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Ejercicios con la sílaba tra tre tri tro tru que encienden el deseo

7290 palabras

Ejercicios con la sílaba tra tre tri tro tru que encienden el deseo

Entré al gym de Polanco con el corazón latiéndome a mil, sudando ya antes de empezar. Era mi primera clase de esas raras que vi en Instagram: ejercicios con la sílaba tra tre tri tro tru. La neta, pensé que era una chingonería para ponerme en forma mientras jugaba con la voz, como un cardio vocal que prometía quemar calorías y mejorar la respiración. No tenía idea de que Marco, el instructor, me iba a voltear el mundo al revés.

El lugar olía a limpio, con ese aroma fresco de eucalipto y sudor fresco de los que ya habían pasado. Luces tenues, espejos por todos lados reflejando cuerpos tonificados. Me puse mi leggin negro ajustado y el top que deja ver el ombligo, sintiendo la tela rozando mi piel húmeda. Ahí estaba él, Marco, alto, moreno, con brazos que parecían tallados en piedra y una sonrisa pícara que me hizo apretar las piernas sin querer. ¿Qué pedo, Ana? Contrólate, wey, me dije mientras me acomodaba en la esterilla.

"¡Órale, carnales! Hoy vamos con los ejercicios con la sílaba tra tre tri tro tru. Repitan conmigo: traaa, treEE, triiI, trooo, truuu", gritó Marco con voz grave que vibraba en mi pecho. Todos obedecimos, y el sonido de nuestras voces rebotando en las paredes me erizó la piel. Empezamos con trotes suaves: "Tra-tre-tri-tro-tru" al ritmo de los pies golpeando el piso. Mi pulso se aceleró, no solo por el ejercicio, sino por cómo sus ojos se clavaban en mí cada vez que pasaba cerca, corrigiendo mi postura con toques leves en la cintura. Su mano cálida contra mi piel... Chingado, qué rico se siente eso.

La clase avanzó. Ahora, sentadillas profundas: bajar gritando "traaa", subir con "treEE". Sentía los músculos de las piernas ardiendo, el sudor chorreándome por la espalda, goteando entre mis pechos. Marco se acercó por detrás, sus caderas casi rozando las mías. "Más abajo, Ana. Siente el tra en tu centro", murmuró al oído, su aliento caliente oliendo a menta. Mi concha se contrajo al instante, un pulso traicionero que me mojó las panties.

"¿Qué traes, pendejo? ¿Me estás provocando?"
pensé, pero solo gemí un "triiI" ahogado.

El grupo se dividió en parejas para los ejercicios de equilibrio. Me tocó con él, por supuesto. "Apóyate en mí para el tri-ángulo", dijo, guiando mi cuerpo contra el suyo. Nuestros pechos se presionaron, su pecho duro y húmedo contra mis tetas. Olía a hombre puro: sudor salado, colonia ligera, deseo crudo. Mientras repetíamos "trooo, truuu" balanceándonos, su verga semi-dura se apretó contra mi culo. No puede ser, está igual de encendido que yo. Mi respiración se entrecortó, pezones duros como piedras rozando la tela. "Bien, Ana, siente el ritmo en tu interior", susurró, y su mano bajó un segundo a mi muslo, apretando carne suave.

La tensión era insoportable. Cada sílaba salía de mi boca como un jadeo erótico: tra profundo, tre agudo, tri vibrante, tro ronco, tru explosivo. El gym se llenó de ese coro hipnótico, cuerpos moviéndose en sincronía, gemidos disfrazados de vocales. Marco me miró fijo, labios entreabiertos, y supe que la clase era solo el pretexto. Al final, todos aplaudimos exhaustos, pero yo ardía por dentro, la concha palpitando, lista para estallar.

"Ana, quédate un rato. Te ayudo con los ejercicios con la sílaba tra tre tri tro tru privados", me dijo mientras los demás salían. Su voz era puro terciopelo, ojos oscuros prometiendo todo. Asentí, el corazón retumbándome en los oídos. Cerró la puerta del salón privado, el clic resonando como un disparo. El aire estaba cargado, olor a nuestros sudores mezclados, pieles calientes.

Empezamos "oficialmente": él frente a mí, guiándome en estiramientos. "Traaa, arquea la espalda". Lo hice, tetas hacia adelante, y él se acercó, manos en mis hombros bajando lento por los brazos. Su toque era fuego líquido, enviando chispas directo a mi clítoris. "TreEE, abre las piernas". Obedecí, sintiendo el aire fresco en mi entrepierna empapada. Marco se arrodilló, cara a la altura de mi pelvis, inhalando profundo. "Hueles deliciosa, Ana. TriiI, inclínate hacia mí". Mi coño latía, jugos resbalando por los muslos.

No aguanté más. Lo jalé por la camiseta, besándolo con hambre. Sus labios sabían a sal y victoria, lengua invadiendo mi boca como una promesa. "Trooo, quítame esto, cabrón", gruñí contra su boca. Ropa volando: mi top al piso, sus shorts revelando una verga gruesa, venosa, apuntándome. La tomé en mano, piel aterciopelada caliente, latiendo. Él gimió "Truuu", y me empujó contra la pared de espejos.

Sus manos expertas masajearon mis tetas, pellizcando pezones hasta sacarme jadeos. Bajó besando mi cuello, lamiendo sudor, mordiendo suave. "Qué chingonas estás, Ana. Tu cuerpo responde perfecto a los ejercicios". Arrodillado, separó mis piernas, lengua trazando el camino desde rodilla hasta concha. El primer lametón fue eléctrico: sabor a mi excitación, chupando clítoris con maestría. Gemí fuerte, "¡Traaa, sí, así!", caderas moviéndose solas. Dos dedos entraron, curvándose en mi punto G, mientras su boca devoraba. El sonido era obsceno: succiones húmedas, mis jugos chorreando, sus gruñidos roncos.

Lo subí, besándolo para probarme en él. "TreEE, métemela ya, Marco". Me levantó contra la pared, piernas envolviéndolo, y empujó. Su verga me llenó completa, estirándome delicioso. Dolor-placer puro. Embestidas lentas al principio: tra profundo, tre rápido. Sudor goteando de su frente a mis tetas, pieles chocando con palmadas húmedas. "¡Neta, qué rica verga!" grité, uñas clavadas en su espalda. Aceleró, "TriiI, trooo, apriétame con esa concha". El espejo reflejaba todo: mi cara de puta en éxtasis, sus músculos flexionándose, polla entrando-saliendo brillante de mis jugos.

Cambié de posición, queriendo más. Lo tiré a la esterilla, montándolo cowgirl. Reboté duro, tetas saltando, manos en su pecho peludo. Él pellizcaba mi clítoris, "Truuu, córrete para mí, reina". La presión creció, vientre contrayéndose, un orgasmo brutal aproximándose. Grité las sílabas como un mantra erótico: "¡Tra-tre-tri-tro-truuu!". Exploté, concha ordeñándolo, chorros calientes empapándonos. Él rugió, verga hinchándose, llenándome de leche espesa, pulsos interminables.

Colapsamos jadeando, cuerpos enredados, pieles pegajosas de sudor y semen. Su mano acariciaba mi cabello, besos suaves en la frente. "Los ejercicios con la sílaba tra tre tri tro tru nunca fueron tan cabrones", murmuró riendo. Yo sonreí, sintiendo el afterglow: músculos relajados, corazón pleno, un calorcito satisfecho en el pecho. Esto no termina aquí, pendejo guapo, pensé mientras nos vestíamos, planeando la próxima "clase".

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