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100 Try para tu Placer

6194 palabras

100 Try para tu Placer

Neta, wey, esta noche era la buena. Ana y yo llevábamos meses en esto, en mi depa chido en la Roma Norte, con las luces tenues del skyline de la CDMX colándose por las cortinas. Ella, mi morra, esa chula de curvas que me volvían loco, con su piel morena oliendo a coco y vainilla de su crema favorita. Habíamos cenado tacos de suadero en la esquina, riéndonos de pendejadas, pero yo traía en la cabeza mi 100 try. Noventa y nueve veces la había intentado hacer volar solo con la boca, sin meterle la verga ni nada, y nada. Siempre llegaba al borde, pero se escabullía. Esta vez no, cabrón, me dije.

Pensé: ¿Por qué chingados no se ha corrido? ¿Soy yo o es ella que no se suelta?

Ana se recostó en la cama king size, con su tanguita negra apenas cubriéndole la panocha, las tetas firmes asomando por el encaje del bra. "Órale, amor, ¿de veras vas por el 100 try? Vas a tener que currártela bien rico", me dijo con esa voz ronca, juguetona, mientras se pasaba la lengua por los labios carnosos. Yo me arrodillé entre sus piernas abiertas, el corazón latiéndome como tamborazo en una fiesta de pueblo. El aire estaba cargado de su aroma, ese olor dulce y salado de excitación que me ponía la verga como fierro.

Empecé despacio, como siempre en mis intentos fallidos. Mis manos subieron por sus muslos suaves, tersos como mango maduro, sintiendo el calor que irradiaba de su piel. Ella suspiró, un sonido suave como brisa de mar en Cancún. Le besé el interior de las rodillas, subiendo lento, dejando un rastro húmedo con la lengua. "Mmm, qué chingón, sigue", murmuró, arqueando la espalda. Yo olía su esencia cada vez más fuerte, ese perfume íntimo que me mareaba de deseo. Mis dedos rozaron el borde de la tanga, empapada ya, y la jalé despacio hacia abajo, revelando su panochita rosada, hinchada, reluciente de jugos.

El primer contacto fue eléctrico. Mi lengua plana lamió desde el perineo hasta el clítoris, saboreando su sal marina mezclada con dulzor. Ana jadeó fuerte, agarrándome el pelo con las uñas. "¡Ay, wey! Eso sí se siente cabrón". Yo no paré, rodeando el botón con círculos lentos, succionando suave. Su sabor me inundaba la boca, adictivo como mezcal añejo. Sentía su pulso acelerado contra mi lengua, los músculos de sus muslos temblando. Pero recordaba las veces pasadas: llegaba al pico y se detenía. No esta vez.

Escalé el ritmo. Introduje un dedo, curvado hacia arriba, buscando ese punto rugoso dentro. Ella gritó: "¡Sí, ahí, pendejo, no pares!". El sonido de mis chupadas era obsceno, chapoteante, mezclado con sus gemidos que rebotaban en las paredes. Sudor perló su frente, el cuarto olía a sexo puro, a feromonas y sábanas revueltas. Mis bolas dolían de lo dura que estaba mi verga, rozando la cama, pero esto era por ella. Metí un segundo dedo, estirándola, lamiendo más rápido. Ana se retorcía, las caderas empujando contra mi cara, untándome la barba de sus jugos pegajosos.

En mi cabeza: "Noventa y nueve fails, pero este es el 100 try. Siente cómo tiembla, está cerca, no la cagues".

La tensión crecía como tormenta en el Popo. Sus pezones duros como piedras se erguían, yo los pellizcaba mientras mi boca no soltaba el clítoris. "¡Me vengo, amor, no mames!", chilló, pero la frené, quitando la lengua justo antes. Edging, wey, eso era la clave que no había usado bien antes. Ella maldijo, "¡Cabrón, no me dejes así!", pero sus ojos brillaban de pura lujuria. Volví a atacar, más intenso, tres dedos ahora bombeando, mi lengua vibrando como motor. El calor de su interior me quemaba, los walls contrayéndose alrededor de mis nudillos. Su aliento era entrecortado, jadeos convirtiéndose en aullidos: "¡Chingao, sí, fóllame con la boca!".

El buildup era brutal. Sentía cada contracción, cada pulso de su clítoris hinchado bajo mi lengua. El sabor se intensificó, más salado, más ella. Mis manos amasaban sus nalgas redondas, apretando la carne suave, oliendo el sudor mezclado con su crema. Ana se arqueó como gata en celo, las uñas clavándose en mi cuero cabelludo. "¡Es ahora, wey, el 100 try! ¡No pares, por la chingada!". Y explotó. Su cuerpo convulsionó, chorros calientes salpicándome la cara, el orgasmo rugiendo desde su garganta en un grito primal que me erizó la piel. Olas y olas, temblando incontrolable, sus muslos aplastándome la cabeza como tenazas.

La dejé correrse hasta el final, lamiendo suave para prolongar. Cuando bajó, jadeante, sudorosa, me miró con ojos vidriosos. "Neta, amor, lo lograste. El 100 try fue la buena". La subí a mi regazo, mi verga aún dura rozando su entrada empapada. Ella se hundió en mí despacio, gimiendo al sentirme llenarla. Cabalgó lento al principio, sus tetas botando al ritmo, pezones rozando mi pecho. Yo agarré sus caderas, guiándola, sintiendo el calor resbaloso de su panocha ordeñándome. "Qué rica estás, chula", le gruñí, mordiendo su cuello salado.

Aceleramos. El slap-slap de piel contra piel llenaba el cuarto, sus jugos chorreando por mis bolas. Ella clavó las uñas en mi espalda, dejando surcos rojos que ardían delicioso. "Córrete conmigo, wey", jadeó, y lo hice, explotando dentro de ella en chorros calientes, el placer cegándome. Nos derrumbamos, enredados, el olor a sexo impregnando todo, nuestros corazones galopando al unísono.

En el afterglow, Ana acurrucada en mi pecho, trazando círculos en mi piel con el dedo. "Sabes, pendejo, no eran tus intentos fallidos. Era que necesitaba este buildup, esta persistencia tuya. El 100 try me rompió". Reí bajito, besando su frente húmeda. Afuera, la ciudad zumbaba indiferente, pero aquí, en nuestro mundo, todo era perfecto. Sentí una paz chingona, como si hubiéramos conquistado algo épico. Y mientras nos dormíamos, su mano en mi verga floja, supe que vendrían más tries, pero ninguno como este.

La mañana llegó con sol filtrándose, café de olla en la cocina. Ana me guiñó el ojo: "Listo para el 101?". Neta, con ella, siempre sí.

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