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Todo empezó en una noche cualquiera en el DF, de esas que el calor te pega como chicle en la suela del zapato. Yo, Ana, una morra de veintiocho tacos que trabaja en una agencia de publicidad, andaba hasta la madre de su rutina. Salí con unas amigas a un bar en la Condesa, luces neón parpadeando, reggaetón retumbando en los pechos, olor a tequila y sudor fresco. Ahí lo vi: Marco, un carnal alto, moreno, con ojos que te desnudan sin pedir permiso. Charlamos, reímos, y de repente su novia Sofia se unió. Alta, curvas de infarto, pelo negro largo que olía a coco y vainilla. Neta, qué pareja tan chida, pensé, mientras su mano rozaba mi brazo y un cosquilleo me subía por la espina.

¿Vienes con nosotros a la casa wey? Vamos a ver unas pelis relax
—me dijo Marco con esa sonrisa pícara.

Yo dudé un segundo, pero el shot de mezcal me dio el empujón. Sí, ¿por qué no? Llegamos a su depa en Polanco, todo moderno, ventanales con vista a la ciudad brillando como diamantes. Sofia puso música suave, reguetón lento, y sacó unas cheves frías. Nos sentamos en el sillón de piel suave, yo en medio, sus cuerpos pegaditos a los míos. El aire olía a su perfume mezclado con mi loción de jazmín.

Oye Ana, ¿has visto videos xxx trios reales? De esos amateur, bien caseros
—preguntó Sofia, sus ojos brillando con picardía mientras encendía la tele grande.

Mi corazón dio un brinco. Videos xxx trios reales, neta que sí los había visto a escondidas en mi cel, pero nunca en vivo con gente. Sentí un calorcito entre las piernas, como si mi cuerpo ya supiera lo que venía. —Claro, pero cuéntenme más —respondí, fingiendo calma.

Marco sacó su laptop, la conectó, y empezaron a buscar. El sonido del teclado era como un latido acelerado. Encontraron un sitio lleno de videos xxx trios reales, de parejas mexicanas como nosotros, grabados con cel en cuartos iluminados por lámparas tenues. Pusieron uno: una morra entre dos vatos, gemidos roncos llenando el aire, piel morena sudada reluciendo bajo la luz. El slap slap de carne contra carne, el olor imaginado a sexo fresco. Yo me mordí el labio, mis pezones endureciéndose contra la blusa delgada.

Acto seguido, el deseo empezó a bullir lento, como el chocolate calentándose en olla. Sofia se acercó más, su muslo rozando el mío, cálido y firme. ¿Esto va en serio? pensé, mientras Marco ponía otro video xxx trios reales, esta vez un trío de tres morras, lenguas lamiendo, dedos explorando pliegues húmedos. El sonido de succiones húmedas, jadeos entrecortados, me puso la piel de gallina. Sofia susurró en mi oído:

Siento que te excita tanto como a mí
—su aliento caliente oliendo a menta y deseo.

Yo asentí, mi mano temblorosa tocando su rodilla. Marco nos miró, su erección marcada en el pantalón, y sonrió. —¿Quieren que hagamos lo nuestro? Como en esos videos xxx trios reales —dijo, voz grave como trueno lejano.

El sí salió de mi boca sin pensarlo. Nos paramos, besos lloviendo como lluvia de verano. Sofia me besó primero, labios suaves, lengua juguetona probando mi sabor a tequila. Marco desde atrás, manos grandes amasando mis tetas, pellizcando pezones que dolían de placer. Nos quitamos la ropa despacio, el roce de telas susurrando, piel expuesta al aire fresco del AC. Mi coño ya chorreaba, humedad tibia bajando por muslos.

En la cama king size, sábanas de algodón egipcio frescas contra mi espalda ardiente, el escalation fue puro fuego lento. Sofia se arrodilló entre mis piernas, su pelo rozando mis ingles, olor a su excitación mezclándose con la mía, almizcle dulce. Lamidas expertas en mi clítoris, chupando como si fuera un dulce de tamarindo, succiones que me hacían arquear la espalda. ¡Ay cabrón, qué rico! gemí, mis manos enredadas en su melena. Marco se posicionó a mi lado, su verga dura como fierro en mi mano, venosa, palpitante. La chupé con ganas, sabor salado de precum en mi lengua, garganta acomodándose a su grosor mientras él gruñía bajito.

El cuarto se llenó de sonidos: mis moans ahogados, el pop pop de su verga saliendo y entrando mi boca, lengüeteo húmedo de Sofia devorando mi panocha. Sudor perlando frentes, gotas cayendo en mi pecho, saladas al lamerlas. Cambiamos posiciones, yo encima de Marco, su pito hundiéndose en mí centímetro a centímetro, estirándome delicioso, llenándome hasta el fondo. Sofia montó su cara, él lamiéndola con furia, ella rebotando, tetas saltando hipnóticas. Yo cabalgaba, clítoris frotando su pubis peludo, olas de placer subiendo desde el estómago.

Esto es mejor que cualquier video xxx trios reales, pensé en medio del torbellino. Tensiones internas se rompían: mi miedo a lo nuevo disolviéndose en éxtasis puro. Sofia me besó, compartiendo el sabor de Marco en su saliva, manos explorando, dedos en mi culo lubricado con saliva, probando, entrando suave. ¡Sí, métela! supliqué, el doble llenado mandándome al borde. Marco embestía desde abajo, bolas golpeando mi raja, ritmo como tambores de banda sinaloense.

El clímax se acercó como tormenta en el horizonte. Primero Sofia, gritando

¡Me vengo wey, no pares!
, jugos inundando la cara de Marco. Yo la seguí, coño contrayéndose alrededor de su verga, pulsos eléctricos desde el clítoris al cerebro, visión borrosa de luces de la ciudad filtrándose por cortinas. Marco rugió, corriéndose dentro de mí, chorros calientes pintando mis paredes, semen goteando al salir.

Colapsamos en un enredo de miembros sudorosos, pechos subiendo y bajando al unísono, risas ahogadas rompiendo el silencio post-orgasmo. El aire pesado de sexo, semen, sudor, perfume. Sofia me acarició el pelo, Marco besó mi hombro. —

Eso fue épico, como un video xxx trios reales pero mil veces mejor
—dijo él, voz ronca de satisfacción.

Yacimos ahí, pulsos calmándose, piel enfriándose pegajosa. Reflexioné en silencio: ¿Qué pedo? Esto no era yo, o tal vez sí lo era siempre. No hubo arrepentimientos, solo una calidez nueva en el pecho, como haber descubierto un pedazo perdido de mí. Al amanecer, con tacos de suadero en la mano y promesas de más noches locas, supe que los videos xxx trios reales habían sido solo el detonante. Lo real, lo nuestro, era infinitamente más adictivo.

Desde esa noche, cada vez que busco en la red, recuerdo sus cuerpos, sus sabores, y sonrío. La pasión desatada no se apaga fácil, carnal.

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