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Tríos con Primas Ardientes

7120 palabras

Tríos con Primas Ardientes

Era una tarde de verano en la casa de la tía Lupe, allá en las afueras de Guadalajara, con ese calor que te pega en la piel como una promesa de pecado. Yo, Alejandro, había llegado de la ciudad pa' la reunión familiar, pero lo que no esperaba era toparme con mis primas Sofía y Daniela. Las dos andaban de veintiocho y veintinueve, bien puestas, con curvas que gritaban mírame. Sofía, la morena de ojos verdes, con ese escote que dejaba ver el valle de sus chichis, y Daniela, la güerita de pelo ondulado, con un short que le marcaba el culo redondo como una manzana madura.

Desde chavos nos llevábamos chido, pero ahora, creciditos, la cosa había cambiado. Las miradas se cruzaban con fuego, y cada roce accidental mandaba chispas por mi espina. Estábamos en el patio, con la música de banda sonando bajito, el olor a carne asada flotando en el aire, y unas chelas frías que nos soltaban la lengua.

¿Qué pedo con estas dos? Neta, si no fuera familia, ya las habría invitado a mi pieza. Pero son primas, carnal. ¿O qué? ¿Y si ellas también sienten lo mismo?

Sofía se acercó con una cerveza en la mano, su perfume dulzón invadiendo mi nariz. "¡Ey, Ale! ¿Ya te cansaste de la chamba en la capi? Ven, siéntate con nosotras." Me jaló del brazo, y su piel tibia rozó la mía, suave como seda. Daniela soltó una risita pícara. "Sí, wey, cuéntanos tus aventuras. ¿O nomás andas de galán con las oficinistas?"

Nos sentamos en las sillas de mimbre, las piernas de ellas rozando las mías. Hablamos de todo: de la vida, de amores fallidos, de lo solos que estábamos. El sol bajaba, tiñendo el cielo de naranja, y el aire se cargaba de algo eléctrico. Sofía me miró fijo, mordiéndose el labio. "Sabes, Ale, siempre te vi como el carnal guapo. Pero neta, ahora te veo... diferente." Daniela asintió, su mano posándose en mi muslo. "Sí, prima, ¿verdad? Como que nos hace falta un hombre de verdad."

Mi verga dio un brinco en los chones. Órale, esto va en serio. El corazón me latía a mil, el sudor perlando mi frente no solo por el calor.

La noche cayó como un manto negro, y la familia se fue dispersando. Tía Lupe nos dejó solos en la casa grande, con su bendición de "Pórtense bien, muchachos". Nos fuimos a la sala, con luces tenues y el ventilador zumbando. Sacamos unas tequilas del bar, y los shots bajaron como fuego líquido, aflojando nudos.

Sofía se recargó en mí, su aliento cálido en mi cuello, oliendo a tequila y menta. "Ale, ¿nunca has pensado en... nosotras tres? Como un trío de primas, ¿sabes? Algo prohibido pero chingón." Daniela rio, pero sus ojos brillaban de deseo. "Neta, prima, yo sí. Imagínate, los tres enredados, sudando, gimiendo." Mi mente explotó en imágenes: sus cuerpos desnudos, piel contra piel, lenguas explorando.

¿Esto está pasando? Mis primas queriendo un trío. No mames, es el sueño de cualquier pendejo como yo. Pero ¿y si sale mal? Nah, se siente tan correcto, tan caliente.

No aguanté más. Las besé, primero a Sofía, sus labios carnosos sabiendo a tequila dulce, lengua danzando con la mía en un remolino húmedo. Daniela nos miró, tocándose el pecho, y se unió, su boca fresca y jugosa. Manos por todos lados: las de ellas desabotonando mi camisa, las mías amasando sus nalgas firmes bajo la tela delgada.

Nos levantamos como poseídos, tropezando hacia el cuarto de huéspedes. La puerta se cerró con un clic, y el mundo se redujo a nosotros tres. El aire olía a excitación, a feromonas y sudor fresco. Sofía me quitó la playera, lamiendo mi pecho, sus dientes rozando mis pezones. "Qué rico hueles, carnal. A hombre." Daniela se desvistió rápido, revelando sus chichis grandes, pezones duros como piedras. Yo me saqué los pantalones, mi verga saltando libre, gruesa y palpitante.

Las tiré a la cama king size, colchón suave hundiéndose bajo nuestros pesos. Empecé con Daniela, besando su cuello salado, bajando a mamarle una teta, el sabor lácteo de su piel volviéndome loco. Sofía se masturbaba al lado, dedos hundidos en su panocha mojada, gimiendo bajito: "Sí, Ale, hazla gritar." El sonido de sus dedos chapoteando era música obscena.

Intercambié, ahora Sofía abierta de piernas, su concha rosada brillando de jugos. La lamí despacio, lengua plana saboreando su miel agria y dulce, clítoris hinchado pulsando contra mi boca. "¡Ay, wey, qué chido! No pares." Daniela me chupaba la verga, labios estirados alrededor de mi tronco, garganta profunda tragándosela hasta las bolas. El calor de su boca, la succión rítmica, me tenía al borde.

Pero quería más. Las puse a las dos de rodillas, culos en pompa. "Ahora el trío de primas en acción." Me metí en Sofía primero, su coño apretado envolviéndome como guante caliente, paredes contrayéndose. La embestí lento, sintiendo cada vena rozar su interior húmedo. Daniela lamía mis huevos, lengua juguetona, y luego besaba a su prima, lenguas enredadas sobre mi hombro.

Cambié a Daniela, su panocha más floja pero profunda, tragándosela entera. "¡Duro, Ale! Fóllame como hombre." El slap-slap de piel contra piel llenaba la habitación, mezclado con gemidos roncos y el crujir de la cama. Sudor nos pegaba, olores intensos: almizcle de sexo, perfume mezclado con esencia corporal.

Esto es el paraíso. Dos primas ardientes, entregadas, queriendo mi leche. Neta, nunca sentí tanto poder, tanto placer.

Las volteé, misionero doble. Primero Sofía cabalgándome, sus caderas girando como bailarina de reggaetón, chichis rebotando hipnóticos. Daniela se sentó en mi cara, su culo mullido sofocándome deliciosamente, jugos chorreando en mi boca. Lamí y follé al ritmo, pulsos acelerados sincronizados.

El clímax se acercaba como tormenta. "Me vengo, cabronas." Sofía aceleró, gritando: "¡Dentro, carnal! Lléname." Explosé en ella, chorros calientes inundándola, espasmos sacudiéndome. Daniela se corrió en mi lengua, temblando, un chorro salado empapándome la cara.

Colapsamos en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones jadeantes calmándose. Besos suaves post-sexo, lenguas perezosas. Sofía susurró: "El mejor trío con primas de mi vida." Daniela rio bajito. "Y repetimos, ¿eh?"

Nos quedamos así, pieles pegajosas enfriándose, el ventilador secando el sudor. Afuera, grillos cantaban, pero adentro reinaba la paz del deseo satisfecho. Pensé en el mañana, en secretos compartidos, en lazos más fuertes que la sangre.

Quién diría que un reencuentro familiar terminaría así. Tríos con primas... lo más chingón que me ha pasado. Y no lo cambio por nada.

La luna entraba por la ventana, bañándonos en plata, y supe que esto era solo el principio.

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