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Canciones de Trio Mas Populares en Nuestra Piel Ardiente

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Canciones de Trio Mas Populares en Nuestra Piel Ardiente

La noche en el departamento de Polanco olía a tequila reposado y jazmines frescos del balcón. Qué chido todo esto, pensé mientras servía los shots en los vasos helados. Marco, mi carnal de toda la vida, y Daniela, esa morra que siempre me ha puesto los nervios de punta con su risa pícara, estaban recargados en el sofá de cuero negro. Habíamos planeado una noche de copas y música, nada más, pero el aire ya se sentía cargado, como antes de una tormenta en el DF.

"Órale, Sofía, pon algo que prenda", dijo Marco con esa voz ronca que me eriza la piel. Saqué mi cel y busqué la playlist perfecta: canciones de trio mas populares. Los Panchos, Trío Los Reyes, esas rolas románticas que mis abuelos cantaban pero que ahora, en la penumbra, sonaban como un susurro al oído. "Sabor a Mí" empezó a sonar bajito, la guitarra suave llenando el cuarto con su melancolía dulce.

Nos sentamos en círculo en la alfombra gruesa, las luces tenues del neón de la Reforma colándose por las cortinas. El tequila bajaba ardiente por mi garganta, calentándome el pecho. Daniela se acercó más, su perfume de vainilla mexicana mezclándose con el sudor ligero de la noche calurosa.

¿Por qué carajos mi corazón late así? ¿Es el trío o son ellos?
Marco me miró con ojos brillantes, su mano rozando mi muslo por "accidente".

"Esta rola siempre me hace pensar en besos robados", murmuró Daniela, su aliento cálido contra mi cuello. Su dedo trazó un camino lento por mi brazo desnudo, enviando chispas hasta mi entrepierna. No me aparté. Al contrario, el calor entre mis piernas creció con "Rayito de Luna", la voz del trío envolviéndonos como una caricia invisible. Marco se inclinó y me besó, suave al principio, su lengua saboreando el tequila en mi boca. Daniela no se quedó atrás; sus labios encontraron mi oreja, mordisqueándola con ternura.

El beso de Marco se profundizó, sus manos grandes subiendo por mi blusa suelta, tocando la piel de mi espalda. Olía a su colonia cítrica, masculina, mezclada con el aroma de mi propia excitación que empezaba a humedecer mis panties. Daniela deslizó su mano por mi pecho, rozando mi pezón endurecido a través de la tela. Neta, esto está pasando, pensé, el pulso latiéndome en las sienes como el ritmo de la guitarra.

Nos fuimos desvistiendo sin prisa, como si el trío nos dictara el tempo. Mi blusa voló al sofá, seguida de la de Daniela, revelando sus tetas firmes, pezones oscuros invitándome. Marco se quitó la playera, su pecho moreno y musculoso brillando bajo la luz tenue. "Eres una diosa, Sofi", gruñó, bajando la cabeza para lamer mi cuello. Su lengua áspera me hizo arquear la espalda, un gemido escapando de mis labios.

La canción cambió a "Bésame Mucho", y Daniela me empujó suavemente contra los cojines. Sus manos expertas desabrocharon mi brasier, liberando mis pechos pesados. Se inclinó y succionó un pezón, el calor de su boca húmeda enviando ondas de placer directo a mi clítoris hinchado. ¡Ay, cabrón! Marco observaba, su verga ya dura marcando el pantalón. Se desabrochó, sacándola gruesa y venosa, palpitante. La tomé en mi mano, sintiendo su calor satinado, el pulso acelerado bajo mi palma.

"Chúpala, amor", le pedí a Daniela, y ella lo hizo con gusto, sus labios rojos envolviendo la cabeza mientras yo lamía los huevos de Marco, salados y calientes. El sabor a hombre me embriagó más que el tequila. Nuestras lenguas se encontraron alrededor de su verga, besándonos con ella en medio, el trío cantando sobre amores eternos. Mi panocha chorreaba, el olor almizclado de mi arousal llenando el aire.

Marco me levantó como si no pesara nada, colocándome a horcajadas sobre él en el sofá. Su verga rozó mi entrada húmeda, resbaladiza. "Métemela ya, pendejo", jadeé, bajando despacio. Lo sentí estirándome, llenándome hasta el fondo, un dolor placeroso que me arrancó un grito. Daniela se arrodilló detrás de mí, sus dedos abriendo mis nalgas, lamiendo mi ano con lengua juguetona mientras yo cabalgaba a Marco. El slap de piel contra piel se mezclaba con "Solamente Una Vez", el bolero perfecto para este desmadre consensual.

Esto es lo que necesitaba, neta. Sus cuerpos contra el mío, el sudor pegándonos, el ritmo del trío guiándonos.
Marco embestía desde abajo, sus manos amasando mis tetas, pellizcando pezones hasta que vi estrellas. Daniela metió dos dedos en mi concha junto a la verga de Marco, frotando mi punto G con maestría. El placer se acumulaba, una presión deliciosa en mi vientre, mis muslos temblando.

Cambié de posición, queriendo más. Me puse de rodillas en la alfombra, culazo en alto. Marco se colocó detrás, penetrándome de nuevo con un thrust profundo que me hizo gritar "¡Sí, cabrón, así!". Daniela se acostó frente a mí, abriendo sus piernas depiladas, su panocha rosada y brillante. La devoré, lengua en su clítoris hinchado, saboreando su jugo dulce como mango maduro. Ella gemía alto, manos en mi pelo, guiándome mientras Marco me cogía sin piedad, sus bolas golpeando mi clítoris con cada embestida.

El olor a sexo era intenso: sudor, fluidos, perfume. Sentía cada vena de la verga de Marco frotando mis paredes internas, el roce de sus vellos púbicos contra mi piel sensible. Daniela se corrió primero, su concha contrayéndose contra mi lengua, chorros calientes en mi boca. "¡Me vengo, Sofi, no pares!", chilló. Eso me empujó al borde. Marco aceleró, gruñendo "Te voy a llenar, preciosa". Mi orgasmo explotó, olas de éxtasis recorriéndome, piernas flojas, visión borrosa. Él se vació dentro de mí, chorros calientes bañando mis entrañas.

Colapsamos en un enredo de miembros sudorosos, el trío ahora en "Quizás, Quizás, Quizás", suave como la brisa que entraba por la ventana. Marco me besó la frente, Daniela acurrucada en mi pecho, su aliento cálido en mi piel. Qué pedo tan chingón, pensé, el corazón aún latiendo fuerte.

"Las canciones de trio mas populares siempre me han puesto cachonda, pero esto... esto es otro nivel", dijo Daniela riendo bajito. Marco asintió, su mano trazando círculos perezosos en mi vientre. Nos quedamos así, escuchando el final de la playlist, cuerpos entrelazados, el afterglow envolviéndonos como una manta tibia.

Al amanecer, con el sol tiñendo el skyline de rosa, supe que esto no era un error. Era liberación, conexión pura entre amigos que se volvieron amantes por una noche. O tal vez más. El eco de esas rolas boleras aún vibraba en mi piel, prometiendo recuerdos eternos.

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