Que Es Try Catch En Programacion Con Tu Piel Desnuda
Estabas sentada en el sofá de cuero negro de Diego, en su depa chido de Polanco, con la laptop abierta sobre las rodillas. La noche caía sobre la Ciudad de México como un manto caliente, y el aire olía a tacos de la esquina y al café negro que acababan de servirse. Diego, tu carnal del trabajo, un wey alto con ojos cafés intensos y una sonrisa pícara, se recargaba a tu lado, su muslo rozando el tuyo accidentalmente. O no tan accidental.
Neta, ¿por qué me late tanto este pendejo? pensaste, mientras tus dedos volaban sobre el teclado, tratando de debuggear ese código cabrón que no jalaba.
—Oye, Diego, ¿qué es try catch en programación? le preguntaste, girando la cara hacia él. Tu voz salió más ronca de lo que querías, como si el calor del cuarto ya te estuviera derritiendo por dentro.
Él se acercó más, su aliento fresco con menta rozando tu oreja. —Try-catch, mi reina, es como un seguro para tu código. Pones un try donde intentas algo riesgoso, y si se arma la grande, el catch lo atrapa y no crashea todo. ¿Quieres que te lo explique con el cuerpo? —dijo, con esa voz grave que te erizaba la piel.
Te reíste, pero el roce de su mano en tu muslo te dejó muda. El cuarto se sentía más chico, el zumbido del aire acondicionado como un latido acelerado. Olías su colonia, madera y algo masculino que te hacía apretar las piernas.
¿Y si lo intento? ¿Y si este try me lleva a un catch del carajo?
Acto uno: la chispa. Tus ojos se clavaron en los suyos, y sin pensarlo, pusiste la laptop a un lado. —Muéstrame —susurraste, tu mano subiendo por su brazo, sintiendo los músculos tensos bajo la camisa.
Diego no se hizo de rogar. Te jaló hacia él, sus labios capturando los tuyos en un beso que sabía a café y promesas. Su lengua exploró tu boca como un código perfecto, probando, tentando. Tus manos se enredaron en su pelo negro, tirando suave mientras gemías bajito. El sonido de sus labios chupando los tuyos, húmedo y urgente, llenaba el aire.
Te levantó en brazos como si no pesaras nada, y te llevó a la recámara. La cama king size te recibió con sábanas frescas de algodón egipcio, oliendo a lavanda. Te tumbó despacio, sus ojos devorándote mientras se quitaba la camisa, revelando un pecho moreno y definido, con un tatuaje de un circuito en el hombro. —Aquí va el try —murmuró, desabotonando tu blusa con dedos hábiles.
Sus manos tocaron tus tetas, masajeándolas sobre el bra de encaje negro. El roce era eléctrico, pezones endureciéndose al instante. ¡Chin!, qué rico, pensaste, arqueando la espalda. Él bajó la cabeza, lamiendo tu cuello, bajando hasta morder suave el lóbulo de tu oreja. Olías tu propio aroma, mezcla de perfume floral y excitación creciente, ese olor almizclado que te volvía loca.
—En programación, el try es cuando pruebas algo nuevo —explicó, su voz vibrando contra tu piel mientras desabrochaba tu bra y chupaba un pezón—. Si sale mal, catch lo salva. Pero contigo, no hay errores.
Te quitó el pantalón, besando el interior de tus muslos. Tus bragas estaban empapadas, el calor entre tus piernas palpitando como un servidor sobrecargado. Él las deslizó, inhalando profundo. —Hueles a código perfecto, wey —rió, y su lengua tocó tu clítoris por primera vez.
¡Órale! El placer fue un rayo, tu cuerpo convulsionando. Lamía despacio, círculos expertos, saboreando tus jugos salados y dulces. Gemías alto, "¡Sí, Diego, así!", tus uñas clavándose en su espalda. El sonido de su boca chupando, succionando, era obsceno y delicioso, mezclado con tus jadeos y el crujir de la cama.
Acto dos: la escalada. Lo empujaste para montarte encima, queriendo control. Le bajaste el pantalón, liberando su verga dura, gruesa, venosa, apuntando al techo. La tomaste en la mano, sintiendo el calor, el pulso rápido bajo la piel suave. —Mi turno de try —dijiste, lamiendo la punta, saboreando el precum salado.
Él gruñó, "¡Neta, qué chida!", sus caderas subiendo. La chupaste profundo, garganta relajada, sintiendo cómo se hinchaba en tu boca. El olor de su sexo te mareaba, terroso y adictivo. Subiste y bajaste, manos en sus bolas pesadas, hasta que lo tuviste al borde.
—Catch —jadeó él, jalándote arriba. Te posicionó a horcajadas, su verga rozando tu entrada húmeda. Bajaste despacio, centímetro a centímetro, el estiramiento delicioso quemándote por dentro. ¡Pinche lleno! Llenándote hasta el fondo, tus paredes apretándolo como un vicio.
Esto es mejor que cualquier debug. Cada embestida es un commit perfecto.
Cabalgaste fuerte, tetas rebotando, sudor perlando tu piel. Él te agarraba las caderas, guiando, chocando arriba. El slap-slap de piel contra piel, gemidos roncos, el olor a sexo crudo impregnando la habitación. Cambiaron posiciones: él encima, misionero profundo, besos fieros. Luego de lado, su mano en tu clítoris, frotando mientras te taladraba.
La tensión crecía, como un loop infinito acercándose al clímax. Tus paredes se contraían, ven, ven, ven. Él aceleró, gruñendo en tu oído: —Try-catch en programación es para esto, para no parar cuando explota.
Acto tres: la liberación. El orgasmo te golpeó como un error fatal, pero placentero. Gritaste, "¡Me vengo, cabrón!", cuerpo temblando, jugos chorreando por su verga. Olas y olas, visión borrosa, gusto a su piel salada en tu boca. Él se corrió segundos después, caliente dentro de ti, llenándote con chorros espesos, su catch perfecto.
Colapsaron juntos, jadeando, pieles pegajosas de sudor. El cuarto olía a orgasmo compartido, a sábanas revueltas. Diego te besó la frente, suave. —Qué es try catch en programación, mi amor, es lo que acabamos de hacer: intentar con todo, y atrapar el placer.
Te acurrucaste en su pecho, oyendo su corazón ralentizarse. Neta, esto no fue un bug. Fue un feature épico. Afuera, la ciudad zumbaba indiferente, pero adentro, el código entre ustedes era perfecto, listo para más compiles.
Se quedaron así, dedos trazando patrones en la piel del otro, planeando la próxima sesión de "programación". El afterglow era dulce, como un café recalentado a la perfección, con promesa de más tries, más catches, más noches en que el error solo existía para ser follado.