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Para Que Sirve La Bedoyecta Tri Inyectable En La Piel Ardiente

7198 palabras

Para Que Sirve La Bedoyecta Tri Inyectable En La Piel Ardiente

Tú caminas por las calles elegantes de Polanco con el cuerpo pesado como si cargaras el mundo en los hombros. El ajetreo del día te ha dejado hecha un trapo: el trabajo en la oficina, las juntas eternas y esa sensación de que te falta algo vital. Neta, necesito un chispazo de energía, piensas mientras entras a la clínica de bienestar privada que te recomendó tu amiga Karla. Es un lugar chido, con luces suaves, aroma a lavanda y música ambiental que relaja hasta el alma.

La recepcionista te sonríe y te pasa a la sala de consultas. Ahí está él: el doctor Alejandro, un morro de unos treinta y cinco, alto, con ojos cafés intensos que te recorren sin descaro pero con clase. Su bata blanca abierta deja ver una camisa ajustada que marca el pecho firme. Chin güey, qué pinta de galán, te dices en silencio mientras te sientas en la camilla.

—Buenas tardes, ¿en qué te puedo ayudar? —pregunta con voz grave, como ronroneo.

—Doctor, vengo por lo de la bedoyecta tri inyectable. Dicen que es lo máximo para recargar pilas. ¿Para qué sirve la bedoyecta tri inyectable exactamente?

Él se acerca, su colonia fresca invadiendo el espacio, un olor a madera y cítricos que te hace cosquillas en la nariz. Toma el frasco del anaquel, lo prepara con manos expertas.

Para que sirve la bedoyecta tri inyectable? Vitamina B1 B6 y B12 pura potencia para los nervios el metabolismo y la energía. Te va a hacer sentir como nueva lista para comerte el mundo o... lo que se te antoje

Te dice eso con una sonrisa pícara, mientras te pide que te recuestes de lado y bajes un poco el pantalón de yoga. Sientes el aire fresco en la nalga expuesta, la piel erizándose. Su dedo enguantado roza la carne, buscando el sitio perfecto. El pinchazo es rápido, un ardor leve que se expande como fuego líquido por tus venas. Calor, puro calor subiendo desde el glúteo hasta el pecho, acelerando el pulso.

—Listo, preciosa. En media hora vas a sentir el rush. Tómalo con calma.

Te quedas ahí un rato, charlando. Él se sienta cerca, las rodillas casi tocándose. Hablas de la vida en la CDMX, de lo cañón que es el tráfico, de cómo a veces uno necesita un boost para no decaer. Sus ojos no dejan los tuyos, y sientes mariposas en el estómago. El calor de la inyección se transforma en un hormigueo delicioso entre las piernas, como si despertara cada terminación nerviosa.

¿Será el efecto o este wey que me prende con la mirada?

La cita termina, pero no te vas. Le pides un vaso de agua y él te invita a quedarte en la sala VIP, un cuartito privado con sillón de cuero y vista al jardín. —Para que observes cómo te revitaliza —guiña.

Te sientas, el cuero fresco contra la piel aún sensible. Él se quita la bata, queda en camisa arremangada, brazos fuertes. El aire se carga de tensión, el silencio roto solo por tu respiración agitada y el zumbido lejano de la ciudad. Sientes el pulso latiendo en el cuello, en las sienes, ahí abajo.

—¿Ya sientes la bedoyecta tri? —pregunta, acercándose tanto que su aliento cálido roza tu oreja.

—Neta, doctor... me siento... viva. Como si todo mi cuerpo estuviera despierto.

Sus dedos rozan tu brazo, un toque inocente que enciende chispas. Te volteas, tus labios se encuentran en un beso suave al principio, explorador. Sabe a menta y deseo contenido. Tus lenguas danzan, húmedas, urgentes. El beso se profundiza, manos enredándose en el pelo, en la nuca.

Te levantas, presionando tu cuerpo contra el suyo. Sientes su dureza contra tu vientre, la verga ya tiesa bajo el pantalón. ¡Qué chingón! Tus manos bajan, desabrochando su cinturón con dedos temblorosos de anticipación. Él gime bajito, un sonido ronco que vibra en tu pecho.

—Espérame aquí —murmura, y cierra la puerta con llave. Vuelve con condones en la mano, ojos negros de lujuria.

Te empuja suave contra el sillón, besando tu cuello, mordisqueando la piel salada. Sus manos suben tu blusa, exponiendo los senos. Los labios capturan un pezón, chupando con succión perfecta, lengua girando. Gimes fuerte, arqueando la espalda. El placer es eléctrico, potenciado por esa inyección que hace que cada roce sea intenso, como amplificado.

Le quitas la camisa, lamiendo su pecho sudoroso, sabor salado y masculino. Bajas al ombligo, desabrochas todo. Su verga salta libre, gruesa, venosa, goteando precúm. La tocas, piel aterciopelada sobre acero. Él gruñe, —Chúpamela, mamacita.

Te arrodillas, el piso mullido bajo las rodillas. La envuelves con la boca, caliente, húmeda. Saboreas la sal, la esencia pura de él. Chupas despacio, lengua en la cabeza sensible, manos masajeando las bolas pesadas. Él jadea, dedos en tu pelo guiando el ritmo. Está cañón, no aguanta, piensas mientras lo llevas al borde.

Te levanta, te quita el pantalón de un jalón. Tus bragas empapadas caen. Te abre las piernas, aire fresco en la panocha expuesta, hinchada de necesidad. Su boca se estrella ahí, lengua lamiendo el clítoris como experto. Gritas, placer punzante. Introduce dedos, curvados tocando ese punto que te deshace. El olor a sexo llena el cuarto, almizcle nuestro mezclado con su colonia.

—Estás chorreando —dice, voz ronca. Se pone el condón, te posiciona a cuatro patas en el sillón. La punta roza tu entrada, resbalosa. Empuja lento, centímetro a centímetro, llenándote. ¡Ay cabrón, qué rico! Sientes cada vena, el grosor estirándote delicioso.

Empieza a moverse, embestidas profundas, piel chocando con palmadas húmedas. Tus tetas rebotan, pezones rozando el cuero áspero. Gimes sin control, —Más duro, pendejo, dame todo. Él obedece, nalgueando suave, dedos en tu clítoris frotando. El orgasmo crece como ola, tensión en el bajo vientre, pulsos acelerados.

Sudor perla vuestros cuerpos, resbaloso, facilitando el glide. El cuarto huele a sexo crudo, gemidos ecoando. Cambian posición: tú encima, cabalgando. Sus manos en tus caderas guían, verga hundiéndose hasta el fondo. Rebotas, controlando el ritmo, pezones en su boca. El clímax te golpea primero, violento, contracciones ordeñando su polla. Gritas, visión borrosa, placer cegador.

Él te sigue, gruñendo como animal, corriéndose dentro del látex con espasmos. Colapsan juntos, jadeantes, piel pegajosa. Besos lentos ahora, tiernos. Su corazón late contra el tuyo, ritmos calmándose.

Después, recostados, piel aún sensible. —¿Ves para qué sirve la bedoyecta tri inyectable? Energía pura para noches inolvidables —ríe él, acariciando tu espalda.

Neta, esto es lo que necesitaba. No solo vitaminas, sino este fuego que aún quema adentro

Te vistes con piernas flojas, prometiendo volver. Sales a la noche mexicana, Polanco brillando con neones. El cuerpo revitalizado, alma satisfecha, sabiendo que mañana pedirás otra dosis... y lo que venga con ella.

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