es dulce, con un toque de tequila de la cena, y tus manos suben por su espalda, sintiendo la seda de su piel erizándose.

La tensión crece como el calor en tu pecho. Cambian turnos. Tú lees: "Sus dedos trazan senderos de fuego, tra tre tri tro tru sobre la piel húmeda..." Ana tropieza en el tro, y ahora eres tú quien cobra. La besas en el cuello, inhalando su olor a sudor limpio y deseo, lamiendo con la lengua el hueco de su clavícula. Ella gime bajito, "Ay, cabrón, me estás poniendo caliente..." Sus pezones se endurecen bajo la blusa, y tú los rozas con los nudillos, sintiendo su dureza como piedritas calientes.


El medio del juego se vuelve feroz. Las prendas vuelan: tu camisa cae, revelando tu torso sudoroso; su blusa se abre, dejando libres esos senos perfectos, oscuros y firmes, con areolas grandes que invitan a morder.

Quiero devorarlos hasta que grite mi nombre
, piensas mientras ella se arrodilla entre tus piernas, desabrochando tu pantalón. Tu verga salta libre, dura como piedra, venosa y palpitante. Ana la mira con hambre, "Mira nomás qué chula está de tiesa. Ahora mi turno de lectura con tra tre tri tro tru."

Su boca se acerca, el aliento caliente envolviendo la cabeza sensible. Empieza el trabalenguas con su lengua: tra – un lametón plano desde la base hasta la punta, dejando un rastro brillante de saliva. Tre – chupa los huevos suaves, succionando con delicadeza, el sonido húmedo pop resonando en la habitación. Tri – gira la lengua alrededor del glande, trazando círculos que te hacen arquear la espalda, el placer punzante subiendo por tu columna. Tro – engulle la mitad, su garganta apretando rítmicamente, mientras sus manos masajean tus muslos temblorosos. Tru – un succionar profundo, casi hasta la raíz, sus labios estirados, los ojos lagrimeando de esfuerzo pero brillando de lujuria.

Tú gimes, "¡Pinche mamada de campeonato, nena!" Tus dedos se enredan en su cabello negro azabache, oliendo a shampoo de coco. El cuarto se llena de sonidos: el slurp de su boca, tus jadeos roncos, el latido acelerado de vuestros corazones. Sientes el pulso en tu verga, hinchándose más, el olor almizclado de su excitación flotando desde entre sus piernas abiertas.

Pero no la dejas terminarte así. La levantas, la tumba en el sofá, arrancándole el short. Su panocha está empapada, labios hinchados y rosados, el clítoris asomando como una perla reluciente. "Ahora yo leo en tu concha, con tra tre tri tro tru." Tu lengua ataca: tra lamiendo los labios externos, saboreando su jugo salado y dulce como mango maduro. Tre metiendo la punta dentro, follando su entrada con movimientos rápidos. Tri rodeando el clítoris, succionándolo suave hasta que sus caderas se alzan, gritando "¡Sí, wey, no pares!" Tro chupando fuerte, introduciendo un dedo curvo que roza su punto G, sintiendo las paredes vaginales contrayéndose. Tru – dos dedos ahora, bombeando mientras tu boca aspira, su cuerpo convulsionando en el primer orgasmo, chorros calientes mojando tu barbilla.

Está tan rica, tan mía, empapada y temblando por mí

La intensidad sube al clímax. Ana te empuja al piso, alfombra persa suave bajo tu espalda. Se monta a horcajadas, guiando tu verga a su entrada resbaladiza. Baja despacio, centímetro a centímetro, el calor apretado envolviéndote como un guante de terciopelo húmedo. "¡Qué chingona se siente tu verga adentro!" Empieza a cabalgar, sus senos rebotando, sudor perlando su piel dorada. Tú agarras sus nalgas, amasando la carne firme, guiando el ritmo: tra tre tri tro tru – cada sílaba un embiste profundo, sus jugos chorreando por tus bolas, el plaf plaf de piel contra piel mezclándose con gemidos.

El olor a sexo impregna todo: almizcle, sudor, vainilla quemada. Sientes su interior palpitando, apretándote más, mientras tus caderas suben para clavártela hasta el fondo. "¡Córrete conmigo, amor, lléname!" Ella acelera, uñas clavándose en tu pecho, el placer acumulándose como una ola. Explotas primero, chorros calientes inundándola, tu grito ronco ahogado en su boca. Ella sigue, ordeñándote hasta vaciarte, su orgasmo secundario haciendo que su concha se contraiga en espasmos, leche y jugos mezclándose en un desastre delicioso.


Caen exhaustos, cuerpos enredados, respiraciones jadeantes calmándose. Ana acaricia tu rostro, besos suaves en la frente. "Fue la mejor lectura con tra tre tri tro tru de mi vida, pendejo." Tú ríes, oliendo su cabello, sintiendo el latido compartido de sus corazones. La ciudad ronronea afuera, pero aquí dentro solo queda el afterglow: piel pegajosa, sonrisas tontas, la promesa de más noches así.

Con ella, cada juego es eterno
, piensas mientras el sueño los envuelve, satisfechos y unidos en el calor mexicano de su amor.

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