Comienzo a Intentarlo
Tú sales del trabajo en Polanco con el cuerpo pesado pero la mente revuelta de ideas calientes. Hace dos años que estás con Mariana, tu morra, esa chava de ojos café que te hace hervir la sangre cada que la ves meneando las caderas en la cocina de su depa en la Roma. Pero neta, la rutina se ha metido hasta en la cama: los mismos besos rápidos, el rapidín de los sábados y ya. Hoy decides que es hora de comenzar a intentarlo diferente. Quieres revivir esa chispa, hacerla jadear como la primera vez que se cogieron en la playa de Cancún, con el olor a sal y sudor mezclándose en el aire.
Llegas al edificio, el portero te saluda con un "qué onda, carnal" y subes en el elevador oliendo a su perfume de vainilla que siempre flota en el pasillo. Abres la puerta y ahí está ella, recargada en la barra de la cocina, con una blusa floja que deja ver el encaje negro de su bra y unos shorts que abrazan su culo redondo como un sueño.
¿Y si hoy begin try algo nuevo? Piensas, mientras tu verga ya se empieza a poner dura solo de mirarla."Hola, mi amor", le dices con voz grave, acercándote despacio, el corazón latiéndote como tambor en un antro.
Ella te mira con esa sonrisa pícara, esa que dice "sé lo que traes en mente, pendejo". "Qué pedo, güey, llegaste temprano", responde, pero tú no contestas con palabras. En vez de eso, la tomas de la cintura, sientes la calidez de su piel a través de la tela delgada, y la jalas contra ti. Hueles su cuello, ese aroma dulce mezclado con el sudor ligero del día, y le susurras al oído: "Hoy quiero comenzar a intentarlo de otra forma, nena. Déjame darte un masaje que te vuele la cabeza". Ella se ríe bajito, un sonido ronco que te eriza la piel, y asiente: "Órale, simón, begin try entonces".
La llevas al cuarto, el sol del atardecer filtra por las cortinas blancas, pintando su cuerpo de dorado. Le quitas la blusa despacio, revelando sus tetas firmes, los pezones ya duros como piedritas bajo tus dedos. "Qué chingonas están", murmuras, y ella gime suave cuando tus manos comienzan el masaje en sus hombros. Tus pulgares presionan los nudos, sientes los músculos relajándose bajo tu tacto, el calor subiendo desde su espalda. Baja las manos por su espinazo, rozando los lados de sus chichis, y ella arquea la espalda, empujando el culo contra tu entrepierna. El roce es eléctrico, tu pija palpita contra los shorts, lista para explotar.
Mierda, esto está prendiendo rápido, piensas. Su piel sabe a sal cuando la besas en la nuca, un sabor adictivo que te hace lamer más abajo.Mariana gira la cabeza, sus labios carnosos entreabiertos, y te dice: "No pares, cabrón, sigue intentándolo". Tú obedeces, desabrochándole el bra y dejando que caiga. Tus manos cubren sus tetas, amasándolas suave al principio, luego más fuerte, pellizcando los pezones hasta que ella suelta un "¡ay, wey!" mezclado con placer. El cuarto se llena de su aroma, ese olor almizclado de excitación que te enloquece, como tierra mojada después de la lluvia en el DF.
La volteas boca arriba en la cama king size, las sábanas frescas rozando sus muslos. Le quitas los shorts y la tanga, exponiendo su panocha depilada, ya húmeda y brillando bajo la luz tenue. "Mírate, toda mojada para mí", le dices, y bajas la boca. Tu lengua prueba su sabor, dulce y salado, lamiendo despacio los labios mayores, luego metiéndola adentro, chupando el clítoris hinchado. Ella agarra tu pelo, gimiendo fuerte: "¡Sí, así, no mames, qué rico!". Tus dedos se unen, uno primero, luego dos, curvándolos para tocar ese punto que la hace temblar. Sientes sus paredes contrayéndose, el jugo chorreando por tu mano, el sonido húmedo de tus movimientos llenando el aire.
Pero no quieres que acabe tan pronto. Te levantas, te quitas la ropa rápido, tu verga saltando libre, venosa y dura como nunca. Ella la mira con hambre, se lame los labios: "Ven, déjame probarla". Tú te arrodillas en la cama, y su boca caliente la envuelve, chupando con fuerza, la lengua girando en la cabeza. Sientes el calor húmedo, el roce de sus dientes suaves, y tienes que morderte el labio para no correrte ahí. Esto es lo que quería, comenzar a intentarlo con todo, piensas mientras la coges del pelo suave, guiándola.
La tensión sube como fiebre. La pones a cuatro patas, su culo perfecto alzado, invitándote. Le das una nalgada juguetona, el sonido seco resonando, la piel enrojeciéndose leve. "Dame duro, amor", suplica ella, y tú no te haces rogar. Empujas despacio al principio, sintiendo cómo su coño te aprieta, caliente y resbaloso. Inch by inch, hasta que estás todo adentro, tus bolas golpeando su clítoris. Empiezas a bombear, lento, profundo, oyendo sus gemidos ahogados contra la almohada. El sudor perla tu frente, gotea en su espalda, mezclándose con el olor a sexo puro.
Aceleras, las embestidas fuertes, el catre crujiendo bajo ustedes. Sus tetas se mueven al ritmo, tú las agarras desde atrás, pellizcando.
¡Qué puta delicia, su cuerpo respondiendo a cada movimiento mío!, piensas, el placer subiendo por tu espina como corriente eléctrica.Ella grita: "¡Más rápido, pendejo, hazme venir!". Cambias de posición, la pones encima, sus caderas girando como en un baile de reggaetón. Monta tu pija con furia, sus uñas clavándose en tu pecho, el dolor mezclándose con éxtasis. Ves su cara de puro gozo, el pelo revuelto pegado a la frente sudada, sientes su interior palpitando.
El clímax se acerca. Tú la volteas de nuevo, misionero para mirarla a los ojos. "Ven conmigo, nena", le dices, y ella asiente, las piernas envolviéndote. Bombas con todo, el sonido de piel contra piel como aplausos, su coño apretándote como vicio. Ella explota primero, gritando "¡Me vengo, cabrón!", su cuerpo convulsionando, jugos empapando las sábanas. Tú la sigues segundos después, corriéndote adentro con un rugido gutural, chorros calientes llenándola, el placer cegador como un flash.
Caen exhaustos, jadeando, el aire pesado con olor a semen y sudor. Tú la abrazas, sientes su corazón latiendo contra tu pecho, rápido como el tuyo. Besas su frente, saboreando la sal. "Eso estuvo chido, ¿verdad? Comenzamos a intentarlo y mira nomás", murmuras. Ella ríe, ronca y satisfecha: "Neta, güey, hagámoslo más seguido. Este begin try fue la neta". Se quedan así, enredados, el sol ya puesto afuera, solo el zumbido del ventilador y sus respiraciones calmándose. Mañana será otro día, pero esta noche, el deseo renació, más fuerte, prometiendo más intentos calientes por venir.