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La Lección Caliente del Pasado Participio de Try en Inglés

6379 palabras

La Lección Caliente del Pasado Participio de Try en Inglés

Llegué al departamento de Sofía en la Condesa con el corazón latiéndome a todo lo que daba. Era mi cuarta clase particular de inglés, pero esta vez traía un nudo en el estómago que no era solo por el examen de trabajo que se me venía. Sofía, mi maestra, era una morra de unos veintiocho pirulos, con curvas que te dejaban babeando y unos ojos verdes que parecían prometer pecados. El aire del elevador olía a su perfume favorito, una vainilla dulce que se me pegaba a la nariz cada vez que entraba a su casa.

—Pásale, Ale —me dijo con esa sonrisa pícara mientras abría la puerta. Llevaba un vestido negro ajustado que marcaba sus chichis perfectas y sus nalgas redondas. El departamento era chido, con muebles modernos, plantas por todos lados y una vista al Parque México que te hacía sentir en otro nivel. Nada de pendejadas, puro estilo.

Nos sentamos en la mesa del comedor, con los libros abiertos. Ella se inclinó un poco, y juro que sentí el calor de su piel rozando mi brazo. Empezamos con verbos irregulares, como siempre. Go-went-gone, repetí como loro. Pero entonces llegó el momento.

—¿Sabes cuál es el pasado participio de try en inglés? —preguntó ella, mirándome fijo, con los labios entreabiertos.

Tried —respondí, tratando de sonar seguro, aunque mi mente ya volaba a otro lado.

—Muy bien, has tried perfecto —dijo, y su voz bajó un tono, como si estuviera coqueteando con las palabras. Se acercó más, su rodilla tocó la mía bajo la mesa. El roce fue eléctrico, como una chispa que me subió por la pierna hasta la verga, que ya empezaba a despertar.

¡Órale, wey! ¿Esto es parte de la clase o qué pedo? Neta, esta morra me está provocando y ni disimula.

La tensión crecía con cada minuto. Hablamos de conjugaciones, pero yo no podía quitarle los ojos de las tetas, que subían y bajaban con su respiración. Ella lo notaba, porque se mordía el labio y se acomodaba el pelo, dejando que su cuello quedara expuesto. Olía a ella misma, a sudor ligero mezclado con esa vainilla, y mi boca se hacía agua imaginando su sabor.

De repente, soltó el libro y se paró. —Vamos a practicar conversación real, Ale. Cuéntame, ¿qué has tried últimamente que te haya gustado mucho?

Me quedé callado un segundo, el pulso retumbándome en las sienes. —He tried concentrarme en la clase... pero tú estás demasiado rica para eso.

Ella se rió, una carcajada ronca que me puso la piel chinita. —Good boy. ¿Quieres saber qué he tried yo? —Se acercó, sentándose en la mesa frente a mí, sus muslos abiertos apenas un poco. Puse mi mano en su rodilla, suave como terciopelo, y subí despacio. Ella no se movió, solo suspiró.

Nos besamos ahí mismo, con hambre. Sus labios eran carnosos, sabían a menta y deseo. Su lengua jugaba con la mía, explorando, mientras sus manos me jalaban el pelo. La levanté en brazos, sintiendo su peso perfecto contra mi pecho, sus chichis aplastadas. La llevé al sillón de la sala, donde cayeron cojines al suelo con un ruido sordo.

Le quité el vestido lento, disfrutando cada centímetro de piel que aparecía. Bronzeada, sin sostén, sus pezones rosados ya duros como piedritas. Los lamí, succioné, oyendo sus gemidos bajos, como música. —¡Ay, cabrón, qué rico! —gruñó ella, arqueando la espalda. Su olor a excitación llenaba el aire, almizclado y dulce, me volvía loco.

¡Puta madre, esta panocha va a ser mía! He tried ser serio toda la semana pensando en ella, y ahora...

Le bajé las calzas, mojadas ya, y metí la cara entre sus piernas. Su coño era perfecto, depilado, hinchado de ganas. Lamí despacio, saboreando su jugo salado y dulce, como miel caliente. Ella se retorcía, clavándome las uñas en la cabeza, jadeando yes, right there. Metí dos dedos, curvándolos, sintiendo cómo se contraía alrededor, chorreando.

—Quítate la ropa, pendejo —me ordenó con voz ronca. Me desnudé rápido, mi verga saltando libre, dura como piedra, goteando pre-semen. Ella se arrodilló, mirándome con ojos de fuego, y se la metió a la boca. ¡Chin!, el calor húmedo, su lengua girando en la cabeza, chupando fuerte. Gemí alto, agarrándole el pelo, follando su boca suave. El sonido era obsceno, succiones y saliva, su garganta apretándome.

La tiré al sillón boca arriba, abrí sus piernas anchas. Me acomodé, frotando mi verga contra su clítoris hinchado, lubricándola. —Cógeme ya, wey —suplicó ella, ojos cerrados. Empujé despacio, sintiendo cada centímetro de su calor apretado envolviéndome. Estábamos sudados, piel contra piel resbalosa, el sofá crujiendo bajo nosotros.

Empecé a bombear, lento al principio, sintiendo sus paredes pulsando. Sus tetas rebotaban, las chupaba mientras la taladraba más fuerte. —¡Más duro, pinche Ale! ¡Sí, así! —gritaba, sus uñas arañándome la espalda, dejando surcos ardientes. El cuarto olía a sexo puro, a sudor, a nosotros. Oía su coño chapoteando, mi verga entrando y saliendo, nuestros gemidos mezclados.

Suena como una puta sinfonía. He tried aguantar, pero ya voy a reventar.

Cambié de posición, la puse a cuatro, admirando su culo redondo. Le di nalgadas suaves, viendo la carne temblar rosada. Volví a entrar, profundo, agarrándole las caderas. Ella empujaba hacia atrás, cabalgándome, gritando fuck me harder. El clímax se acercaba, mis bolas apretadas, su coño ordeñándome.

—Me vengo, Sofi... —avisé, jadeando.

—¡Dentro, lléname! —ordenó. Exploté, chorros calientes llenándola, mientras ella se convulsionaba, su orgasmo apretándome como puño, gritando mi nombre. Colapsamos juntos, temblando, sudor pegándonos, respiraciones agitadas.

Nos quedamos así un rato, acariciándonos. Ella me besó el cuello, saboreando mi sal. —Esa fue la mejor lección de past participle, ¿no? —susurró riendo.

—Neta, wey. Ahora quiero más clases así. He tried todo por ti.

El sol se colaba por la ventana, tiñendo su piel de oro. Me sentía completo, con su cabeza en mi pecho, oyendo su corazón calmarse. Esto no era solo sexo; era conexión, deseo que había estado tried de ignorar. Mañana pediría otra clase. Órale.

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