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Como Inyectar Bedoyecta Tri en Piel Deseante

7440 palabras

Como Inyectar Bedoyecta Tri en Piel Deseante

El sol de la tarde se colaba por las cortinas de mi departamento en Polanco seiscientos metros sobre el nivel del mar de la Ciudad de México. El aire olía a jazmín del jardín colgante y a ese perfume tuyo que siempre me enciende carnal. Tú chulo estabas recostado en la cama king size las sábanas de algodón egipcio revueltas como si ya hubiéramos empezado la fiesta. Yo acababa de llegar del hospital mis manos aún frescas del gel antibacterial pero mi cuerpo pedía a gritos un respiro un subidón que me quitara el cansancio de doce horas de guardia.

"Nena ¿por qué no te aplicas esa Bedoyecta Tri que traes en la cartera? Te veo mustia güey" dijiste con esa voz ronca que me eriza la piel mientras te estirabas mostrando el pecho moreno y marcado del gym. Sonreí mordiéndome el labio porque sabía que no era solo por mí. Tú también venías de tu entrenamiento el sudor seco aún pegado a tu nuca oliendo a hombre puro esfuerzo y testosterona.

Me quité la blusa blanca del trabajo dejando ver mi brasier de encaje negro que compré pensando en ti. "Va pues carnal pero esta vez tú me la inyectas. Te enseño como inyectar bedoyecta tri paso a paso y así nos ponemos pilas los dos". Tus ojos se iluminaron con picardía esa chispa que dice "esto va a estar bueno". Saqué el ampulete del frigo de la cocina el vidrio frío en mi palma y el líquido ámbar brillando bajo la luz LED.

"¿Y si duele pendejo? ¿Me vas a consolar con besos?" pensé mientras te veía tragar saliva. La idea de tus dedos temblorosos en mi nalga ya me humedecía.

Te expliqué el ritual como si fuera una ceremonia íntima. Primero lavarse las manos con jabón líquido el aroma cítrico llenando el baño. Luego romper el ampulete con un chasquido seco aspirar el líquido en la jeringa de dos mililitros el émbolo deslizándose suave como un amante. "Mira rey alcohol en algodón frota la piel en círculos amplios hasta que brille" dije mientras te ponía de rodillas frente a mí. Me bajé los leggings ajustados quedando en tanga roja la curva de mi trasero expuesta tensa bajo tu mirada hambrienta.

El algodón frío rozó mi nalga derecha un escalofrío eléctrico subió por mi espina. Oí tu respiración agitada olí tu excitación mezclada con el alcohol etílico punzante. "Ahora pellizca la piel haz un pliegue como si estuvieras amasando mi carne para ti" susurré mi voz ya ronca de anticipación. Sentí tus dedos fuertes apretando suave pero firme el calor de tu palma contra mi piel fresca.

"Como inyectar bedoyecta tri: inserción en cuarenta y cinco grados rápido y profundo sin titubear" recité como mantra. La aguja pinchó un ardor fugaz como un beso viperino luego el émbolo empujando el líquido viscoso inundando mis músculos con vitaminas B que prometían fuego. Un calor se extendió desde el glúteo bajando por mis muslos subiendo a mi vientre. Gemí no de dolor sino de placer puro la energía chispeando en mis venas como tequila reposado.

Tú soltaste la jeringa con manos temblorosas tus ojos fijos en la gotita de sangre que perlaba mi piel. "Jala el émbolo un poquito para ver si hay sangre no güey si sale roja la sacas" te corregí juguetona lamiéndome los labios. Pero ya no había vuelta atrás. Me volteé presionando mi cuerpo contra el tuyo sintiendo tu verga dura como fierro contra mi muslo. "Tu turno mi amor" dije besándote el cuello saboreando la sal de tu sudor.

Te bajé el bóxer elástico tu miembro saltando libre venoso palpitante oliendo a masculinidad cruda. Te puse boca abajo en la cama tus nalgas firmes de tanto squat invitándome. Preparé otra jeringa el proceso ya ritual nuestro: alcohol frío en tu piel morena círculos hipnóticos que te hicieron arquear la espalda. Mis tetas rozaron tu espalda el encaje raspando tus omóplatos mientras pellizcaba tu carne.

"Mierda qué rico se siente esto ¿será la adrenalina o solo él?" pensé mientras insertaba la aguja. Tu gruñido bajo vibró en mi clítoris.

El pinchazo fue perfecto el líquido fluyendo tu cuerpo absorbiéndolo con un jadeo profundo. Sacaste la jeringa la tiraste al piso y en segundos te volteaste atrapándome bajo tu peso. El calor de la Bedoyecta ya nos corría por las venas pulsos acelerados corazones retumbando como tambores de mariachi. Tus manos expertas ahora desabrocharon mi brasier liberando mis pechos pesados los pezones duros como piedras de obsidiana.

"Estás ardiendo nena" murmuraste chupando mi cuello lamiendo hasta mi oreja el aliento caliente enviando ondas de placer a mi coño empapado. Yo arañé tu espalda sintiendo los músculos contraerse bajo mis uñas el olor de nuestra piel mezclándose con el jazmín y el leve metálico de la sangre. Te monté a horcajadas tu verga rozando mi entrada húmeda resbaladiza de jugos.

La tensión creció como tormenta en el desierto bajío. Nos besamos feroz lenguas enredadas saboreando café de la mañana y deseo acumulado. Tus caderas subieron buscando penetrarme pero yo jugué retrasándome frotando mi clítoris hinchado contra tu glande baboso. "Más despacio cabrón siente como la Bedoyecta nos prende" rogué mis caderas girando en círculos lentos el roce eléctrico haciendo que mis paredes internas se contrajeran ansiosas.

Finalmente te hundiste en mí de un empellón profundo llenándome hasta el fondo un estiramiento glorioso que me arrancó un grito ahogado. El ritmo empezó lento golpeteos sensuales piel contra piel el slap húmedo resonando en la habitación. Oí tus gemidos guturales "¡Qué chingón!" mientras mis tetas rebotaban contra tu pecho. El calor de la inyección amplificaba todo cada nervio encendido pulsando en sincronía.

"Esto es mejor que cualquier Viagra pendejo tu verga latiendo dentro como un volcán" pensé arqueándome para que entraras más hondo.

Escalamos juntos mis uñas clavándose en tus hombros tu boca devorando mis pezones succionando con hambre el dolor placentero disparando chispas a mi útero. Cambiamos posiciones tú de rodillas detrás de mí el espejo del clóset reflejando tu rostro de éxtasis mis tetas colgando balanceándose con cada estocada brutal. El olor a sexo saturaba el aire almizcle sudor y fluidos íntimos. Mis paredes te apretaban ordeñándote el clímax acercándose como tren bala.

"Vente conmigo chulo" supliqué mi voz quebrada el orgasmo rompiéndome en olas convulsionando alrededor de tu verga. Tú rugiste profundo eyaculando chorros calientes pintando mis entrañas de placer compartido. Colapsamos sudorosos entrelazados el pulso de la Bedoyecta aún zumbando en nuestras venas.

En el afterglow nos quedamos así piel pegajosa respiraciones calmándose el sol ahora naranja tiñendo la habitación de oro líquido. Te besé la frente saboreando tu paz. "La próxima te inyecto en el muslo güey para variar" bromeé riendo suave. Tú me apretaste contra ti murmurando "Trato hecho nena pero enséñame otra vez como inyectar bedoyecta tri con ese toque tuyo que me vuelve loco".

El deseo no se apagó solo se transformó en promesa de más inyecciones más noches de fuego en nuestro nido de Polanco. La energía de las vitaminas se fundió con nuestro amor eterno pulsante como el corazón de México.

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