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Pasado de Try Ardiente

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Pasado de Try Ardiente

La vi entrar al bar en Polanco, con ese vestido rojo ceñido que le marcaba las curvas como si fuera hecho a su medida. Hacía años que no la veía, desde aquel pasado de try que nos había marcado a los dos. Try, con su pelo negro suelto cayendo en ondas salvajes sobre los hombros, ojos cafés intensos que prometían travesuras. El aire del lugar olía a tequila reposado y jazmín de su perfume, un aroma que me transportó directo a esas noches locas en mi depa de la Roma.

Me quedé ahí, con el corazón latiéndome como tamborazo en una fiesta de pueblo.

¿Será que todavía siente lo mismo? ¿O ya se le olvidó cómo me hacía gemir su nombre?
Levanté mi chela y le guiñé el ojo. Ella sonrió, esa sonrisa pícara que decía "wey, ya valió madres, aquí vamos de nuevo". Se acercó contoneando las caderas, el sonido de sus tacones contra el piso de madera retumbando en mi pecho.

—¡Órale, carnal! ¿Cuánto tiempo? —dijo con esa voz ronca, mexicana de pura cepa, aunque su apodo gringo de Try venía de un viaje a Texas con su ex.

—Demasiado, Try. Te ves más rica que nunca —le contesté, oliendo ya el calor de su piel mezclándose con el humo de los cigarros electrónicos que flotaba en el aire.

Nos sentamos en una mesa apartada, pedimos unos tequilas con limón y sal. Hablamos de la vida, de trabajos chidos en la ciudad, de viajes a la playa en Puerto Vallarta. Pero el aire entre nosotros estaba cargado, como antes de una tormenta. Sus dedos rozaban los míos al pasar el shot, y cada toque era electricidad pura, haciendo que mi verga se despertara bajo los jeans.

El primer acto de nuestra noche fue puro coqueteo. Le conté anécdotas graciosas, ella se reía echando la cabeza para atrás, dejando ver el cuello suave que tanto me gustaba morder.

No mames, esta chava sigue siendo mi debilidad. Ese pasado de try no se borra con nada.
Yo sentía el pulso acelerado, el sudor empezando a perlar mi frente, mientras sus ojos bajaban a mi boca cada vez que lamía la sal del dorso de mi mano.

De repente, su pie descalzo —se había quitado un zapato– subió por mi pantorrilla bajo la mesa. El roce era suave, juguetón, pero cargado de promesas. —¿Te acuerdas de cómo nos poníamos en tu depa? —me susurró al oído, su aliento cálido con sabor a tequila rozando mi oreja.

—Cómo olvidarlo, pendeja. Ven, vámonos de aquí —le dije, pagando la cuenta con manos temblorosas.

Salimos al coche, el valet nos dio las llaves con una mirada cómplice. Manejar hasta mi hotel en Reforma fue tortura deliciosa. Ella ponía su mano en mi muslo, apretando cada alto en semáforo, mientras la radio sonaba cumbia rebajada que nos ponía más calientes. El olor a su excitación empezaba a filtrarse, mezclado con el cuero de los asientos.

Acto dos: la habitación. Entramos y la puerta apenas se cerró cuando sus labios chocaron contra los míos. Beso hambriento, lenguas enredándose con sabor a limón y deseo puro. La empujé contra la pared, mis manos explorando sus tetas firmes bajo el vestido. —Qué rico hueles, Try —gemí, inhalando su cuello, ese perfume que me volvía loco.

Ella se reía bajito, riendo mientras me quitaba la camisa, sus uñas arañando mi pecho.

Esto es lo que necesitaba, wey. Su piel contra la mía, suave como seda, caliente como lava.
La desvestí despacio, saboreando cada centímetro. El vestido cayó al piso con un susurro, revelando lencería negra que enmarcaba su panocha depilada y lista. Sus pezones duros rozaban mi torso, enviando chispas directo a mi entrepierna.

La llevé a la cama king size, las sábanas frescas contrastando con nuestro calor. Me tumbé sobre ella, besando su boca, bajando por el cuello, mamando sus tetas. Ella arqueaba la espalda, gimiendo —¡Ay, cabrón, no pares!— mientras sus manos bajaban a mi pantalón, liberando mi verga tiesa como fierro. La tocó, masturbándome lento, el sonido de su mano lubricada por mi precum llenando la habitación.

Yo bajé más, besando su vientre plano, lamiendo el ombligo. Llegué a su concha, oliendo su aroma almizclado, excitante como nada. La abrí con los dedos, viendo cómo brillaba de jugos. Lamí su clítoris despacio, círculos suaves, luego chupando fuerte. Try se retorcía, sus muslos apretando mi cabeza, gritando —¡Sí, así, méteme la lengua, wey!— El sabor salado-dulce de ella me enloquecía, su pulso latiendo contra mi boca.

La tensión subía como volcán. Ella me jaló arriba, montándome como amazona. Se sentó en mi verga de un golpe, empapada y apretada.

Joder, qué chingona se siente. Caliente, húmeda, envolviéndome entero.
Cabalgaba ritmada, sus tetas botando, sudor corriendo por su espalda. Yo la agarraba las nalgas, azotando suave, sintiendo el clap-clap de piel contra piel. Gemidos nuestros mezclados con el zumbido del aire acondicionado.

Cambié posiciones, la puse a cuatro, embistiéndola desde atrás. Mis manos en sus caderas, verga entrando y saliendo profunda, rozando su punto G. Ella empujaba hacia mí, —¡Más fuerte, pendejo, rómpeme!— El cuarto olía a sexo puro, sudor, fluidos, pasión desatada. Sentía sus paredes contrayéndose, cerca del orgasmo.

Acto tres: el clímax. La volteé boca arriba, piernas en mis hombros, penetrándola hondo. Nuestros ojos conectados, jadeos sincronizados.

Este es nuestro pasado de try revivido, pero mejor, más intenso.
Ella vino primero, gritando mi nombre, su concha pulsando alrededor de mi verga, jugos chorreando. Eso me llevó al borde. Me corrí dentro, chorros calientes llenándola, cuerpos temblando en éxtasis.

Nos quedamos abrazados, respiraciones calmándose. El afterglow era perfecto: su cabeza en mi pecho, escuchando mi corazón volver a normal. Besos suaves, risas cansadas. —Esto no termina aquí, ¿verdad? —me dijo, trazando círculos en mi piel con el dedo.

—Ni madres, Try. Nuestro pasado de try es solo el principio —le respondí, oliendo su pelo, sintiendo paz y fuego latente.

La noche se extendió en caricias perezosas, promesas susurradas. Al amanecer, con el sol filtrándose por las cortinas, supe que esto era más que un revolcón. Era reconectar almas, cuerpos que se reconocían al instante. Y mientras ella dormía a mi lado, piel tibia contra la mía, sonreí pensando en lo que vendría.

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