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Estaba sola en mi depa en la Condesa, con el calor de la noche de verano pegándome en la piel como una caricia insistente. El ventilador zumbaba perezoso, moviendo el aire cargado de mi perfume mezclado con el olor a tequila de la botella a medio acabar en la mesa. Me recosté en la cama king size, con las sábanas de algodón egipcio rozándome las piernas desnudas, y abrí mi laptop. Neta, necesitaba algo que me prendiera el fuego que traía adentro desde hace días. Marco, mi novio, andaba en un viaje de trabajo, pero no aguantaba más las ganas.

Recordé esas búsquedas locas que hacíamos juntos: videos pornos tríos penes grandes. Tecleé las palabras con dedos temblorosos, el corazón latiéndome fuerte en el pecho. La pantalla se llenó de thumbnails calientes, mujeres gimiendo entre dos vergas enormes, brillando de saliva y jugos. Elegí uno: una morra como yo, con curvas mexicanas bien puestas, entre dos machos tatuados. El sonido de sus jadeos llenó la habitación, slap slap de carne contra carne, gemidos roncos que me erizaron la piel.

¿Y si esto pasara de verdad? ¿Marco y su carnal Luis, con sus vergas gordas, partiéndome en dos?

Me quité el tanga de encaje negro, sintiendo el aire fresco en mi concha ya mojada. Me toqué despacio, imaginando esos penes grandes entrando en mí, uno en la boca, el otro en el culo. El olor a mi propia excitación subió, dulce y salado, mientras mis dedos se hundían. Pero no era suficiente. Saqué el celular y marqué a Marco.

Wey, ven ya con Luis. Tengo algo chido pa' ver —le dije, voz ronca de pura calentura.

Media hora después, la puerta se abrió con un clic. Marco, alto y moreno, con esa sonrisa pícara que me derrite, entró seguido de Luis, su mejor amigo, igual de guapo, con músculos de gym y ojos que prometían folladas épicas. Traían chelas en la mano, el olor a cerveza fría mezclándose con su colonia masculina, woodsy y adictiva.

Órale, Ana, ¿qué traes? —preguntó Marco, quitándose la playera y dejando ver su pecho velludo, pectorales duros.

Los senté en la cama, laptop en medio. Reproducí el video: la chava chupando una verga monstruosa mientras la otra la taladraba por atrás. El cuarto se llenó de moans en stereo, piel sudorosa reluciendo en HD.

—Miren estos videos pornos de tríos con penes grandes —susurré, mi mano ya en el muslo de Marco—. ¿No se les antoja?

Luis tragó saliva, su pantalón abultándose. Sentí su calor a mi lado, el roce de su pierna contra la mía enviando chispas por mi espina.

La tensión creció como tormenta. Marco me besó el cuello, su barba raspándome delicioso, lengua caliente lamiendo mi sudor. Luis me miró, pidiendo permiso con los ojos. Asentí, y su mano grande cubrió mi teta, amasándola por encima del bra. Gemí bajito, el video de fondo ahora soundtrack de nuestra propia porno.

Acto uno cerrado, el deseo latía en el aire espeso. Me paré, quitándome el bra lento, tetas rebotando libres, pezones duros como piedras. Ellos se desvistieron, vergas saltando erectas: la de Marco, gruesa y venosa, curvada perfecto; la de Luis, larga y gorda, cabeza morada palpitando. Penes grandes, justo como en los videos.

Me arrodillé entre ellos, el piso alfombrado suave bajo mis rodillas. Tomé la verga de Marco en la mano derecha, piel aterciopelada caliente, vena latiendo contra mi palma. La de Luis en la izquierda, igual de imponente. Olía a hombre puro, almizcle varonil que me mareaba de gusto. Lamí la punta de Marco, salado pre-semen en mi lengua, luego succioné Luis, garganta abriéndose para esa monstruosidad.

¡Chingado, qué rico! Dos vergas mamalonas pa' mí sola, como en esos videos pornos tríos penes grandes que tanto me calientan.

Marco gruñó, mano en mi pelo tirando suave. —Así, mi reina, chúpala rica. Luis jadeaba, caderas empujando. El sonido de mi boca trabajando, glug glug, saliva chorreando por sus huevos, me ponía más húmeda. Me metí un dedo en la concha, squelch audible, jugos resbalando por mis muslos.

Escalada brutal. Marco me levantó, me tiró en la cama boca arriba. Luis se trepó, verga rozándome el vientre, dejando rastro húmedo. Marco abrió mis piernas, inhalando profundo mi aroma. —Hueles a puta en calor, Ana —dijo, y hundió la cara. Su lengua ancha lamió mi clítoris hinchado, chupando labios mayores, metiendo dedos crocantes dentro. Grité, espalda arqueándose, sábanas arrugándose bajo mis uñas.

Luis no se quedó atrás: metió su verga en mi boca de nuevo, follándome la garganta mientras Marco me comía viva. El cuarto olía a sexo crudo, sudor, semen y concha. Pulsos acelerados, corazones tronando como tambores. Cambiaron: Luis abajo, yo cabalgándolo, su verga abriéndome en canal, estirándome hasta el dolor placentero. ¡Ay, wey, qué gorda! Marco detrás, lubricante fresco chorreando en mi culo, dedo probando primero, luego su cabeza rompiendo entrada.

Doble penetración. Llena hasta reventar. Luis embistiendo arriba, tetas rebotando contra su pecho peludo; Marco atrás, bolas golpeando mis nalgas, plap plap plap. Gemidos nuestros mezclados: mis chillidos agudos, sus gruñidos animales. Sudor goteando, pieles pegajosas deslizándose. Olía a lubricante vainillado, mezclado con nuestro jugo.

Esto es mejor que cualquier video pornos de tríos con penes grandes. Soy la reina de mi propia fantasía.

Intensidad subiendo. Rotamos posiciones: yo de perrito, Luis en la boca, Marco en la concha. Luego invertido, Marco en culo, Luis en concha. Cada thrust enviaba ondas de placer eléctrico, clítoris frotándose contra pelvis. Venían orgasmos en cadena. Primero Luis, rugiendo, semen caliente inundando mi garganta, tragué todo, salado espeso bajando.

Marco aceleró, mano en mi clítoris frotando furioso. —Córrete, puta mía —ordenó juguetón. Exploto: concha contrayéndose, chorros mojando sábanas, grito desgarrador. Él siguió, verga hinchándose, llenándome el culo de leche tibia, goteando fuera.

Caímos exhaustos, cuerpos enredados, respiraciones jadeantes calmándose. El video seguía rodando olvidado, moans lejanos. Marco me besó la frente, Luis mi hombro, manos acariciando suave post-sexo.

Neta, eso fue épico —dijo Luis, riendo bajito.

Me acurruqué entre ellos, pieles pegajosas enfriándose, olor a sexo persistente como promesa. El afterglow me envolvió, cálido y satisfecho. Mañana quizás más videos, más tríos. Pero esta noche, éramos nosotros los estrellas.

Sentí sus pulsos calmados contra mí, el ventilador zumbando suave, y sonreí. La vida real supera cualquier porno.

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